El peor pecado en Medio Oriente es festejar antes de tiempo
- Ignacio Montes de Oca
- hace 1 día
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Por Ignacio Montes de Oca
La situación del cruce por Ormuz es un poco confusa, pero vamos a intentar simplificarla. En los días posteriores al anuncio del Memorándum de Entendimiento hubo un pico de cruces con unos 70 millones de barriles volcados al mercado, con Irán como uno de los mayores exportadores de crudo con 36 millones. Y, al mismo tiempo, se registra el ingreso de buques petroleros y gasíferos vacíos. Esto es un indicio de la disposición de los países del área para normalizar el tráfico. Sin embargo, hay que colocar la cuestión en contexto. Por ejemplo, los 36 cruces del 23 de junio están lejos de la media de los 130 de preguerra. Es por eso que en esa misma jornada el barril de Brent paso de U$S 78 a U$S 76.
La sobreoferta repentina no tiene que ver solo con Ormuz; también con el levantamiento de las sanciones a Irán que volcó al mercado su reserva flotante de 34 millones de barriles. Hay una caída constante, pero es lenta y aun no vuelve a la normalidad porque persiste la desconfianza. Hay motivos porque EEUU e Irán describen universos totalmente contradictorios sobre lo que va a suceder en estos 60 días de margen que da el Memorándum, y que son el motivo del reinicio de las exportaciones. Hablamos de cuestiones como el destino del plan nuclear iraní, el monto y uso del dinero que recibirá Irán de los fondos embargados o de un fondo de reconstrucción de U$S 300.000 millones y, lo más importante, hasta qué punto EEUU seguirá aceptando que el conflicto en Ormuz y el del Líbano son parte del mismo trato. Esto es un problema porque Netanyahu dijo que no va a renunciar ni a su objetivo de acabar con la amenaza de Hezbollah, que no va a dejar el Líbano y que conserva la prerrogativa de hacer lo que sea necesario para evitar que los iraníes tengan un arsenal nuclear.

En poco ayuda al mensaje de pacificación los datos de la realidad. Con el levantamiento temporal de las sanciones en su contra, Irán estaría consiguiendo los fondos para rearmarse y contener el descontento interno. Las ventas de crudo post Memorándum le significaron ingresos por U$S 10.000 millones. Es bastante considerando los U$S 60.000 millones por el mismo concepto en todo el año pasado. Y el resto del descontento interno lo manejan con las ejecuciones públicas que se aceleraron. No parece ser un estado al borde del knock out y los israelíes ven esa resiliencia asistida por Washington como una traición y un riesgo renovado.
Solo el factor Israel hace que en las actuales condiciones el Memorándum sea solo una estrategia para ganar tiempo por parte de Irán y construir poder, y un medio para que Trump pueda salirse de la guerra. Pero a su vez transfiere tensiones a Israel, que aceptó por presión de la Casa Blanca otra tregua en El Líbano que se rompió antes de que fuese anunciada.
El voto del Congreso de 50 a 48 en contra de Trump en la aplicación de los Poderes de Guerra con ayuda de 4 republicanos rebeldes, debilita la posición negociadora de Trump y esto es un problema adicional porque Irán sabe cómo influye ese revés en las amenazas que hace. Y que, además, con el Congreso en contra no le será fácil conseguir los U$S 80.000 millones extra que pide el Pentágono para seguir adelante con sus operaciones en Medio Oriente.

Empujado a reaccionar por evitar que se escurra su capital político, Trump puede sentirse obligado a pegar otro de sus legendarios cambios de opinión y volverse el principal detractor del documento que firmó en Versalles. Puede culpar a Vance por lo pactado. Al enviarlo a Suiza creó ese fusible. Acto seguido, el conflicto regresará a la fase militar. El problema es una y otra vez la inestabilidad de la situación y los actores. Todo parece pegado con la misma saliva que gastan los políticos de todos los bandos anunciando desde hace cuatro meses soluciones precarias. Esto es algo que los mercados temen por otro dato que es inquietante.
En el apuro de Trump por lograr una salida rápida pesa el agotamiento de las existencias de la Reserva Estratégica de petróleo que esta semana llegó a los 331 millones de barriles. Es el piso más bajo desde 1983 y ese es un problema porque, entre otras cosas, sirve para contener el alza de la gasolina en el mercado local. Trump sabe que si quiere bajar el precio del barril a U$S 50 en tiempo electoral, tal como lo viene prometiendo, debe recuperar esa reserva mientras el resto del mundo puja por la oferta que regresa en Medio Oriente. Y todo el G7 debe rellenar sus depósitos tras la entrega de 400 millones de barriles en marzo en un momento en que también hay una carrera para cubrir los faltantes en los mercados tras cuatro meses de sequía. Ayuda que China redujera sus importaciones y mantuviera casi intacta su reserva de 1,2 billones de barriles, pero también le da una ventaja a Xi Jinping en su competencia con Trump. India y Europa también necesitan recuperar terreno y eso atenta contra el deseo de Trump de pararse en una sobreoferta para seguir bajando el precio.
Los iraníes olieron esa otra debilidad y acaban de avisar que el paso por Ormuz está restringido a los buques que poseen permisos previos y que hará un listado selectivo de los buques autorizados en adelante. Eso es ejercicio de control y un desafío abierto a la Casa Blanca y los palacios de los reinos petroleros.
Teherán amenaza con volver a los incidentes y pese al revés militar frente a EEUU e Israel intenta construir una regencia regional con los escombros de su derrota. Exhibió esa intención al presentar junto a Oman un plan para cobrar a los buques que cruzan por los servicios en Ormuz. Es otro desafío que arrastra a los omaníes pese a las amenazas de Trump y mete otra cuña entre las naciones el Golfo.

Es una forma de cobrar peaje sin llamarlo como tal. Quiere imitar a Turquía en el Bósforo y el peligro es que otros pasos como el del Malaca o Bab el Mandeb sean influidos si resulta que Teherán se sale con la suya. O que China exija un trato similar en el mar que reclama en su frontera meridional. Irán está abriendo una caja de Pandora carísima para el comercio global y una posible fuente de nuevos conflictos en el futuro. EEUU advirtió que no permitirá que los iranies tarifen el paso por Ormuz y el resto de los países del Golfo también se opusieron. Incluso Meloni transmitió el rechazo europeo. Pero ninguno de ellos tiene otra alternativa que regresar a la escalada para que esa protesta no se quede en una declaración.
Las aseguradoras y navieras aún siguen reflejando temor y escepticismo en las tarifas altas y los permisos a cuentagotas para la zona de Ormuz. Todas las especulaciones acaban en las primas de riesgo y las órdenes para levar anclas.
Aunque el deseo de paz es generalizado en pueblos, gobiernos y mercados, aún hay que resolver demasiados problemas. Y tanto EEUU como Irán e Israel tienen intereses demasiado opuestos como para garantizar un marco mínimo para un acuerdo de paz estable.
Ormuz es la clave para entender el dilema económico. El Líbano el indicio para comprender el juego regional entre Israel e Irán que sigue su curso. Las concesiones de Trump a Irán y su desapego, circunstancial o no, con Netanyahu, la pista que falta para comprender que nada está terminado hasta que está efectivamente solucionado.
Entre las señales que llegan de Ormuz, el Líbano y las cifras de oferta y demanda, es lógica la cautela del mercado.
Hay fotos optimistas, pero también una mirada de desconfianza por la fragilidad y la volatilidad de la situación. El que sepa que sabe lo que puede pasar pasado mañana está mintiendo o ebrio por festejar una solución que, con los datos de la realidad, aun resulta demasiado prematura para ser tomada en serio.



