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Hacia el fin de las Fuerzas Armadas Argentinas

No hace falta recordar una vez más, la falta de inversión que existe en defensa en la Argentina desde 1983 en adelante, configurándose ésta como la única política de estado que ha tenido el país desde entonces, que no ha sido para el bien de la Nación, sino todo lo contrario. Tal vez se pueda decir que la destrucción del sistema educativo fue otra política de estado y también fue en pos de aportar a que la Argentina se convierta en un país tercermundista.

Luego de doce años de kirchnerismo, en donde al ahogue presupuestario se sumó el ataque permanente a las Fuerzas Armadas como instituciones, denigrándolas de manera constante, seguimos con los cuatro años del gobierno de Cambiemos. Aunque inicialmente muchos esperaron un cambio de rumbo más pronunciado en defensa, desde el comienzo fue claro que, para el gobierno de Macri, al igual que para casi todos los políticos, la defensa estaba última en la lista de prioridades. La elección de los ministros de defensa fue una muestra de ello, al no nombrarse a personas capacitadas ni con interés en un sector que necesitaba un cambio de rumbo urgente, sino a políticos que necesitaban un escritorio para que sus carreras no se acaben y a cuyo partido había que devolverle favores.

Sin embargo, el tiempo le demostró al gobierno actual que la población, a diferencia de lo propalado por la izquierda hasta el cansancio, sí valora a sus Fuerzas Armadas y sí quiere que estén bien equipadas y preparadas para cumplir su misión.

Lamentablemente, esta toma de conciencia fue tardía y aún no ha llevado a un cambio importante en la defensa; por empezar, no ha llevado a poner un ministro capaz a cargo de la misma. Algunas mejoras salariales y muy pequeñas compras de equipamiento no sirven para mostrar un cambio de rumbo sustancial, aunque no es menos importante el cambio en el discurso y en el respeto hacia las Fuerzas.

El gobierno actual no tuvo una política de defensa ni en el corto, el mediano o largo plazo, lo que aportó a que las pocas compras en defensa no sean parte de un sistema, sino solo paliativos.

Sin embargo, el panorama que hoy se avecina, con una posible vuelta del kirchnerismo, significará el fin para nuestras Fuerzas Armadas, que ya se encuentran muy deterioradas y, como ejemplo, puedo citar a nuestra Fuerza Aérea, que es tal vez la que se encuentra en peores condiciones.

El deterioro de 37 años de una política de destrucción de las fuerzas lleva a que hoy la FAA cuente con no más de un 10% de las aeronaves que contaba cuando empezó su declinación, y en la mayoría de los casos son prácticamente las mismas.

La aviación de transporte hoy cuenta con dos Hercules operativos, la de caza con media docena de A-4AR, tres Pampa III y un par de Pucará (con un mes y medio de vida operativa por delante), los helicópteros apenas sobrepasan la docena y solo en entrenamiento hubo una importante recuperación de capacidades, lo cual se debe principalmente a la decisión del Estado Mayor de la FAA de empezar a recuperarse en la formación de los nuevos pilotos, lo cual me parece totalmente acertado.

La falta de partidas presupuestarias demoró programas como la modernización de los Hercules, la remotorización y puesta en servicio de todos los Pampa II, el programa de remotorización de Pucará (hoy solo reducido a un prototipo) y varios más.

Ahora, en un panorama incierto, la ya casi cerrada compra de KAI FA-50 ha quedado prácticamente en el olvido de los políticos, mientras que el plan de compra de transportes medianos, el reemplazo de los helicópteros Lama y las aeronaves de enlace, entre otros quedaron guardados en algún cajón. Ni soñar con un reemplazo a los Mirage.

El escenario es malo, pero las perspectivas son aún peores. Con la posibilidad de que vuelvan quienes por doce años denigraron a los militares, que intentaron adoctrinarlos, que convirtieron a Fadea en un reducto de fanáticos políticos y una máquina de perder fortunas, el panorama que le queda por delante a las Fuerzas Armadas es desolador.

Difícilmente la crisis económica tenga una salida rápida si no se genera confianza en los mercados, y poca confianza puede generar un candidato que cambia de opinión cada mañana, rodeado de quienes pregonan el cierre de la economía, expropiaciones, quita de libertades, quienes está procesados e imputados por corrupción, y son defendidos por dictadores y terroristas.



¿Vale creerles cuando dicen que ahora serán distintos? ¿A quienes ya cambiaron de opinión incontables veces? ¿Vale creerle al lobo cuando se disfraza de oveja para ganar una elección?

Los militares cometieron muchos graves errores en el pasado, aunque no estuvieron solos en ellos, sino que fueron la punta de lanza de una gran parte de la sociedad y en muchos casos sus actos fueron la respuesta a sectores que actuaban de la misma manera. Pero esa realidad argentina (no solamente militar) quedó atrás hace 37 años y quienes cometieron esos errores hace rato que no tienen que ver con las Fuerzas Armadas.

En tiempos donde la república está en juego como tal, ante un partido cuyos integrantes y defensores abiertamente alaban a dictadores y asesinos, hablan de quitar libertades, eliminar a los medios de comunicación privados, someter a la justicia, modificar la constitución para perpetuarse en el poder y perseguir a todo el que se les oponga; en tiempos donde los jueces y periodistas se venden al poder de turno, ante esa falta de institucionalidad, coherencia y honestidad que existe en la mayor parte de los poderes republicanos, solo hay dos instituciones que pueden impedir el éxito de quienes quieren constituir una dictadura socialista. La primera es el voto de ciudadanos conscientes y que sepan mirar la imagen completa de lo que se viene, que va mucho más allá de lo económico. La segunda institución son las Fuerzas Armadas y de Seguridad, como últimos baluartes para defender la Constitución. Y eso, quienes pretenden tomar el poder, lo saben y actuarán para quitarlas del medio.

En países como Venezuela o Cuba se dedicaron a purgarlas y a corromper, a dividir y a perseguir a todos los que criticaban a los dictadores. Aquí se dedicaron a denigrarlas y aplastarlas para intentar hacerlas desaparecer. Eso es mucho más grave que la falta de políticas de defensa del actual gobierno o sus enormes desaciertos económicos (y en muchas otras áreas). Porque la economía se puede recuperar rápido y lo sabemos bien de las crisis pasadas. La institucionalidad, los derechos y las libertades no.

Hoy nos quejamos de la falta de medios y presupuesto de nuestras Fuerzas Armadas, pero estamos ante la posibilidad de iniciar una etapa en donde se intentará ir por su destrucción completa, o su transformación hacia organizaciones defensoras del régimen, como ocurre en las dictaduras socialistas latinoamericanas.

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Pucará Defensa

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