La Armada Argentina participó por primera vez con medios navales en el SIFOREX XIV

El destructor ARA “Almirante Brown”, con un helicóptero Fennec embarcado, integró junto a unidades de Perú y Estados Unidos un ejercicio centrado en guerra antisubmarina. La actividad se desarrolló frente a El Callao y permitió a la Armada Argentina recuperar entrenamiento específico en un área que considera estratégica, en un contexto sin submarinos propios operativos.
La Armada Argentina completó su participación en la XIV edición del Silent Force Exercise (SIFOREX) 2026, un ejercicio multinacional especializado en guerra antisubmarina que se desarrolló entre el 6 y el 9 de septiembre frente a las costas de Perú. Las actividades tuvieron lugar a unas 50 millas náuticas de El Callao y reunieron a medios navales y aeronavales de Argentina, Perú y Estados Unidos. También participaron oficiales observadores de Ecuador, Italia y Alemania.
Para la Armada Argentina, la edición de este año tuvo una particularidad: fue la primera participación de la fuerza con medios navales propios en el SIFOREX. El protagonista fue el destructor MEKO 360 ARA “Almirante Brown”, que operó con un helicóptero AS-555 Fennec embarcado y una dotación de más de 200 efectivos. Entre el personal argentino hubo oficiales especializados en guerra antisubmarina, submarinistas, sonaristas y especialistas en armas submarinas. También participaron integrantes de la Fuerza de Submarinos que se incorporaron a las tareas de Estado Mayor y a los equipos de planificación.
Entrenamiento frente a una amenaza difícil de detectar
El SIFOREX está orientado al entrenamiento de fuerzas navales frente a submarinos convencionales, cuya capacidad de operar de manera discreta constituye uno de los principales desafíos para las unidades de superficie y aéreas. Durante las jornadas de mar se practicaron procedimientos de búsqueda, detección, seguimiento, clasificación y ataque de blancos submarinos y de superficie, además de maniobras de evasión y coordinación entre unidades navales y aeronaves. En el caso argentino, la participación permitió poner a prueba procedimientos antisubmarinos en un escenario con características muy diferentes a las habituales del Atlántico Sur. El océano Pacífico frente a Perú presenta condiciones oceanográficas e hidrometeorológicas particulares. Durante el ejercicio, las unidades debieron operar con profundidades que van aproximadamente de 400 a 4.000 metros, temperaturas del agua cercanas a los 19 °C y características del fondo marino diferentes a las del Mar Argentino. Estas variables tienen un impacto directo sobre la guerra antisubmarina, especialmente en el desempeño de los sensores acústicos. Para los sonaristas, conocer el comportamiento del sonido en el agua es fundamental para interpretar correctamente los contactos y establecer una solución de seguimiento.
El componente peruano y el aporte estadounidense
La Marina de Guerra del Perú aportó al ejercicio al submarino convencional clase 209 BAP “Angamos”, además de las fragatas BAP “Bolognesi” y BAP “Aguirre”. El componente aeronaval estuvo integrado por aeronaves Fokker F50 y SH-3D Sea King. Estados Unidos, en tanto, participó con aeronaves P-8A Poseidon, una de las principales plataformas occidentales dedicadas a la patrulla marítima y la guerra antisubmarina. La combinación de buques de superficie, submarinos y aeronaves permitió plantear distintos escenarios tácticos y entrenar la coordinación entre plataformas con sensores y capacidades diferentes. Uno de los aspectos centrales fue el intercambio de información de comando y control prácticamente en tiempo real mediante sistemas de comunicaciones, con el objetivo de mejorar la coordinación entre las unidades participantes.
Recuperar y sostener capacidades
La participación argentina tuvo además una dimensión particular por la situación actual de la Fuerza de Submarinos. El comandante de la Fuerza de Submarinos de la Armada Argentina, capitán de navío Walter Darío Tigero, destacó que el ejercicio permitió recuperar entrenamiento específico en operaciones antisubmarinas en un período en el que la fuerza no cuenta con unidades propias operativas. “Puso a la Fuerza de Submarinos nuevamente a ejercitarnos en operaciones antisubmarinas”, señaló Tigero, quien consideró que participar junto a otras marinas permite mantener actualizada una capacidad que la Armada busca recuperar. Los submarinistas argentinos participaron embarcados en unidades extranjeras y en los equipos de planificación, lo que permitió mantener contacto con procedimientos y doctrinas utilizadas por otras fuerzas navales.
El ejercicio también sirvió para que personal argentino con experiencia submarina asumiera, desde un buque de superficie, el rol de localizar al submarino. “En vez de escondernos nos tocó asumir la función de encontrar al submarino”, explicó el suboficial primero Germán García, quien cuenta con dos décadas de experiencia como submarinista.




