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El conflicto en Medio Oriente y el riesgo de una hambruna: fertilizantes en la mira


Por Ignacio Montes de Oca


Vamos con otra alerta por la crisis de Medio Oriente: los fertilizantes. Qatar, Arabia Saudita, Emiratos, Bahréin y Kuwait aportan entre el 10 y el 15% mundial, pero exporta mucho fertilizante nitrogenado, esencial para el 50% de la comida producida en el mundo. El Estrecho de Ormuz es la puerta de salida del 30-33% del comercio global de ese tipo de fertilizantes, unos 16 millones de toneladas al año. Si Irán lo mantiene cerrado, los barcos quedan varados y el suministro se corta y genera una serie de efectos concatenados.

Arabia Saudita produce unos 20 millones de toneladas, Qatar entre 10 y 12, Oman de 2 a 3. Emiratos Árabes Unidos hasta 2 y Bahréin y Kuwait un millón de toneladas cada uno. El bajo costo energético explica esta oferta sumada de hasta 40 millones de urea nitrogenada. Además, el cierre hace subir el precio del petróleo y gas, usados para fabricar fertilizantes. Por eso, la urea subió 20-35% y podría seguir aumentando si la situación se prolonga. El aumento en el costo de la energía y su disponibilidad es la clave, vamos a explicarlo mejor.

Si hay algo que sobra en Medio Oriente es el gas. Es el insumo principal para el proceso de Haber Bosh que convierte nitrógeno del aire e hidrógeno obtenido del gas natural en amoníaco, y luego en urea. Antes se obtenía del guano, que es básicamente caca animal. También se obtenían del salitre y con el guano dieron lugar a varias guerras como la de las Islas Chincha de España contra Perú en 1865 y la del Pacifico entre Chile por un lado y Perú y Bolivia por el otro en 1879 o conflictos menores como los de Islas Howland, Jarvis, Midway y Navassa.

El fertilizante contribuyó a multiplicar la producción de alimentos. El límite a la disponibilidad de guano y salitre se resolvió al crear nitrogenados sintéticos gracias a los descubrimientos de Fritz Haber en 1909 y Carl Bosch en 1913. Volvamos entonces al gas. En el Golfo, el costo del BTU de gas está entre U$S 1 y U$S 3, y puede ser producido a una cuarta parte o a un tercio del valor, más barato que en los EEUU, donde el BTU cuesta de 3 a 6 dólares, o en Europa donde se paga de 8 a 15, o en India y China, donde el BTU cuesta de 6 a 12.



Esto explica por qué si falta el fertilizante en Medio Oriente, sube el precio en el resto del mundo. Si el gas es el insumo principal para hacer nitrogenados, entonces el cierre de la exportación del 20% de ese insumo por el Estrecho de Ormuz impacta en otros productores. EEUU tiene principalmente gas y petróleo shale. Es energía barata pero no produce suficiente cantidad de fertilizantes y debe importar. Paga U$S 140 más por tonelada desde que se inició la crisis. Y la suba ocurre en el momento clave en el que se inicia la campaña de primavera.

Brasil es el gran comprador global de fertilizantes con 7,7 millones de toneladas, el 35% de Medio Oriente. Su producción cubre el 12% de sus necesidades. Argentina produce 1,7 millones de toneladas, el 68% nitrogenados. Importa el 56% de su demanda, del 35 al 63% viene del Golfo.

Algunas siembras como la de maíz necesitan más nitrogenados. La fertilidad de cada región varía y con ello el consumo de fertilizantes. China es otro gran productor de fertilizantes, pero lo consume en sus cosechas, por lo tanto no puede salir a remediar el faltante en otros países. En otras zonas productoras el impacto es doble. En Europa el precio del gas subió entre un 45 y un 70%, encareciendo la producción de fertilizantes. Pero además los productores tuvieron que hacerle frente al aumento del 20 al 30% en la urea. El impacto es diferente en cada zona. En Brasil, por ejemplo, la incertidumbre está paralizando el cierre de operaciones de exportación. Por ahora hay subas moderadas en los alimentos: el índice global de la FAO indica un aumento del 0.9%. En trigo es del 1,8%, en aceites vegetales del 3,3% y en cereales del 1,1%. Pero los aumentos en los fertilizantes pueden tardar en sentirse con fuerza; se aplican durante la siembra de primavera 2026 en el hemisferio norte, pero impactan en los rendimientos en la cosecha del verano/otoño y se trasladan a precios de alimentos con un retraso de 6 a 9 meses.

Luego tenemos que medir costos asociados: el combustible en la cosechadora o el camión que transporta la producción, cómo se modifica el precio del grano, el valor de la energía de la molienda, la inflación que sube el costo del crédito y el margen de ganancia del productor.

Si el resultado es que los agricultores usan menos fertilizante y cosechan menos, se genera un aumento de precios de comida y aumenta el riesgo de escasez y hambruna en lugares vulnerables, pero en un escenario aún peor que el que siguió a la invasión rusa a Ucrania en 2022. Sudan importa un 54% de sus fertilizantes desde el Golfo, Somalia y Pakistán el 30%, Tanzania en un 31%, Etiopía en un 26%, Nigeria y Mozambique tienen alta dependencia y en India 2/3 de los nitrogenados importados provienen de Medio Oriente. Suman 2.057 millones de personas.



Sudan tiene 26 millones de habitantes en situación de emergencia alimentaria y ya generó 5 millones de refugiados en otros países, Etiopía otros 22 millones en inseguridad alimentaria y Mozambique y Tanzania repiten el escenario y todos ellos expulsan población a otros países. Vale decir que esa expulsión de población puede terminar en los países de mayor ingreso, con las consecuencias evidentes en las tensiones políticas que genera desde hace tiempo la migración. De allí a que pueda fertilizar discursos y posiciones extremas hay un paso. Ese es el aspecto más dramático, al que se le debe agregar un mayor costo en las zonas productoras más robustas como China, India, Indonesia, México, Argentina, Brasil, EEUU y Europa en donde junto a la caída de rendimientos puede estimular cosechas menores en el futuro. Si los agricultores usan menos fertilizante, cae la cosecha global, por ende, suben precios de comida y de allí vamos directo al riesgo de escasez y hambrunas en lugares vulnerables, algo similar a lo que pasó con la guerra en Ucrania en 2022, pero peor por la crisis de energía.

En esa ocasión los fertilizantes subieron un 30% y la urea duplicó su valor a U$S800 la tonelada. Junto al bloqueo en la exportación de cosechas generó un aumento del 14% en el índice global de precios de alimentos de la FAO. Esa es la perspectiva pesimista de esta crisis. En esa invasión se afectó el comercio de los nutrientes de una zona determinada de Ucrania y Rusia y una parte menor de los fertilizantes a escala global. En la crisis actual, a esa circunstancia se le agrega otra que afecta a la productividad del resto de las cuencas agrarias.



Se estima que, si los fertilizantes suben 20 al 30% como en la crisis actual, los rendimientos pueden caer entre un 20 y un 50% en cultivos nitrogenados. O que un aumento del U$S 100 en la tonelada de urea podría elevar el costo de producción en ciertas áreas y un 10 al 20% el precio. Hay otro factor a tener en cuenta. Rusia produce hasta el 20% de los fertilizantes del mundo y Bielorrusia un 20% del suministro global de potasa. Pero al estar sometidas a sanciones y expulsadas del SWIFT su aporte es menor a la hora de solucionar el problema de la demanda.

Además, la potasa no reemplaza a los nitrogenados, es un complemento para la agricultura. Estos productos no están alcanzados por las restricciones y aun así, por cuestiones políticas y prácticas, perdieron participación en el mercado y su impacto es mínimo en el escenario global.

Tampoco debe confundirse con fertilizantes a base de fosfatos, que tienen una utilidad diferente. Los fertilizantes en base a urea, amoniaco y nitrato del Golfo son irreemplazables a corto plazo y esta alerta abarca a más de la mitad de los alimentos que se generan en el planeta.



Las exportaciones frenadas por país de Medio Oriente en millones de toneladas: Qatar, 3,5 millones; Irán, 4,6 millones, Arabia Saudita, 3,6 millones; Emiratos Árabes Unidos 1,9 millones; Omán, 1,8 millones y el 29% restante repartidos en otros países productores de la zona. En resumen, no es cuánto fertilizante produce Medio Oriente, sino quién controla la ruta clave de su exportación y saber que cuando se bloquea el efecto se siente en todo el planeta. Si no se arregla pronto puede conducir a alimentos más caros y a una crisis alimentaria grave. Por eso se insiste en que la duración de la guerra puede tener un impacto mayor que el que se piensa al considerar solo el precio del barril o el m3 de gas. Un conflicto que parece lejano y hasta exótico para muchos, tiene efectos impensados en la vida cotidiana en todo el mundo.



PS: este resumen es una presentación didáctica para explicarle al público general cómo impacta una crisis en su vida diaria. Las fuentes divergen en porcentajes y se ponderaron para facilitar la comprensión. También se evitaron tecnicismos. Toda observación cae en terreno fértil.

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