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Golpe de Estado en Bolivia: el presidente Paz Pereira asediado por Evo Morales


Por Ignacio Montes de Oca


Hay un intento de golpe de estado en curso en Bolivia comandado por el expresidente Evo Morales. Las fuerzas que le responden están asediando a las grandes ciudades con bloqueos y le dieron al presidente Ramiro un ultimátum de 90 días para presentar su renuncia. La crisis en Bolivia tiene orígenes múltiples. La más obvia es la crisis económica desatada durante el anterior gobierno del partido de izquierda MAS, del cual Evo Morales es la figura central desde hace dos décadas y con el que estuvo en la presidencia durante 13 años y 9 meses. Morales se gastó los años de pujanza económica generados por la venta de gas en la construcción de un estado populista que, además, exacerbó las tensiones étnicas entre aimaras, quechuas, criollos, guaraníes y el resto de las minorías existentes en el país.

Cuando comenzó a terminarse el gas y tras una nacionalización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos que paralizó las nuevas exploraciones y dirigió las ganancias a la construcción política del MAS, el país entró en una crisis por la falta de divisas y combustible. Las reservas de U$S 15.200 millones se esfumaron para frenar el apetito de dólares de la economía y las compras de combustible y otros insumos que Bolivia no produce de manera suficiente hicieron el resto. En consecuencia, el MAS obtuvo en las últimas elecciones un 3,14%.

La debacle del MAS, que venía ganando con más de la mitad de los votos las anteriores elecciones tuvieron también que ver con el derrumbe de la imagen de Evo Morales por ser el causante de la crisis y porque comenzó a descubrirse que era la versión andina de Epstein. En su mandato Morales se dedicó a todo tipo de actividades inmorales, como por ejemplo reunir un harén de menores de 12 a 15 años que recolectaba en sus giras políticas y que muchas veces eran obtenidas mediante presiones y favores políticos dirigidos a los padres de sus víctimas.



Desde 2024 la justicia boliviana recolecta pruebas de la pedofilia galopante de Morales y ese año ordenó su arresto por estupro. Era solo una de las tantas causas, porque además tiene en total 16 procesos en contra por corrupción, fraude electoral y joyas delictivas similares. A pesar de las órdenes de detención, Morales se mantuvo en rebeldía. El último proceso se originó en una acusación por haber embarazado a una menor de 15 años cuando era presidente. Al no presentarse al juicio, se libró una nueva orden de arresto en su contra.

Aquí es donde entra el otro factor y es la entrada en escena de los sindicatos, que salieron a las calles al anunciarse las medidas de disciplina en el gasto del presidente Paz Pereira. No los tomó por sorpresa porque desde la campaña electoral había avisado su intención. Los primeros en marchar fueron los miembros de la Central Obrera Boliviana, que salieron a pedir un aumento del 20% del salario mínimo y el sindicato de choferes y transportistas para quejarse por la suba en el precio de los combustibles por la eliminación de subsidios. Y luego salieron los docentes, los mineros y con ellos dos de las agrupaciones más vinculadas al MAS, la Federación de Campesinos “Túpac Katari” y los “Ponchos Rojos”. En ese momento comenzó a notarse la mano de Evo Morales detrás de las manifestaciones y bloqueos. El problema es que además de los bloqueos que causaron víctimas en hospitales por falta de insumos y la lógica emergencia por los faltantes de alimentos y combustible en las ciudades, estos grupos del MAS tienen integrantes armados que representan un desafío real al poder central.



La pregunta obvia es ¿Por qué el presidente no ordena cumplir con la orden de detención contra Morales? La respuesta es que el prófugo corrió a refugiarse en la región del Chapare, que además de su bastión político de origen como dirigente cocalero es una zona caliente del narco. En esa zona está gran parte de las 34.000 hectáreas de cultivos de coca que en un 92% son destinadas a la producción de euforia en polvo para la exportación. Junto al negocio narco existen grupos armados que en el pasado llegaron al extremo de tomar unidades militares. Solo en 2024, esa superficie de cultivos creció en un 18% y así se entiende mejor cuánto le debe el narco al MAS. Y tienen otra razón para atacar a la nueva administración de Paz Pereira porque permitió el regreso de la DEA, que había sido expulsada por Evo Morales en 2008. Pero, además, la fortaleza del nuevo presidente fue dañada por su vicepresidente menos de un mes después de su asunción. Edmundo Lara, un expolicía e influencer de Tik Tok se volvió contra su compañero de fórmula al acusarlo de no cumplir con la promesa de reparto del poder.

En el sistema político boliviano el vice controla la actividad parlamentaria y desde ese puesto Lara se dedicó a interferir en cada medida reclamada por el presidente para cumplir sus promesas de desarticular el populismo y luego para afrontar el desafío político del MAS. Y a esta crisis dentro de la crisis se le sumaron escándalos tempranos como la designación como ministro de justicia de Freddy Vidovic, que tenía una condena previa de 3 años de cárcel por cohecho. Paz Pereira encontró la solución eliminando el ministerio entero, pero no fue suficiente.



Para ese momento Evo ya había iniciado su ofensiva desde su santuario narco y ordenado el bloqueo de las ciudades para forzar al presidente a un pacto que lo salvara de ir a la cárcel y tener que patear en jabón caído en las duchas. El presidente rechazó el pedido y la crisis se agudizó. Morales sabe que no puede regresar al poder desde la última debacle electoral del MAS y la anterior, la de 2019, cuando intentó un fraude en el referéndum para perpetuarse en el poder y en el que alteró las cifras que lo mostraban perdedor al apagar la luz y hacer aparecer un triunfo.

Lo que le queda entonces es apurar un fracaso prematuro de la gestión del democratacristiano Paz Pereira y generar un caos en el que el poder se vea obligado a pactar el levantar las acusaciones en su contra y permitirle sobrevivir en su bastión narco en el norte del país.

De allí que le ha dado 90 días de plazo al gobierno para renunciar y llamar a nuevas elecciones. No plantea una salida razonable sino crear una crisis aún más profunda en la que pueda hacer valer su capacidad de daño para comprar impunidad para él y su zona cocalera.

La economía de Bolivia se debilita tanto como el gobierno por los bloqueos. La parálisis por la falta de suministros afecta a Cochabamba, Potosí, Santa Cruz y Chuquisaca y en particular a La Paz. Las milicias de Evo ya están en los Altos, a pasos del Palacio presidencial de Quemado.



La industria paceña estima pérdidas de U$S 15 millones diarios por la paralización del transporte y la producción. Los 70 bloqueos en 15 puntos del país ya llevan 3 semanas y no hay signos de alivio. Al menos 3 personas murieron por no recibir atención médica a tiempo. El gobierno boliviano ya probó por la vía de la represión, pero no logró romper los bloqueos y la falta de una mayoría legislativa propia junto al empecinamiento de Lara le restan poder de intervención. Además, sabe que la confrontación extrema es lo que buscan Morales y el MAS. Tampoco cuenta con ayuda externa porque los países de la región han enviado algunas ayudas humanitarias y “deeply concerned”, pero no existen mecanismos de intervención por más que el propio gobierno la solicite para asegurar el suministro de elementos básicos a la población urbana.

Tampoco puede confiar en sus militares, que tienen más golpes en su historia que Tyson y porque además tuvo que tomar una media excepcional como es la firma del Decreto 5515, el cual autoriza al mandatario a ejercer sus funciones constitucionales desde el exterior.

Bolivia está en un riesgo cierto de golpe. El MAS busca un pacto que le permitan conseguir el poder que no logra por las urnas. Evo está jugado por sus bajos instintos y no tiene nada que perder. El Poder Ejecutivo está quebrado y la economía cruje por la inestabilidad crónica. La crisis se está extendiendo y a solo seis meses de asumir el presidente Paz Pereira está sufriendo también un asedio político del MAS y Evo por un lado y de la oposición encabezada ahora por su propio vicepresidente. Por ahora, no hay paz en La Paz ni para Paz Pereira.

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