Fighting Falcon en los cielos peruanos. ¿Qué viene después?

Por Christian Barclay
Con una cartera de pedidos de unos 120 aviones aún por entregar, los F-16 de la Fuerza Aérea del Perú no llegarán antes de 2030. Mientras tanto, la institución se prepara para una transformación que la definirá por las próximas décadas.
La tan esperada decisión y adquisición del nuevo avión de combate para la Fuerza Aérea del Perú (FAP) llegó a su trepidante desenlace el pasado abril, en medio de tensiones al interior del gabinete del entonces presidente interino José María Balcázar que culminaron en la renuncia de dos ministros de Estado y fricciones diplomáticas con la primera potencia mundial, todo ello con el telón de fondo de la incertidumbre en torno a un turbulento proceso electoral.
El contrato por las primeras 12 unidades (de un total de 24, con un tope de inversión de 3.5 mil millones de dólares) del modelo seleccionado – el F-16C/D Block 70 Fighting Falcon (Halcón Guerrero en español) del gigante aeroespacial Lockheed Martin, junto con el correspondiente paquete de soporte logístico – formaliza un proceso largamente postergado por 14 años desde que se iniciaron los estudios para la determinación del denominado Caza del Futuro. Los factores señalados previamente amenazaron con obstaculizarlo y hasta paralizarlo, a pesar de haberse cumplido todos los requisitos legales, formales y presupuestarios para la compra, con participación multisectorial. Quizá resultara providencial que el contrato se firmara el día 22 de aquel mes, coincidiendo con el centésimo decimosegundo aniversario del natalicio de José Abelardo Quiñones Gonzáles, héroe nacional y patrono de la Fuerza Aérea del Perú.
Con el desembolso de los primeros 462 millones de dólares, correspondientes al 30% del monto concertado con la industria fabricante, el Perú consolida de forma irreversible su intención de adquirir la variante más avanzada jamás construida del prolífico caza estadounidense – un avión de combate de generación 4.5 equipado con las últimas tecnologías en sensores, aviónica, sistemas de autoprotección y armamento. Sin embargo, el verdadero trabajo no ha hecho más que empezar. No es exagerado afirmar que la FAP enfrenta su mayor desafío institucional en 40 años, toda vez que exigirá el máximo esfuerzo posible para superar con éxito los retos asociados a la asimilación de una aeronave de semejantes características, así como todas las demás capacidades necesarias para el empleo relevante y decisivo del poder aéreo en el siglo XXI.

Triunfos de la gestión peruana
Los entretelones del proceso revelan un estricto celo profesional, transparencia y compromiso institucional con una inversión que maximizará los beneficios para la nación peruana. A fin de consolidar el apoyo político a la asignación de recursos para la contratación pública en el seno del Consejo de Ministros y el Parlamento, se hizo indispensable generar las condiciones para asegurar un atractivo esquema de compensaciones industriales y sociales (offsets) por parte de la industria ganadora que fuera más allá del mero cumplimiento de la normativa vigente.
Consecuentemente, Lockheed Martin transferirá el conocimiento y la tecnología necesarios para la coproducción en el Perú del Vulture Lightning-M, un sistema aéreo no tripulado (UAS) de tipo cuadricóptero de mediano alcance para vigilancia y reconocimiento, en la que participarán la empresa privada Aviatec y el Servicio de Mantenimiento (SEMAN) de la FAP, lo que permitirá un importante salto cualitativo en el desarrollo nacional de estas tecnologías para una amplia gama de aplicaciones, tanto dentro como fuera de la defensa. Asimismo, personal del Comando Espacial y Ciberespacial (COMEC) de la institución recibirá formación en universidades estadounidenses como parte de la iniciativa vinculada a la construcción de un puerto espacial en las inmediaciones de la Base Aérea Pedro Ruiz Gallo, en Chiclayo, gestionada conjuntamente por el Gobierno peruano, el Comando Espacial de los Estados Unidos (USSPACECOM) y la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) del país norteamericano.
En lo que respecta al avión propiamente dicho, a fin de satisfacer plenamente las expectativas de la institución establecidas en los requerimientos técnicos mínimos (RTM), Lockheed Martin acordó integrar en el F-16 dos sistemas considerados esenciales por la FAP. El primero es el sistema de búsqueda y seguimiento por infrarrojos (IRST) Legion-ES (Embedded System), seleccionado por la Fuerza Aérea de la República de China (ROCAF) y derivado de la solución contenerizada externa que equipa a los McDonnell Douglas/Boeing F-15C Eagle de la Guardia Aérea Nacional (ANG) de los Estados Unidos desde 2022. Consta de un sensor externo de amplio campo visual montado en la estación 5L (a la izquierda de la toma de ingreso de aire al motor General Electric F110-GE-129 IPE) y una unidad de procesamiento interna que permiten al F-16 detectar amenazas aéreas a grandes distancias de forma totalmente pasiva, sin riesgo de detección ni interferencias, complementando así a otros sensores – como el radar de matriz de exploración electrónica activa (AESA) AN/APG-83 SABR de Northrop Grumman y el módulo electroóptico e infrarrojo (EO/IR) de identificación y designación de objetivos, así como la información transmitida a través de enlaces telemáticos a la aeronave proveniente de fuentes externas – mediante integración y correlación avanzadas que se acercan a las capacidades de fusión de datos del F-35 Lightning II de quinta generación.
El segundo es un sistema de alerta de aproximación de misiles (MAWS) basado en un arreglo de sensores distribuidos que operan en las bandas de infrarrojos y ultravioleta (IR/UV) para proporcionar una cobertura esférica frente a amenazas dirigidas contra la aeronave, en apoyo de la novísima suite de autoprotección y guerra electrónica AN/ALQ-254(V)1 Viper Shield de L3Harris. Si bien soluciones técnicas de este tipo existen operacionalmente desde hace algún tiempo en el Fighting Falcon de forma integrada (como PAWS de Elbit Systems en los F-16D Block 52+ Sufá de la Fuerza Aérea Israelí y del programa Peace Carvin IV de la Fuerza Aérea de la República de Singapur) y modular (como los pilones de armamento de TERMA equipados con sensores Hensoldt AN/AAR-60 que está recibiendo la Fuerza Aérea Argentina junto con sus F-16 adquiridos de segundo uso a Dinamarca), la escogida por la FAP será la primera en ponerse a disposición de un cliente internacional del programa.
Otro requerimiento peruano que debió ser satisfecho sin comprometer los RTM fue el de repostaje en vuelo. Debido a que el F-16 utiliza el sistema de lanza telescópica, incompatible con los sistemas de canasta remolcada con los que cuenta la FAP a bordo de sus Lockheed KC-130H Hercules, los estadounidenses se vieron obligados a incluir en su oferta un Boeing KC-135R Stratotanker reacondicionado, procedente de las existencias excedentes de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF). Su incorporación será de vital importancia durante la fase de entrega de las aeronaves, las cuales llegarán al Perú en vuelo desde la fábrica, para lo cual es necesaria la maniobra de recarga en el aire, independientemente de la generosa capacidad de combustible externo del F-16 en configuración de traslado y de la inclusión de los característicos tanques de combustible conformados (CFT) en algunos ejemplares.

Exigencias de adaptación
El primer paso en la transición al nuevo avión de combate se hizo efectivo a mediados de septiembre de este año con la participación de personal peruano en la conferencia F-16 TCG WWR (Training Configuration Group / World Wide Review), celebrada en Ogden, Utah – un importante simposio anual enfocado en el soporte logístico, mantenimiento, ingeniería y gestión de flota del sistema de armas Fighting Falcon a nivel internacional. Paralelamente, un primer cuadro de pilotos culminó recientemente su calificación en la especialidad de caza en Argentina tras los mandos del reactor FAdeA IA-63 Pampa (incluyendo la calificación de un instructor de vuelo), mientras que otro grupo de pilotos se encuentra llevando a cabo un proceso similar a bordo de los turbohélice Pilatus PC-21 del Ejército del Aire español. Estas aeronaves, por sus prestaciones y aviónica avanzada, permiten una transición fluida hacia reactores de combate de última generación. El envío de pilotos a formarse al extranjero se ha convertido en algo imprescindible, ya que la FAP carece actualmente de aeronaves adecuadas para instrucción avanzada (el KAI KT-1P Torito, si bien es más que adecuado para formación básica, carece del rendimiento necesario para simular la fase táctica).
Los requisitos que la institución ha establecido para las tripulaciones destinadas a volar el F-16 son similares a los fijados por las fuerzas aéreas de otros países. Se trata de oficiales jóvenes (máximo 35 años) con el rango de capitán, acompañados por un oficial de grado superior que se desempeña como comandante de misión. Una de las exigencias fundamentales, tanto para pilotos como mecánicos, constituye el dominio del inglés aeronáutico. La importancia del conocimiento de idiomas como condición previa obligatoria para progresar en la carrera de armas viene materializándose desde 2024 con la implementación de un laboratorio especializado en la enseñanza del inglés a nivel técnico a cargo de la Escuela de Capacitación y Perfeccionamiento (ESCAP) de la FAP, próxima a la Base Aérea Las Palmas, en Lima. Junto con una serie de incentivos adicionales, la institución espera así consolidar una estrategia que le permita retener personal joven altamente capacitado y motivado frente a los atractivos que suele ofrecer el sector privado.
Coincidente con el inicio del cronograma de producción de los aviones, la FAP espera enviar al primer grupo de pilotos a realizar el curso de conversión operacional (denominado B-Course) antes de que termine la década, ya sea en las instalaciones de la 162nd Wing de la Base Morris de la ANG en Tucson, Arizona, o en el EFTC (European F-16 Training Centre) de la 86ª Base Aérea de la Fuerza Aérea Rumana, en la localidad de Borcea-Fetești – este último habiéndose labrado en los últimos años una reputación como centro de entrenamiento líder en Europa al formar a las tripulaciones ucranianas de F-16, que han demostrado un altísimo nivel de competencia en operaciones reales contra la agresión rusa que el país lleva repeliendo desde 2022.
El B-Course tiene una duración mínima de 5 meses y comprende las fases de Transición (TR), Pilotaje Avanzado (AH), Aire-Aire (A-A) y Aire-Superficie (A-S), desarrolladas dentro de un intenso régimen de vuelo, complementado con sendas horas de instrucción académica y en simuladores en tierra. Culminada esta calificación inicial (IQT), que habilita al piloto a emplear el F-16 dentro de una formación, aquellos oficiales destinados a servir como líderes de vuelo e instructores deberán continuar especializándose, siguiendo cursos como SOC FLUG (Senior Officer Course / Flight Lead Upgrade) con el fin de adquirir las competencias necesarias para la plena operación de la aeronave a nivel táctico y el desarrollo subsecuente de los programas de entrenamiento (PDE) en suelo peruano.
Reproduciendo la experiencia positiva y los frutos obtenidos con el AMD-BA/Dassault Mirage 2000 en su momento, se espera que personal técnico peruano coparticipe del proceso de construcción de las aeronaves, a iniciarse próximamente en la planta de Lockheed Martin en Greenville, Carolina del Norte. Ello no solamente permitirá a las tripulaciones de tierra generar el conocimiento necesario para asimilar la alta tecnología que incorporará el F-16 Block 70 desde el momento en que se inicie la fabricación de la primera célula, sino también asegurar las debidas garantías de soberanía necesarias para el mantenimiento y sostenimiento autonómico del avión.
Otro aspecto crítico que la FAP deberá acometer antes de siquiera recibir los primeros aparatos es la adecuación de su infraestructura existente a los estándares que demandan tanto la industria fabricante como los compromisos de seguridad asumidos con el gobierno de los Estados Unidos. Una inversión importante está siendo destinada para reasfaltar las pistas y calles de rodaje de las bases aéreas de La Joya (Arequipa, sede del Escuadrón Aéreo N° 412 – apropiadamente denominado Halcones –, la primera unidad de combate a equiparse con el nuevo avión), Las Palmas y Chiclayo, incluyendo la instalación de los respectivos sistemas de arresto y barreras para detener con seguridad una aeronave en situación de emergencia, así como revigorizar los hangares y edificios conexos que datan de la década de 1970. Una de las partidas más costosas corresponde a la construcción de las instalaciones fortificadas y estrictamente monitoreadas, de conformidad con el programa Golden Sentry de Supervisión de Usuarios Finales (EUM) del Departamento de Guerra de los Estados Unidos, que alojarán algunos de los componentes más sensibles del programa, tales como los sistemas de planeamiento de misión y aquellos vinculados al sistema de guerra electrónica de las aeronaves, en adición a los pañoles de armamento.

(R)Evolución desde dentro
La transición al F-16 constituirá, para todo efecto práctico, un nuevo comenzar para la Fuerza Aérea del Perú tanto o más dramático que el que representó la introducción del Mirage 2000 en la segunda mitad de la década de los 80. Tal como ha ocurrido y continúa ocurriendo en otras latitudes, la misma abarcará mucho más que aquellos aspectos directamente relacionados con las unidades encargadas del nuevo material – indispensables para adecuarse a los rigurosos estándares y cultura operativa que acompañan al Fighting Falcon – para repercutir favorablemente en una verdadera transformación institucional.
Uno de los cambios más trascendentales que ya han tenido lugar ha sido la modificación del denominado Plan Quiñones – el plan estratégico institucional que determina la estructura operativa y los programas logísticos y académicos de la FAP para los próximos 25 años. A raíz de este proceso de modernización sin precedentes, la Fuerza Aérea y el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN) actualizaron el Plan Quiñones para el periodo 2024-2050 y con ello, la doctrina operativa de la institución en su conjunto.
Esta consecuencia directa del impulso generado por la adquisición de los nuevos aviones de combate polivalentes ha permitido revitalizar proyectos que hasta ese momento se encontraban postergados por no contar con los recursos económicos ni el apoyo político necesario, tales como la adquisición de una quinta aeronave de transporte táctico Leonardo C-27J Spartan y la recuperación de las capacidades de vigilancia del espacio aéreo peruano mediante la creación formal de los Sistemas de Vigilancia Amazónico y Nacional (SIVAN) y de Protección Amazónica y Nacional (SIPAN), dentro de los cuales se enmarca la compra de radares Lockheed Martin TPS-77 MMR, durante la primera mitad de 2026, así como los planes para la incorporación de sistemas de defensa aérea, sistemas aéreos de alerta temprana y control (AEW&C) y aeronaves turbohélice subsónicas de alto desempeño que complementen a los cazas en misiones de apoyo aéreo cercano (CAS), inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR) y contrainsurgencia (COIN), a la vez que permitan el entrenamiento avanzado de pilotos de combate, estando considerados para este proceso el Embraer A-29 Super Tucano brasileño y el Textron/Beechcraft AT-6 Wolverine estadounidense.
Sin lugar a duda, materializar estas adquisiciones requerirá no solamente un nivel de inversión sin precedentes – que solo es posible sobre la base de una política de defensa seria y sostenible a largo plazo –, sino también los tiempos que estos complejos procesos demandan. En consecuencia, la FAP enfrenta el reto adicional de garantizar el apoyo continuo del gobierno de la flamante presidente Keiko Fujimori, quien ocupa el cargo desde el pasado 28 de julio.
Por el momento, los esfuerzos institucionales están concentrados en asegurar la adquisición del segundo lote de F-16 que reemplazará a los RSK MiG-29 9.13 y 9.13SE Fulcrum C del Escuadrón Aéreo N° 612, en el norte del país – aeronaves que, 30 años después de su incorporación, se encuentran hoy fuera de servicio debido a las crecientes dificultades logísticas y económicas para adquirir repuestos y servicios de mantenimiento especializados de la Federación Rusa. Se espera que el contrato por los siguientes 12 aviones se suscriba antes de que culmine el año.
El autor desea agradecer al ex Comandante General de la FAP, teniente general (r) Carlos Chávez Cateriano, por su invalorable aporte para la elaboración de esta nota.



