El modelo virreinal en Venezuela cruje entre amagues y avaricias
- Ignacio Montes de Oca
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Por Ignacio Montes de Oca
El modelo de gobierno remoto de Donald Trump para Venezuela es un fracaso para los venezolanos. Volvió la represión en la calle y sigue la pobreza, la inflación y la ausencia de inversiones. La dictadura se sigue afianzando y el futuro se ve negro, pero no es por el petróleo. Tras meses de relativa calma tras la salida de Nicolás Maduro, las protestas volvieron a las calles de Caracas y otras ciudades. El 9 de abril de 2026, miles de trabajadores, jubilados y estudiantes y marcharon hacia Miraflores exigiendo salarios dignos y pensiones justas. La policía bloqueó el paso con gases lacrimógenos y detenciones, lo que generó imágenes de represión que rápidamente se viralizaron. Hay motivos para tanto enojo. El salario mínimo sigue congelado en 130 bolívares mensuales, equivalentes a menos de 30 centavos de dólar.
La devaluación del bolívar superó el 50 % en el primer trimestre de 2026, y la inflación acumulada ya ronda el 70 % en los primeros tres meses del año. El poder adquisitivo se derrumbó: una familia necesita cientos de salarios mínimos solo para cubrir la canasta básica. La inflación se disparó al 617% anual y todo obedece a un factor: faltan dólares. Esto es una anomalía porque Venezuela es un país petrolero y con el aumento del precio del barril por la crisis en Medio Oriente la dictadura debería estar recibiendo un tsunami de dólares. El barril estaba U$S 65 y ahora U$S 100. Ese 35% de diferencia significan U$S 35 millones más por día con una producción de un millón de barriles diarios. O U$S 12.775 millones extra por año, descontando el costo de producción por barril de U$S 18, que con extras quedan en U$S 45/60.
Ese 35% adicional es sobre lo que el estado venezolano venía cobrando y que le permitía sostener gran parte del presupuesto anual de U$S 20.000 millones. ¿Por qué faltan dólares entonces? La respuesta está en el esquema que diseñó Trump para administrar a Venezuela. Luego de mudar a Maduro de Miraflores a Mirabarrotes, Trump ordenó que las ventas de petróleo venezolano sean realizadas a través de EEUU y comercializadas por los traders Vitol y Transfigura. Las ganancias van directo a una cuenta del Tesoro a la que solo accede la Casa Blanca.
En el primer trimestre de 2026 Venezuela exportó 3 millones de barriles de petróleo. Los dos primeros meses a U$S 65 y en marzo a U$S 100. Son cifras simplificadas y consideran el fin del descuento de US$ 15/20 que hacia China por barril para pagar la deuda de U$S 60.000 millones. Luego hay que contar el “presente” que le hizo Delcy a Trump de un millón de barriles en enero y que provenía de los stocks acumulados. No la vamos a complicar mucho. Entre ese regalo y los tres millones de producción hay cerca de U$S 3.300 millones de dividendos a repartir.

Con el barril a 65 dólares, Venezuela generaba 1.950 millones mensuales considerando ventas, impuestos sobre la producción, royalties, aportes a la ciencia, el deporte, la lucha contra las drogas o un tributo extraordinario si el precio del barril tenía un aumento abrupto. PDVSA manejaba monopólicamente la producción y se aseguraba que el estado cobrara la parte mayoritaria del negocio. Esto se acabó con la nueva Ley de Hidrocarburos que los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez se apuraron para aprobar por pedido de la Casa Blanca. El tributo pasó al 30% o menos, porque se comenzaron a aplicar estímulos a las inversiones que rebajan ese tributo hasta el 15%. Y ya no es necesario que PDVSA sea socio., por lo que hay una segunda fuente de desfinanciamiento del estado venezolano y un traslado a los EEUU.
Eso significa que en enero y febrero Trump se quedó con casi 4.000 millones de dólares limpios, porque el crudo que se vendió en esos meses quedó bajo control estadounidense. Esto sin contar las utilidades que le dejaron las ventas de ese millón de barriles enviados por Delcy. Con tanto dinero se esperaba que Trump fuera generoso. Pero no, en el primer trimestre le envió a Delcy solo U$S 500 millones. Tampoco lo giró libremente: 300 millones entraron a través de subastas de divisas y 200 millones fueron destinados a pagar salarios y gastos esenciales. Así se entiende mejor la falta de dólares que generó el derrumbe del Bolivar y el déficit del 6% del PBI. La inflación se explica además porque el Socialismo del Siglo XXI destrozó la producción local y Venezuela debe importar el 60% de los alimentos, el 20 % de los medicamentos. Esos productos deben pagarse en dólares y por lo tanto su precio se multiplica el llegar al mercado. Pensemos un momento: 500 millones en un trimestre en donde antes entraban casi seis mil millones. Esto explica a su vez por qué no hay margen para invertir en la infraestructura.
El chavismo también destruyó el sistema energético. Desde 2021 a hoy la producción eléctrica se mantuvo en los 34.000 MW, pero la red se volvió obsoleta. El resultado son apagones diarios que pueden durar más de 8 horas y que suman al descontento por un cambio que no cambió nada.

Es improbable que a la inversión extranjera le atraiga un país con salarios mínimos de 30 centavos de dólar, con salarios promedio de 280 dólares en el sector privado y de entre 60 y 160 dólares en el público, que además son devorados a diario por una inflación que se descontrola.
Hay un ingreso que sigue intacto y es el producto de la economía delictiva que Delcy y Diosdado Cabello no han tocado: son los U$S 8.200 millones anuales de tráfico de cocaína y lo que generan todo el resto de las ilegalidades. O al menos no hay noticias de su desmantelamiento. De un día para el otro el Cartel de los Soles que originó la captura de Maduro se extinguió y Delcy dejó de ser un actor central del entramado criminal chavista. El Tren de Aragua pasó a ser el Metro de Aragua porque nadie lo volvió a ver. Aquí empieza la otra parte del problema.
La inversión privada que no llegaba por la presencia del chavismo sigue sin llegar… por la presencia del chavismo. Vamos al caso de las empresas petroleras, que son el corazón de la economía venezolana. Ese sector necesita al menos U$S 100.000 millones para recuperarse. Esa es la cantidad de inversión directa y urgente para aumentar la producción a los valores pre chavistas de 3,5 mbd. Es la única forma de aumentar ingresos que permitan recuperar tanto la infraestructura como la producción, el nivel salarial promedio y estabilizar las finanzas.
Se necesitan ya mismo U$S 100.000 millones, pero desde que está a cargo la dictadora interina apadrinada por Trump, la cantidad de inversiones en el sistema petrolero de Venezuela sumo U$S 1.400 millones. Y gran parte son reinversiones de utilidades de Chevron y Repsol. Ninguna de las grandes petroleras quiere ir a Venezuela y entonces aumentar la producción es una fantasía del mismo nivel que la que dice que Trump dominará el mercado mundial porque controla la mayor reserva de crudo del mundo. Hoy Venezuela produce el 1% del total global. Ayuda además que Trump tenga un manejo opaco de los fondos del crudo venezolano y no pague, por ejemplo, la deuda pendiente a favor de Conoco – Phillips por U$S 16.000 millones por fallos judiciales o que no libere fondos para la deuda externa venezolana de U$S 160.000 millones.
El problema esencial es que el modelo del virreinato venezolano se basa en un único hecho positivo para justificar todo el resto de las decisiones polémicas: sacar a Maduro del poder es suficiente para que todo el resto de ordene de manera mágica y no haya margen para la crítica. Sin embargo, a las petroleras las diversiones políticas le importan 500 hectáreas de falos. No quieren poner su dinero en un sistema político que no cambió en sus aspectos fundamentales y que entronizó a la segunda de Maduro para que el escenario de negocios sea el mismo o peor.
Delcy no solo era la vice designada por Maduro -en Venezuela el que gana las elecciones elije luego a su segunda -, sino que además fue la arquitecta del despojo de PDVSA y la jefa del SEBIN mientras Diosdado Cabello les ordenaba capturar, secuestrar y matar a miles de ciudadanos. Delcy sigue al frente apoyada por Trump que además la llama públicamente “presidenta electa” con lo que legitima el fraude de julio de 2024. Ese mensaje es definitivo para los ejecutivos petroleros y de otros rubros que podrían invertir en Venezuela: la ilegalidad está al mando.

El juego de simulaciones es claro: se anunció la salida de Padrino López del ministerio de defensa, pero en su lugar asumió el general Gustavo Enrique González López, el exjefe operativo del SEBIN y responsable de miles de arrestos, casos de torturas y desapariciones. Al frente del ejército pusieron al general Rubén Darío Belzares Escobar, otro ex SEBIN y experto en destrozar opositores. La frutilla del postre fue el regreso de Padrino al gabinete como ministro de Agricultura Productiva. El chavismo cosecha más poder a la sombra de Trump.
Hay otros datos que asustan a cualquier inversor y refuerzan la idea de que sacaron a Maduro para rejuvenecer a la dictadura. Vamos a las cifras: en los días posteriores a la entronización de la dictadora a cargo se anunció la liberación de los presos políticos. Salieron 679, quedan 477. No es solo una estadística; el convertir al Helicoide en un museo no cambia el hecho de que el sistema represivo está intacto y que los que fueron liberados no gozan de libertad porque se les restringe la libertad para hacer declaraciones públicas o participar en actividades políticas.
Jorge Rodríguez se apuró a haber aprobar en la Asamblea una supuesta ley de Amnistía en la que participaron chavistas del calibre de Nicolás Maduro Guerrero, el hijo del ahora habitante de un monoambiente en Brooklin. En la práctica, la amnistía fue otro simulacro para la tribuna.
La demostración de la impostura está en el hecho de que la líder opositora, María Corina Machado, no puede regresar a Venezuela porque apenas pise su suelo sería detenida. En consecuencia, cualquier alternancia en el poder por ahora está obturada hasta nuevo aviso.
Según el artículo 234 de la Constitución, la dictadora interina puede estar como máximo hasta el 4 de julio de 2026 como okupa de Miraflores. Ese día se activa el artículo 233 que obliga a elecciones en 30 días. Su límite es el 4 de agosto y aun no hay novedades electorales. En el Juego de la Oca Política de Rubio Venezuela tiene que recorrer tres casilleros para llegar a las elecciones. El primer casillero es la estabilización, el segundo el crecimiento y el tercero la transición. Pueden superponerse, pero nunca avanzar sin que el paso anterior esté consolidado. Pero con la situación económica que se sigue deteriorando y que se explica justamente porque el jefe rubio de Rubio, que no es rubio, se niega a mandar a Venezuela más que unos mendrugos de la principal exportación venezolana. Y con ello aporta a la inestabilidad social.
Sin estabilidad social el paso 2 se aleja y se hace necesario aceitar el aparato represivo para estabilizar a palazos a los descontentos que no tienen otra forma de canalizar su enojo que saliendo a las calles, porque el liderazgo opositor está vedado por el jefe de todos los jefes. Ese descontento tiene todo que ver con la ausencia de inversiones públicas por el amarrete en la cima y porque los privados no van a invertir con los mismos delincuentes en el poder. Y sin ese aporte no hay crecimiento y por lo tanto el paso 3, que sería la solución al 2, se aleja.

Sin un modelo viable para Venezuela, se la condena a quedarse eternamente en el paso 1. Con las intermedias de EEUU a la vista, una derrota de Trump lo dejaría sin instrumentos para amenazar con otra extracción y el paso 3 sería tan factible como un brote democrático de Delcy. Es un circuito demencial: sin transición no hay aumento de la producción y es Trump el que pierde de ganar el triple en el negocio virreinal. Pero insiste que tiene a Delcy y sus amigos en 4 mientras niega el paso 3 porque aún no se llega al 2 y aun así se cree el número uno.
Por donde se aborde el problema, si no hay un avance a la democracia no hay modo de resolver el problema y eso es lo que le explicó María Corina Machado al dejarle como recordatorio la medalla del Nobel de la Paz, que se ganó por comprender mejor que él al panorama venezolano. Pero Trump insiste en despreciarla y teniendo el poder de ordenar leyes a su medida en Venezuela, se niega a ordenarle a su dictadorcita que deje que Machado -o el presidente legítimo Edmundo González - regresen a Venezuela sin ser enviados a un Helicoide alternativo.
Ese regreso debilitaría a Delcy & Delincuentes porque aceleraría la llegada del paso 3 al aumentar la disposición de los capitales inversores para ir a Venezuela y en consecuencia permitiría avanzar en el paso 2. Pero Trump no quiere restarle poder a su dictadora de bolsillo.
El resultado es que, otra vez, volvemos al paso 1 y es precisamente porque el dúo Trump y Delcy son el principal factor de inestabilidad al perpetuar un modelo que va en contra de una recuperación económica. La única ventaja que tiene es que garantiza los flujos de crudo a EEUU. Visto de este modo tiene sentido que en las últimas manifestaciones en Venezuela se haya oído el pedido para el regreso de Machado, que sigue siendo la figura central de la oposición y su pedido público por elecciones, que aparece como el primer desafío público a Trump. Este cambio en la postura de Machado tiene que ver con la evidencia de que Delcy está jugando a un resultado contrario a Trump en las elecciones de medio término y que esa circunstancia la libere de la simulación de una sujeción irrestricta. Con Trump debilitado, se lleva todo el poder.
El aporte de Venezuela a los 6 a 7 millones de barriles diarios que importa EEUU es el 4 al 6%, apenas 350.000 bdp. Volver a poner una flota frente a Venezuela si el chavismo vuelve a plantarse en rebeldía no parece valer la pena luego del resultado que tuvo la aventura iraní. O puede que sí, pero con las bases de MAGA encolerizadas por el gasto que implica una aventura militar y el Congreso dominado por los demócratas en una o las dos cámaras, ya no se hace tan probable una operación militar como la que se necesita para erradicar al chavismo. Más aún porque en Venezuela se dio un resultado análogo al de Irán. Decapitar no implica un cambio de régimen y el sistema de poder con varias cabezas implica que el tiempo corre a favor de la Hidra. Y puede haber extracciones, pero sin botas en el terreno siempre hay un recambio.
Esto es lo que plantearon Machado y el resto de la oposición al acercarse a Trump y es que el juego de controlar a una dictadora doméstica puede resultar atractivo para alardear sadomasoquismo político y fortuna en las redes, pero a la larga no resulta en un cambio real. Es el mismo diagnostico que hacen los inversores. Venezuela en manos de una pandilla no es atractiva a largo plazo, por más que la dictadora a cargo sea ungida con la bendición de un mesías que, en cualquier caso, tiene fecha de vencimiento y no puede resucitar como el verdadero.

Entonces, las manifestaciones expresan un problema de fondo que no fue resuelto y no puede ser solucionado porque la raíz está en la presencia del mismo modelo político tóxico que espera que Trump pierda algo de poder para volver a expresar con nuevo esplendor su autoritarismo. El enojo es real y todo apunta a un empeoramiento de la vida cotidiana en Venezuela porque el modelo cortoplacista que plantea Trump tiene fallas de origen. Debe elegir si da una fecha de elecciones y permite la entrada de la oposición al juego o sigue como hasta ahora. Puede alegarse que un trimestre es poco tiempo para ver resultados y ese es un argumento falaz. Si hubo urgencia para aprobar leyes de hidrocarburos o de amnistías debiera haberse tenido para avanzar en desmontar las leyes represivas o las electorales con igual entusiasmo. Hubo tiempo para organizar un calendario nítido de elecciones, para desmontar las reglas que impiden la actividad política opositora y para remover al Tribunal Electoral. El ideal es haber organizado elecciones, pero si no se pudo al menos se debería tener una certeza de los plazos.
Desactivemos otro argumento tonto: si Trump está al mando es él quién decide que no haya democracia hasta nuevo aviso. Si es el que decide, entonces la permanencia del chavismo, de Diosdado y el nombramiento de los generales represores y el regreso de Padrino son también su obra. Y si el chavismo reforzó la línea represiva fue alentado por la certeza de que Trump tiene controlada la capacidad de Machado para convocar a movilizaciones que canalicen el descontento creciente. Ahora la líder opositora empieza a mostrar signos de estar cansada del bozal político. Es además una postura defensiva porque el descontento en Venezuela necesita ser representado. Las mismas condiciones que hicieron surgir a Machado pueden generar liderazgos alternativos. Cuanto peor se viva en Venezuela, más apuro habrá para organizar una oposición eficiente.
Del lado de Trump hay un cálculo. Un líder democrático, aun avalado por él, no aceptaría un trato tan draconiano con los recursos principales del país. Su base electoral no lo toleraría. En ese caso tiene sentido mantener lejos de Venezuela a Machado y seguir apoyando a Delcy. El chavismo entendió que debe dejar el manejo temporal del petróleo a EEUU y esperar un cambio del escenario para negociar condiciones más favorables. Esa espera entre amagues de sujeción y masajes al ego político de Trump es la misma fórmula rusa que aplican otros líderes. El chavismo convertido en el Capitalismo del Siglo XXY sigue en el poder, a la espera de su momento para recuperar el mando. Solo debe sostener un modelo temporario que funciona en base a entregar petróleo y aguantar mientras en la calle la miseria y la frustración se extienden.
Las cosas marchan muy mal en Venezuela y la salida de Maduro ya no alcanza. Trump debe elegir ahora su siguiente paso con cuidado. Si opta por seguir apoyando a su dictadora corre el riesgo de que en el futuro el mastín chavista se le rebele en noviembre si se apaga su estrella. Sin poder de amenaza no hay mucho que pueda hacer para que el chavismo vuelva a sus viejos amores chinos, rusos e iraníes. Eventualmente, lo hará porque le traería más beneficios que seguir recibiendo las migajas de la venta del crudo. Sus bases recibieron ese mensaje de espera. Si Trump no apoya a la oposición y sigue esquivando una fecha de elección, puede matar cualquier brote democrático. Sin democracia, no habrá estabilidad y, por ende, no llegarán las inversiones. Hacia donde se dirija la mirada, el actual modelo tiene fallas irrecuperables. Mientras tanto sus seguidores dentro y fuera de Venezuela siguen tejiendo y destejiendo como Penélope a la espera de que su héroe les regrese la libertad. El problema de la libertad importada es que se paga en dólares y eso es justamente lo que Trump les retacea desde el 3 de enero.



