Fusiles de un argentino y pensando en la Argentina
- Santiago Rivas

- 14 oct
- 12 Min. de lectura

Martín De Urrengoechea es un argentino que vive en Estados Unidos, donde diseña fusiles que produce la empresa Brigade Firearms. Ahora, apunta a desarrollar dos modelos de fusiles que espera poder ofrecer para las Fuerzas Armadas de Argentina.
Tras haber publicado nuestro reportaje sobre las opciones de reemplazo del fusil FAL en el Ejército Argentino, nuestro amigo y Veterano de Guerra de Malvinas, Héctor “Pipi” Sánchez, nos contactó para contarnos sobre un argentino que vive en Estados Unidos y viene diseñando sus propios fusiles, habiendo pensado dos modelos específicos para que puedan reemplazar al FAL en Argentina. Así, “Pipi” nos puso en contacto con Martín De Urrengoechea, con quien hablamos para conocer su historia y sus diseños de fusiles, de los cuales ya tiene modelos en producción en Estados Unidos.

Antes de comenzar a diseñar fusiles, Martín se había mudado a Estados Unidos y comenzado a volar como piloto para la organización Hermanos al Rescate, que apoyaba a quienes intentaban exiliarse de Cuba cruzando a Florida en todo tipo de embarcaciones. A través de la amistad que trabó con varios cubanos con quienes volaba nació la idea de un primer fusil. “Ya en Argentina había hecho un par de dibujos, un Winchester calibre 22, porque era el calibre que estaba habilitado para uso civil, y siempre me quedó esa idea de seguir diseñando y dibujando modelos que no podía alcanzar a tenerlos, pero que los podía hacer porque no era hacer un reloj suizo, ni tampoco una nave espacial” explica De Urrengoechea y cuenta cómo viajó a Estados Unidos a fines de los años 90 para ser piloto. “Me instalo, empiezo un trabajo lavando platos en un restaurante y cuando me empiezo a estabilizar financieramente, me volvieron todas esas ideas a la cabeza. Y Estados Unidos todavía no estaba en ese gran desarrollo de armas de uso militar, pero en calibre .22 para uso civil. Entonces empecé a comprar piezas y paralelo a eso había ido con un dinero que ahorré en Argentina para hacer el curso de piloto de helicóptero, pero el cachetazo fue muy fuerte, muy caro”, aunque pudo comenzar el curso de piloto privado (ya era piloto de ultraliviano en Argentina) mientras se sumó a Hermanos al Rescate.
Sin embargo, su carrera de piloto con Hermanos al Rescate terminó cuando ocurrieron los atentados del 11 de septiembre de 2001, dado que comenzó a haber un control mucho más estricto sobre la actividad aérea. “Cuando vino el 11 de septiembre de 2001 todavía no tenía regulada la parte migratoria. No tenía idea de lo que era Social Security, ni que había que tener una residencia. Para mí era toda una aventura, hasta que empezás a caer en la realidad. Se acabó la operación, porque los despegues y aterrizajes tenían que ser reportados de una manera más precisa. No pude ir a volar y entonces me dediqué de vuelta a lo que tenía pendiente, que era el tema de las armas” agrega.

En Estados Unidos desarrolló un primer fusil, llamado Makasi, que reúne componentes del FAL, el AR-15 y conceptos del sistema de pistón del AR-180, el cual actualmente produce la empresa Brigade Firearms en Opa Locka, Florida, para uso civil. Del Makasi actualmente venden la versión Mk-15 en calibre 5,56 y Mk-47 en calibre 7,62x39, aunque también hizo prototipos en 9 mm.
El Makasi combina la estética funcional del FAL con el manejo de los controles del AR-15. Cuenta con un sistema de pistón de gas de carrera corta y un sistema de retroceso sin amortiguador y funciona con una manija de carga lateral no recíproca. La culata tipo FAL-Para también es plegable lateralmente y está soportada por un robusto sistema de montaje de dos tornillos que permite disparar tanto en la posición plegada como en la desplegada.
Además, De Urrengoechea produjo un prototipo de un fusil tipo bullpup empleando componentes del AR-15, el cual ha apodado Shorty-15, mientras que en recientemente comenzó a idear dos fusiles que espera ofrecer a la Argentina para reemplazo del FAL, uno de ellos denominado Granadero y otro denominado Patricio.

Pucará Defensa: ¿Cómo retomaste el diseño de los fusiles?
Martín De Urrengoechea: Empecé a focalizarme y empecé primero con el FAL para hacerlo en calibre 22, porque sabía que era un arma muy querida en Argentina y que nadie podía acceder a uno similar o una réplica de uso civil. Compré piezas y empecé a cortar, a soldar, con matriceros porque no tenía las herramientas en mi casa, pero iba dibujando y posicionando, pero no lo pude terminar completamente y siempre me quedó picando. Me cambié a otro modelo que era un kit de conversión de un M 249 para calibre .22. Le puse más cabeza, fui a una compañía que se dedicaba a fabricar con CNC (control numérico por computadora) piezas para motocicletas y accedieron a hacer la parte que yo necesitaba y con eso hice una pequeña producción de 50. Con eso me fui a Hong Kong donde están los que tienen todo para hacer las matricerías. Me junté con una compañía que se llamaba Ares, que hacían armas de airsoft, tenían muchas partes de inyección de plástico, que yo pensaba para completar el arma. Entonces, había desarrollado tres modelos que era el BAR calibre .50, pero en calibre .22, el M249 y la MAC 58 que sería la M240. Esto ya fue para el 2006 y todo venía muy positivo hasta el momento que me dicen que tenía que poner casi 150 mil dólares. Yo planteé que si ponía dinero prefería ponerlo en Estados Unidos. Empecé otra vez, desarrollé esos 50, los vendí y vino la crisis financiera de Estados Unidos, se frenó todo. Entonces lo puse en stand by, arranqué con restaurantes de vuelta y a terminar mi carrera de aviación, que la tenía pendiente.

Seguí dibujando las armas. Hice varios modelos que tenían potencial en su momento, pero no se daban las condiciones y hace exactamente 7 años dije ‘voy a terminar el FAL y lo quiero sacar’. Entonces había salido del calibre .22 y lo paso a 5,56, que es el calibre más popular en Estados Unidos. Ya no pensaba tanto en Argentina porque todavía no podés acceder a un fusil de condición militar en Argentina. No estaba focalizado en lo militar, porque el mercado civil es muy importante acá y el militar está regulado por el gobierno.
Estudié más al FAL y empiezo a ver que puedo fusionar piezas del AR-15 con el FAL y piezas del AR-180. Podía hacer algo muy bueno, de vuelta en la cocina de mi casa, empecé a trabajarlo, a cortar, a limar, a posicionar, lo armé todo, quedó visualmente muy parecido al FAL combinado con partes mecanizadas del AR15. No pude ponerle lo del 180, pero hice una adaptación a un diseño mío de un pistón parecido entre el FAL y el AR 180. La diferencia está que el FAL tiene el pistón flotante y yo lo hice agarrado al cerrojo como para hacer algo más armonioso. Lo terminé, manualmente funcionaba y dije ‘hay que llevarlo al campo y tirar’. Fui, hice una unas pruebas, funcionaba. La precisión no era algo que me preocupaba en ese momento porque es algo que después se aprieta en la fabricación. Lo importante era que el que el magazine, que es la parte principal del arma a la hora de alimentar la recámara y hacer el disparo no falle. Esa parte funcionó espectacular, entonces lo emprolijé.

PD: ¿Cómo llegaste al Makasi?
MDU: Yo había conocido a Gustavo Velázquez, que tenía una fábrica, estaba fabricando AR-15 en 9 mm a gran escala, exportó a Brasil y a muchos países de África, su padre fue de la Brigada 2506 de cubanos que fueron a Bahía de Cochinos y él era operador de la CIA en Angola y en varios países de África. Estaba muy relacionado con la CIA y tenían una operación aérea que se llamaba Makasi, que era un toro africano y eso por eso es el nombre del fusil. Él puso el dinero para fabricarlo. Me pidió probarlo, se lo dio a un muchacho que trabaja con él, tiró y les interesó. Se contrató a un ingeniero y se empezó a dibujar desde cero toda el arma, basado en partes que ya existían como el cerrojo de la AR-15, el sistema de gatillo de la AR-15 y se empezaron a hacer los primeros prototipos para pruebas de disparo, mecanismo y funcionamiento. Él concluyó que ponerle el sistema de gas de pistón de la AR-180 al arma le daba mucho más a conjunción de las de los rifles emblemáticos, el AR-180, la AR-15 y el FAL. Lucía como un FAL, mecanismo de disparo y cerrojo, cañón y cargador eran del AR-15, lo hacía modular, y el sistema de empuje del cerrojo y el pistón del AR-180. También era muy complejo, pero funcionó. Se hicieron casi 8.500 disparos en los primeros prototipos y ahí se toma decisión de empezar a fabricar. Se llegó al Shot Show de Las Vegas, se presentó y tuvo muy buena aceptación.

La idea de Gustavo era de poder exportarlo como fusil militar a África, donde él tenía sus contactos, pero se trabó una operación porque no lo habíamos hecho full automático. Empezamos a ver la vialidad de exportarlo como fusil de uso civil, pasó lo de Argentina, que levantaron la ley que restringía que el civil no pudiera acceder a un fusil semiautomático de un estilo militar y en mis comentarios con Héctor Sánchez de lo que estaba haciendo y salió la novedad de que se quería modernizar el fusil de Argentina me picó el corazón y dije, ‘acá hay una oportunidad de aportar un grano de crecimiento a nivel nacional que puede ser importante’. Y le dije a “Pipi”, ‘mira Héctor tengo esto y tengo dos diseños muy emblemáticos de fusil, el modelo Granadero y tengo el modelo Patricio, no están hechos los prototipos, están en mi cabeza de una manera funcional. Va a disparar y va a funcionar y se puede hacer completamente en Argentina con la genialidad de la industria argentina. Se puede hacer un producto de calidad de exportación regional, internacional, puede estar a la vanguardia y puede competir con otros fusiles a nivel internacional.
Al Makasi inicialmente yo lo quería llamar Mini FAL, porque bajaba de un calibre 7.62 a 5,56, es más económico el disparo, es más liviano, podes llevar más munición, tenía sus grandes ventajas, no es para un tiro largo, pero un tiro largo acá con 5,56 tiran a mil yardas y pegan.

PD: ¿Cómo avanzaron con la idea de los dos fusiles?
MDU: Héctor me pone en contacto con personajes que hoy están en el Ministerio de Defensa, hubo una charla donde se hablaba de que todavía el FAL era un fusil muy polivalente, pero es pesado. Argentina tiene una variedad de fusiles, pero hasta el día de hoy no tiene el icono, el nuestro, como el Torino. Y esta fue la intención.
El desarrollo de un modelo nuevo puede ser entre seis meses y un año, modular y con prestaciones a nivel internacional, es viable.
PD: En cuanto a las versiones del Granadero y el Patricio. ¿Cuáles serían las diferencias con respecto al Makasi y entre ellos?
MDU: Son totalmente diferentes el Granadero y el Patricio de lo que es el Makasi. Granadero sería un fusil de tropa y el Patricio un fusil para operaciones especiales o para paracaidistas, tendría como el FAL la culata plegable con alza para hacer tiro de precisión en 2 calibres, en 7,72 por 51 y 5,56 por 45. El granadero sería más tropa, es un fusil más pensado para 7,62 por 51, con un cañón de 20 pulgadas, para el combate, que aguante.

PD: ¿El Granadero también podría hacerse en calibre 5,56?
MDU: Sí, al ser un fusil modular, lo adaptas fácilmente a cambiar los calibres, dentro de lo militar, también a calibres civiles. Por ejemplo, en Estados Unidos se utiliza mucho el 7,62 X 39, que es el calibre ruso. Porque es una bala económica y acá se caza muchísimo.
El Patricio también es completamente modular, no es que lo podés hacer en 7,62 y lo pasas a 5,56 cambiando el cañón, porque hay una diferencia entre el largo de la bala, pero se puede adaptar tranquilamente. Es un trabajo más complejo, pero se logra.
El Patricio es como el FN SCAR, es un fusil que vale desde 4000 USD. Es una inversión grande, pero con la venta de 4000 fusiles ya armaste la fábrica.

PD: ¿Estos fusiles mantienen el concepto de fusión entre el FAL y el AR-15 que tiene el Makasi?
MDU: No, tiene más diferencias. El Makasi está planteado para hacerse en 7,62 por 51, lo cual es una ventaja grande. Yo tengo un diseño que mejora el FAL, tengo un prototipo que del FAL del que se desprende la parte de arriba desde una leva y un tornillo transversal que se quita y ponés la otra parte. Tengo esa parte hecha en un modelo modular para el FAL, o sea que vos seguís manteniendo la parte del sistema de gatillo del FAL y lo que le pones arriba es completamente nuevo. Tengo más de 16 armas diseñadas y varias en prototipo. Una que se está desarrollando, que dibujé en Argentina 30 años atrás, es un Winchester, pero con el upper de un AR-15, pero tiene martillo exterior, todos los que han hecho acá no tienen el martillo exterior, siguen siendo semiautomáticos o de palanca. Es un Winchester, pero táctico, la ventaja que tiene es que es altamente exportable a países que tienen restricciones de armas de uso militar, como por ejemplo Nueva Zelanda, Australia, Canadá y países de Europa.
Volviendo al Granadero y el Patricio, hay piezas que son del FAL, que se pueden utilizar en el Granadero, porque es parte de los 70 años que tiene el FAL en Argentina. Son piezas que funcionan, están probadas, solamente se adaptan.
También hice un Bullpup, que es un fusil corto que hice en el año 2002 o 2003. Estados Unidos es muy reacio a los Bullpup, que en Europa e Israel se utilizan.

PD: ¿Cómo ves el proceso para seguir promocionándolo en la Argentina? ¿Hay gente interesada en ofrecerlo en otros países?
MDU: Sí, hay 2 cosas, siempre sigo como creyendo en que se puede, creo que puede haber alguien que diga ‘vamos a analizarlo’, nunca pierdo la fe. Y mi realidad está basada en lo que yo he logrado siendo un inmigrante en Estados Unidos, de haber venido, con una plata ahorrada y nada más, con un idioma muy básico, pero con muchas ganas.
Para el Makasi estaba buscando un distribuidor Argentina, contacté a una empresa qué me dijeron que lo iban a tener en mente para sus próximas decisiones, ahora viene un argentino para agarrar la representación del Makasi en Latinoamérica.
Pero, con respecto al Granadero y al Patricio, si no hay aceptación de Argentina, lo venderé en otro país y, en vez de ser Granadero, será Legionario. Estoy en contacto con un par de compañías en España y sería algo diferente.

Hermanos al Rescate
Martín De Urrengoechea tiene una historia muy interesante volando para la organización cubana Hermanos al Rescate, cuando vio que no podía financiar su curso de piloto de helicópteros. “Entonces fui un día hasta Opa Locka, donde yo sabía que había un grupo de cubanos que hacía vuelos de búsqueda y rescate, Hermanos al Rescate. Tenía conocimiento de que había un muchacho argentino que estaba ahí. Tenía mi licencia de ultraliviano, me presenté y me atendió él y le pedí que me recomiende una escuela de vuelo, me recomendó una y me llamó el fin de semana y me dijo: "Hay una misión de Hermanos al Rescate, ¿querés participar?" Le digo, "por supuesto".
Y ahí me subí y volé 48 misiones con ellos haciendo búsqueda y rescate, no rescatábamos puntualmente la balsa, lo que hacíamos era una línea de paralelos entre La Habana y Florida, no cruzábamos la línea de territorial ni nos acercábamos mucho porque en febrero de 1996 derribaron dos aviones. Entonces la cosa estaba tensa en 1998. Hemos tenido comunicaciones con la Habana que eran “andate o te bajamos”. Entonces, apagábamos el transponder, nos tirábamos a 150 pies y volábamos bajito para despistar los radares, pero nunca vi un avión de combate al lado nuestro, solamente por radio me dijeron “están saliendo para interceptarlos, así que retírense”. Ahí te cambian los pulsos del corazón, porque ya hay una historia de lo que pasó, se podía repetir. Tuve la suerte de volar con Raúl Martínez, que era un cubano que a los 19 años estuvo en Bahía de Cochinos, fue observador de tiro de mortero, era un personaje, manejaba un banco en Kendall y volé bastante con él. Y tuve la suerte de volar mucho por un área que era Cayo Anguila y Cayo Sal. Cayo Sal es un lugar donde había una pista que se utilizó clandestinamente para tráfico de drogas en los años 80 y la Marina fue y la bombardeó para que no se siguiera utilizando. Aparecieron ahí unos balseros y había una chica que tenía una fractura expuesta, entonces Basurto, que era el presidente de Hermanos al Rescate, hizo la misión de aterrizar ahí, subir a la chica y despegar, pero no pudieron, el avión se fue de pista, pues estaba toda dañada y se estrellaron. No murió nadie, pero tuvo que aparecer el Guardacostas con helicóptero para poder sacar a la chica.

He visto balsas vacías, cuando empezás a volar los ojos se te dilatan, querés ver cualquier movimiento en el agua, es un puntito y crees que es una balsa, vas para ahí y no era nada. Eran misiones de 4 horas de vuelo. Volé con Carlos Gardner, con Guillermo Molares, con Maite Reagan, gente muy increíble. Carlos, volando bajito con un Piper Aztec le dio con la punta del ala a un mástil. Nosotros volábamos y tirábamos un paquete donde había instrucciones y una radio, entonces nos comunicábamos, había que tirarlo lo más cerca posible de la balsa. Hubo casos que se han tirado a buscar el paquete y no salieron nunca más del agua. Era un momento muy triste y muy alegre a la misma vez, era ambiguo. Después Clinton cambió la ley “pie seco, pie mojado” y entonces si los interceptaban en el agua, los mandaban de vuelta. Entonces nosotros reportábamos las coordenadas y después iban con unas lanchas rápidas, los levantaban del agua y los soltaban cerca de Cayo Hueso”.



