EEUU podría atacar y transformar la revuelta en Irán en una crisis global
- Ignacio Montes de Oca
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Por Ignacio Montes de Oca
Trump prometió que la ayuda de EEUU a los manifestantes en Irán “está en camino” y pidió que no cesen las protestas. Mientras tanto la masacre se intensifica y ya habría 12.000 muertes. El conflicto interno amenaza con derramarse y convertirse en una crisis regional. Ese número puede crecer porque el gobierno prometió ejecutar a los 10.000 detenidos en todo el país. El fiscal general Mohammad Movahedi Azad advirtió que toda persona que participe en las protestas será considerada "enemigo de Dios", un delito castigado con la pena de muerte. Pese a las amenazas, las manifestaciones siguen estimuladas por la promesa de una intervención de los EEUU. En cada hora que pasa el número de apresados y de muertos crece por el uso de armas de guerra y el despliegue del ejército y la Guardia Revolucionaria Islámica.
Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y China se sumaron a Turquía, Alemania, Francia y el Reino Unido para pedir que se evite una escalada. Ese pedido se dirige a Trump y se origina en el temor de que un ataque desencadene una respuesta iraní que afecte a la economía global. La mayoría de los análisis coincide en que un agravamiento de la situación provocaría un salto inmediato de 5 a 10 dólares en el precio del petróleo y afectar la provisión global si salen de circulación los 3 millones de barriles diarios que produce Irán, principalmente para China. La reacción de las coronas petroleras fue cauta hasta ahora. Egipto, Jordania y Turquía tomaron la misma postura. Qatar, que advirtió que un ataque de EEUU tendría resultados catastróficos. Hay motivos que sustentan esa advertencia y no solo están en el precio global del petróleo.
Para atacar a Irán, EEUU tiene que utilizar sus bases en la región, como la de Al Udeid que está justamente en territorio catarí y la de Al Dhafra en los Emiratos Árabes Unidos. Jordania tiene bases de EEUU al igual que Turquía en Incirlik, pero ya avisaron que no quieren ser involucrados.

La razón es que Irán, aun con un conflicto interno, mantiene un arsenal de misiles y drones e incluso el número de proyectiles balísticos es mayor que el que tenían al iniciar la guerra de los 12 días que perdieron contra Israel. Nadie quiere ser arrastrado a una contienda con Irán. La renuencia de estos países puede explicar la tardanza en la respuesta de EEUU. Sin usar estas bases depende de los recursos de la 5° Flota en el Golfo Pérsico y ninguno de los 11 portaviones de la US Navy está en la zona. Puede que el USS Abraham Lincoln llegue pronto. No se trata solo de medios de ataque, porque como sucedió en el ataque contra las instalaciones nucleares iranies en junio del año pasado se pueden usar los bombarderos B-2 desde bases en EEUU, pero eso no garantiza un resultado optimo dado lo extenso de Irán.
Hay un problema práctico y es la gran cantidad de posibles blancos si el objetivo es terminar con el régimen. El programa nuclear fue atacado en tres sitios. Los centros de gobierno, mando, cuarteles, bases, fabricas e infraestructura que se necesitan atacar son cientos, sino miles. Además, tienen que extender estos ataques en una superficie de 1,64 millones de km2 sin contar con los golpes fortuitos contra las fuerzas del régimen que ya fueron desplegadas en al menos un centenar de ciudades. Esto implica que deben ir más allá de un ataque puntual. El sistema represivo y militar de Irán es extenso y, como se vio en la Guerra de los 12 Días, tienen un sistema de reemplazo de comandantes aceitado, lo que obligaría a una insistencia ofensiva intensa. Como se vio en Venezuela, descabezar no implica terminar con un gobierno.
Para mantener una campaña prolongada EEUU necesita de bases activas en la zona y de otros recursos para defenderlas en caso de una represalia iraní. Lo mismo vale para las actividades de inteligencia y comunicación. Esa limitación ya fue advertida por Irán en incidentes anteriores. Por eso Teherán ya avisó que cada país que colabore con EEUU será objetivo de sus misiles, tal como lo fue Qatar el 23 de junio pasado cuando la base de Al Udeid fue atacada con entre 6 y 9 misiles en represalia por los ataques del día anterior contra sus instalaciones nucleares.

Es importante entender que un ataque contra Irán no es un hecho aislado, se agrega a un escenario mucho más complejo y puede tener consecuencias complejas. Por ejemplo, iniciar un nuevo bloqueo de Irán a los buques que salen del Golfo Pérsico cargados de hidrocarburos. Irán también acumuló un arsenal de medios de ataque naval y puede jaquear el tránsito del 25% del petróleo y el 20% del gas que se comercia en el mundo. Teherán viene advirtiendo que será una consecuencia obligada y su parlamento aprobó el año pasado un bloqueo del paso. EEUU sabe que se le cierran las alternativas a una acción militar. El anuncio de un arancel del 25% para los países que comercien con Irán hecho por Trump causó revuelo mediático, pero al igual que el arancel prometido para los que hagan lo mismo con Venezuela es solo humo político. EEUU nunca le aplicó esa tarifa a China, que asimila el 80% del crudo venezolano, ni a Turquía que le compra materias primas y fertilizantes por U$S 364 millones, ni a Arabia Saudita por su intercambio comercial creciente con el chavismo. Nada indica que con Irán sea diferente. Turquía mantiene un comercio bilateral de U$S 11.000 millones con Irán y Trump es socio político de Erdogan en varios frentes, que incluyen el control de los conflictos en Siria, Gaza y Ucrania. Emiratos Árabes Unidos comercia con Irán aún más, al menos unos U$S 15.000 millones.
Es poco probable que Trump quiera sancionar a los emiratíes y poner en riesgo los U$S 200.000 millones de inversiones prometidos en mayo del año pasado que incluyen un compromiso de $14.5 mil millones de Etihad Airways para comprar 28 aviones Boeing 787 y 777X fabricados en EEUU. Incluso si lograra doblegar a estos países para que dejen de comerciar con Irán, le queda China, con quien pactó un arancel del 10% luego de una aparatosa guerra comercial. Pekin compra el 90% del crudo iraní, que representa el 14% de sus importaciones de crudo a nivel global. Con el cierre de la exportación desde Venezuela y la flota fantasma rusa sometida a mayores controles desde Occidente es poco factible que China renuncie a las compras a Irán e igual de improbable que Trump decida elevar al 35% las tarifas a China por causa de este conflicto.
Queda la posibilidad de ajustar las sanciones, pero todos los intercambios sancionables indican que esa vía ya está saturada. Los ataques cibernéticos o cualquier otro método de guerra híbrida no resuelven la urgencia ni detendrían la masacre en curso dentro de Irán. Se supo que el enviado de Trump para Rusia y Medio Oriente, Steve Witkoff, estuvo reunido con el Sha Reza Palhevi II. Este gesto respalda emocionalmente a una parte de la oposición en Irán, pero no implica un cambio inmediato para los que ahora están manifestándose en las calles. Con el apoyo al Sha se adivina una coordinación con Israel, que siempre apostó por la figura del heredero del ex monarca iraní. La duda es si esa cooperación se dará también a la hora de atacar al régimen. Netanyahu sabe que es su oportunidad para completar la tarea pendiente.

Israel acaba de ordenar el refuerzo de sus medios antiaéreos y esto sugiere que podrían estar preparándose para una nueva ola de ataques de misiles balísticos y drones desde Irán, lo que sería una consecuencia lógica de una ofensiva contra Irán en la que los israelíes tomen parte. Sumar a Israel aumenta las posibilidades de causarle más daños a los ayatolas y a su estructura de poder, aunque obliga también a EEUU a extremar los preparativos para defender además a sus aliados judíos de una represalia iraní que podría ser más fuerte que la anterior.
Esta vez no sabe si contará con la asistencia de los jordanos y los saudíes, que aportaron medios militares para detectar y derribar a los misiles y drones de Teherán. Las relaciones con los sunitas se deterioraron mucho desde el ataque de Israel a Qatar en septiembre de 2025. También creció la rivalidad entre Israel y Turquía. El portavoz del partido de Erdogan, Ömer Çelik, acusó a Israel de avivar las protestas en Irán y avisó que una “intervención extranjera conducirá a consecuencias mucho peores”. El mensaje iba dirigido también a Trump.
Para llegar a Irán, Israel suele tomar la ruta sobre Siria, convertida hoy en una regencia militar turca. El despliegue de radares en las bases turcas de T4, Palmyra y Menagh suponen un riesgo para los aviones israelíes y neutralizarlos podría generar una nueva y mayor crisis. No es el único temor turco. En el este de Irán, las milicias kurdas en las provincias de Kermanshah, Ilam y, Lorestán atacaron a las fuerzas iraníes y son uno de los focos más violentos de la ofensiva represiva ordenada por Teherán. El separatismo kurdo es otra cuestión. Erdogan sabe que la pérdida del control de las zonas kurdas por parte del gobierno iraní favorece al resto del Kurdistán. Aunque las siete organizaciones kurdas que llamaron a una huelga general como parte de las protestas no son separatistas, pero su beligerancia es un dato.
El Partido Democrático del Kurdistán de Irán, el Partido Komala, Partido por una Vida Libre en Kurdistán y el Partido de la Libertad del Kurdistán mantienen vínculos políticos y económicos solidos con agrupaciones similares en Siria, Turquía e Irak. Esas relaciones irritan a Ankara. Si Irán entra en descomposición, el Partido Democrático del Kurdistán podría aumentar su vínculo con el YPG/YPJ, el principal partido en Rojava, que es la zona autónoma kurda de Siria que Turquía quiere neutralizar mediante su sujeción al gobierno de Al Sharaa en Damasco.
Hay otro juego étnico en el sureste, en la provincia de Sistan y Baluchistán en donde se concentra la etnia baluchí. En esa región sí existe un movimiento separatista activo y un grupo armado, el Frente Popular Mobarizoun que reúne a las milicias independentistas de esa etnia. Aquí hay también un derrame transfronterizo porque el Mobarizoun tiene otros dos grupos separatistas, el Frente de Liberación Baluchí y el Ejército de Liberación Baluchí que actúan en espejo en Pakistán, en donde se encuentra la otra parte de la población del Baluchistán. En mayo de 2024 los beluchíes de Pakistán declararon su independencia durante el conflicto entre ese país y la India. Los pakistaníes acusan a los indios de estar detrás del separatismo en su regional baluchí. India es un socio cercano de Israel y las alianzas cruzadas se tensan.

Arabia Saudita es a su vez aliado cercano de Pakistán, con quien acaba de firmar un pacto de defensa mutua que incluye a las armas nucleares de Karachi y, por lo tanto, uno de los interesados en que la situación en Irán no se degrade hasta el punto de arrastrarla a otra crisis. Pero además el 2% de la población de Irán son árabes étnicos y mantienen un vínculo con Ryad. La defensa de esa comunidad es otro motivo para que los saudíes y otras coronas árabes puedan verse obligadas a hacer una intervención que no desean dentro del escenario interno iraní.
Los kurdos representan un 10% de la población de Irán y los árabes y beluchíes un 2% cada uno, no es una cantidad apreciable, pero su presencia se extiende sobre un 20% del territorio. Ese es el riesgo de un caos en las zonas kurdas y beluchíes y el apoyo externo a sus demandas.
Si la situación derrapa en más violencia, puede que también el 16% de azeríes del noroeste, ligados a Azerbaiyán y Turquía o el 2% de los Qashqai, relacionados con Turkmenistán, invoquen alguna clase de asistencia desde el exterior. El potencial de conflicto externo está latente.
Hay otro frente abierto por la aparición de “voluntarios” iraquíes”. Se trata de 800 miembros del Kata'ib Hezbollah, Harakat al-Nujaba, Kata'ib Sayyid al-Shuhada y la Organización Badr respaldadas por Irán. El gobierno iraquí se mantiene aparte, pero no controla a esos grupos. El Afganistán de los talibanes también espera sin tomar partido. Ese silencio tiene mucho que ver con la amenaza de deportación de 2,4 millones de refugiados en Irán, la mayoría de la etnia hazara, que en caso de caos podría convertirse en huida masiva y colapsar la economía afgana.

Si EEUU ataca, todos estos factores podrían acelerarse en mayor o menor medida y en tanto funcionan como trasfondo a una masacre que podría convertirse en un conflicto regional en cuestión de días. Si el ataque no se produce o es débil, de todos modos, esos factores están activos. Por la brutalidad de la respuesta queda claro que el régimen iraní va a exacerbar todas estas tensiones. Teherán es uno de los sitios principales de la masacre, pero también las regiones kurdas y beluchíes en donde los cuarteles del IRGC cayeron en manos de los manifestantes. También Lorestan, en donde habita la etnia lura, que abarca al 6% de la población y en Khuzestán, en donde los árabes ahwazis fueron reprimidos con enorme dureza. El potencial de disputa étnica contra la mayoría persa se agrava en la medida que aumenta el número de muertos.
Incluso sin un ataque externo, el gobierno de Teherán va acumulando tensiones que, sumadas a la incapacidad para resolver los problemas económicos y el malestar con el conservadurismo chiita, aumentan su necesidad de usar métodos extremos para contener el descontento general. Pero ese extremismo reproduce las condiciones que derrocaron al Sha y dieron lugar a la revolución de 1979 que los llevó al poder. En esa oportunidad, los kurdos, azeríes, árabes en Juzestán, baluchis, turcomanos y en menor medida los luros, apoyaron la caída del monarca. El ayatolá Jomeini diluyó las tensiones del mosaico iraní con el uso de la religión y un nacionalismo estimulado por el conflicto con Irak y Occidente que luego sumó a Israel. Ahora la religión es un motivo de alejamiento y los factores externos juegan a favor de los ayatolas.
Luego de las derrotas en Israel, Siria y Líbano el nacionalismo ya no es un instrumento válido para unificar a los iraníes. El costo de cada guerra y de sostener a los proxies y un programa nuclear costosísimo tiene relación directa con los padecimientos que iniciaron las protestas. Irán es un volcán que entró en erupción y así como quiso extender su influencia mediante la yihad, ahora el karma convirtió una crisis que los ayatolas quieren mantener como un asunto interno en una crisis regional y global en la que muchos pueden verse obligados a intervenir.
