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El primer vuelo en el Perú: Juan Bielovucic y el origen de la vocación aérea nacional

 

Por Angie Rajkovic

 

El 15 de enero de 1911 el cielo del Perú dejó de ser un límite y se convirtió en promesa. Aquella mañana, por primera vez, un avión se elevó sobre Lima y abrió las puertas del país a la era de la aviación. Ante la mirada de autoridades y ciudadanos, el joven aviador peruano Juan Bielovucic Cavalié desafió lo desconocido y alzó vuelo desde el entonces Hipódromo de Santa Beatriz (hoy Campo de Marte), transformando para siempre el horizonte peruano y escribiendo una de las páginas más audaces de su historia.


Un pionero del aire

Juan Bielovucic Cavalié, fue un apasionado de los avances tecnológicos que marcaron el inicio del siglo XX. En una época en la que volar era una proeza reservada para pocos en el mundo. Bielovucic se formó en el extranjero y adquirió los conocimientos sobre aeronáutica y pilotaje, convirtiéndose en uno de los primeros peruanos en dominar el arte de volar. Motivado por el deseo de demostrar que el Perú podía sumarse a los grandes avances científicos y tecnológicos, asumió el reto de realizar una exhibición aérea que no solo pondría a prueba su pericia, sino que cambiaría el rumbo de la historia nacional.



El histórico despegue en el Hipódromo de Santa Beatriz

El escenario fue el Hipódromo de Santa Beatriz, un espacio que reunía las condiciones para el despegue y aterrizaje de la aeronave. La mañana del 15 de enero de 1911, ante un grupo de invitados —entre ellos el presidente Augusto B. Leguía, varios ministros de Estado— y numerosos espectadores, Bielovucic se preparó para el momento decisivo.

A las 11:51 de la mañana, su avión “Voisin” se elevó del suelo y permaneció suspendido en el aire varios minutos. El vuelo fue breve, alcanzó una altura de 40 metros, la emoción fue inmensa. Por primera vez, un avión surcaba cielo peruano, convirtiendo al Perú en uno de los primeros países de Sudamérica en presenciar este logro que parecía reservado solo para las grandes potencias del mundo.

La aeronave, un Voisin tipo Bordeaux, fue construida por los hermanos Gabriel y Charles Voisin. Su estructura combinaba tubos de acero y vigas de madera, con alas recubiertas de tela y una envergadura aproximada de 10 metros. La sustentación se lograba mediante dos planos cóncavos y paralelos, mientras que la propulsión dependía de un motor radial Gnome de siete cilindros, ubicado en la parte posterior, capaz de desarrollar 55 caballos de fuerza a 1200 revoluciones por minuto, accionando una hélice bipala de madera.

El primer vuelo en el Perú no fue solo una proeza técnica, sino un poderoso símbolo de modernidad, progreso y visión de futuro. Despertó el interés del público y autoridades por la aviación, impulsó nuevas exhibiciones aéreas y sentó las bases para el desarrollo posterior de la aviación civil y militar en el país. Con el paso del tiempo, la hazaña de Bielovucic fue reconocida como el inicio de la aviación peruana, un punto de partida que permitió comprender el valor estratégico del dominio del aire para la integración del territorio, la defensa nacional y la proyección del Estado.

 


Del primer vuelo a la Fuerza Aérea del Perú

Este despegue de 1911 sembró la semilla de lo que décadas más tarde se consolidaría como la Fuerza Aérea del Perú. La experiencia de Bielovucic demostró tempranamente que el cielo no solo era un espacio de conquista tecnológica, sino también un ámbito decisivo para la soberanía y la seguridad del país.

La Fuerza Aérea del Perú heredó el espíritu pionero de aquel primer vuelo: audacia, disciplina, vocación de servicio y compromiso con la patria. Desde entonces, el dominio del aire se convirtió en una misión permanente al servicio del Perú, tanto en la defensa del espacio aéreo como en labores de integración nacional, ayuda humanitaria y apoyo a la población.


Un legado vigente en el siglo XXI

El Comandante General de la Fuerza Aérea del Perú, General del Aire Mario Raúl Contreras León Carty, al respecto manifestó “En pleno siglo XXI, cuando la aviación constituye un pilar fundamental del desarrollo nacional y el cielo une al Perú con el mundo, el histórico vuelo de Juan Bielovucic Cavalié mantiene una vigencia trascendental. No se trata únicamente de un hecho del pasado, sino de un símbolo visionario y del coraje que impulsan el progreso de nuestra Nación.

Aquel primer vuelo, realizado con una convicción inquebrantable, abrió el camino para la aviación peruana y sentó las bases de lo que hoy es la Fuerza Aérea del Perú. Su legado nos recuerda que todo avance nace del valor de quienes se atreven a ir más allá de los límites conocidos.

Para las nuevas generaciones de aviadores militares, este ejemplo constituye una fuente de inspiración. Cada despegue que hoy realizamos es la continuidad de ese sueño inicial; es la reafirmación de nuestro compromiso con la defensa de la patria, el respeto a nuestra historia y la preservación del espíritu pionero que caracteriza a nuestra Institución.

Volar, en nuestros días, no solo es una capacidad tecnológica: es una alta responsabilidad al servicio del Perú, asumida con honor, disciplina y vocación, manteniendo siempre vivo el legado de quienes, cuando el cielo parecía inalcanzable, se atrevieron a conquistarlo”.

 

 

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