La Fuerza Aérea Argentina y una decisión por la decadencia
- Santiago Rivas
- hace 6 minutos
- 6 min de lectura
Por Santiago Rivas
Pocas veces escribo editoriales críticos hacia la conducción de la defensa, pero a veces considero muy importante no quedarse callado cuando las cosas se hacen mal, sea por incompetencia o por decisiones explicitas que atentan contra las fuerzas, y así lo he hecho en varias oportunidades a lo largo de los años. En este caso, planteo una situación que esta semana nos tocó vivir a los principales medios de defensa de la Argentina. Algunos prefirieron callar porque consideran que no tiene sentido hacer nada, pero otros preferimos ponerlas sobre la mesa y darlas a conocer, ya que se trata de acciones que afectan a una institución pública de nuestro país y, por ende, afectan de manera directa o indirecta a la totalidad de la población.
La realidad de la Fuerza Aérea Argentina es tal vez una de las más críticas en su historia. A pesar de la incorporación de los F-16 gracias al excelente trabajo de un pequeño grupo de miembros de la fuerza y del sector civil, la operatividad de todo el resto de la fuerza es prácticamente nula, con casi toda su flota de entrenadores y transportes en tierra, con procesos de modernización frenados por completo, sin firmar contratos de mantenimiento ni comprar repuestos, con unidades que prácticamente no vuelan y sistemas de armas exigidos al máximo, como el caso de los C-130, que experimentan fallas cada vez más recurrentes, arriesgándose a que ocurra una tragedia, como si el accidente del A-4AR del 15 de julio de 2024 en el que murió el capitán Mauro Testa La Rosa, causado por negligencia de quienes debían darle seguridad a la operación de la aeronave y su piloto, y donde la cúpula de la fuerza decidió proteger a los responsables, no haya sido suficiente.
Esta realidad, donde la fuerza prácticamente no tiene ninguna capacidad para cumplir sus misiones, se debe en parte a la falta de presupuesto y a una enorme falta de planificación y decisión, pero también se debe en una gran medida a la pésima comunicación que lleva adelante la fuerza para convencer a quienes toman las decisiones sobre la importancia de invertir en la defensa del espacio aéreo y, cuando se hace el reparto de los fondos a través de la ley de presupuesto, otorgarle una mayor parte y que se puedan recuperar capacidades. Pero esta falta de comunicación no se debe solo a incompetencia, sino también a una decisión deliberada de que así sea.

En este sentido, cuando en 2025 se me pidió que asesore al Ministerio de Defensa para elaborar un plan de comunicación para generar conciencia en la sociedad y los tomadores de decisiones sobre la importancia de la defensa, una de las muchas propuestas fue organizar eventos con la prensa para mostrar las capacidades y las necesidades de las fuerzas, con el objetivo de comunicar para qué tenemos defensa, por qué hay que invertir en ellas y qué es lo que hacen las Fuerzas Armadas. Por esa razón, hace algunos meses se decidió organizar un día de prensa en el Área de Material Río Cuarto para mostrar a los medios los F-16 y sus capacidades, lo cual fue pospuesto en repetidas oportunidades por razones desconocidas y finalmente realizado el pasado 29 de julio. Sin embargo, por decisión expresa del secretario general de la Fuerza Aérea Argentina, se ordenó que no se podían invitar a Pucará Defensa, Zona Militar, Nicolás Promanzio (por Línea Roja y Radar Austral) ni Andrei Serbin Pont (por Infobae), los cuales reúnen a la casi totalidad de la audiencia especializada de la Argentina y también del resto de América Latina y que incluyen a los únicos ciudadanos que se dedican profesionalmente a tiempo completo para difundir la defensa y convencer a la sociedad y a quienes toman decisiones sobre la importancia de la misma. También son los periodistas a quienes acuden los medios masivos cuando necesitan información independiente sobre cuestiones de defensa. El resultado, el público especializado (y también el público masivo) no pudo contar con información de calidad sobre lo que realiza la Fuerza Aérea Argentina.
La decisión, cuyas razones no fueron explicadas, aunque se nos informó de manera extraoficial sobre la misma ya hace algunas semanas, atenta de manera directa y deliberada contra la propia fuerza, en momentos en que vive una situación extremadamente crítica y cuando hay un enorme descontento de oficiales, suboficiales, soldados voluntarios y personal civil por el estado de la institución de la que forman parte y los desaciertos de la conducción en los últimos años. La decisión de no comunicar o de comunicar mal de manera expresa, es un hecho muy grave, ya que una mala comunicación lleva a decisiones equivocadas por parte de aquellos que deben definir el futuro de nuestra defensa.
La asignación de fondos y la sanción de normas que hacen a la defensa se llevan adelante cuando quienes saben sobre la importancia de la misma pueden convencer a quienes toman decisiones y que no conocen del tema, sobre por qué deben darle relevancia y por qué deben asignarle fondos. Esto lo explicamos claramente en este artículo de 2022: https://www.pucara.org/post/no-hay-defensa-si-la-defensa-no-comunica, donde destacamos que “la principal razón de la desinversión en defensa radica en un único aspecto: el comunicacional.
Hoy las Fuerzas Armadas no cuentan con capacidades y eso se debe a la falta de financiamiento y apoyo político, que se debe, a su vez, a que, desde la política y varios sectores de la sociedad, como los medios de comunicación masivos, no se considera relevante a la defensa. Como la sociedad no comprende para qué está la defensa, no la incluye en su agenda a la hora de elegir autoridades y, por ende, los políticos tampoco la toman en cuenta. Y eso ocurre porque nunca se explicó correctamente a esos sectores por qué la defensa no solo es relevante, sino por qué es fundamental para el crecimiento y desarrollo de una nación”. Esta situación llevó a que algunos pocos comunicadores especializados decidiéramos acercarnos a quienes podían tomar decisiones para intentar generar un cambio, a través de convencerlos de la importancia de la defensa.
En ese mismo artículo destaqué las palabras del coronel John A. Warden III de la USAF sobre la profesión del poder aéreo en el libro Air Power Applied, editado por el coronel noruego John Andreas Olsen en 2017, el cual es uno de los textos más destacados de la doctrina del empleo del poder aéreo actual. En dicho capítulo, Warden explica qué debe tener un profesional del poder aéreo en el siglo XXI y dice: “El cuarto campo de conocimiento importante para el profesional del poder aéreo es el marketing. El término tiene un significado técnico en los negocios, donde se centra en el desarrollo de la conciencia de marca y la demanda de un producto, y un significado general menos preciso de ‘vender’. La educación militar profesional rara vez incluye el marketing, y la cultura militar de la jerarquía tiende a suprimir la exuberancia natural y la persistencia del buen comercializador y vendedor. Sin embargo, si el profesional del poder aéreo debe obtener financiamiento y apoyo para un producto que no se entiende o aprecia bien, entonces la experiencia en los mecanismos para desarrollar apoyo y financiamiento es fundamental.
(…) La invención es necesaria, pero roza lo inútil sin un buen marketing. La exhortación del siglo XIX ‘Construye una mejor ratonera y el mundo abrirá un camino hacia tu puerta’ parecería una perogrullada, pero de hecho rara vez, si es que alguna vez, es precisa. El mundo no abrirá ningún camino hacia ninguna puerta si ignora lo que hay detrás de la puerta o no entiende o cree que la nueva ‘trampa para ratones’ llena alguna necesidad importante insatisfecha a un precio atractivo”.
Esto, que es indiscutido en el ámbito privado, es algo que no solo se deja de lado en la defensa, sino que sabemos de casos donde se ha menospreciado o hasta castigado a oficiales y suboficiales que desean comunicar y explicar a la sociedad por qué hacen lo que hacen.
El actual gobierno es el primero en más de 40 años que ha considerado relevante a la defensa y eso se ha debido casi exclusivamente porque ha prestado atención a algunos comunicadores de la defensa que han insistido de manera directa frente a quienes toman decisiones sobre por qué es importante la defensa. Pero esto no alcanza si son las autoridades de las fuerzas quienes atentan contra esta comunicación y atentan contra quienes realizan el trabajo de convencer a los gobernantes sobre por qué deben prestarle atención a la defensa.
Es relevante también porque algunos de aquellos que fuimos excluidos de manera deliberada por el secretario general, entre 2023 y comienzos de 2024 fuimos convocados para asesorar al partido que hoy gobierna, tanto durante la campaña presidencial como en los primeros meses de gobierno, para dar una opinión independiente, fuera de la Fuerza Aérea, sobre la justificación o no de la compra de los F-16, ayudando a convencer a muchos funcionarios de que había que seguir adelante y firmar la compra de aquellos aviones que ahora pueden mostrar.
Esta realidad de la Fuerza Aérea Argentina en cuanto a su mala comunicación no es nueva y ya en 2018 había publicado un editorial similar a este, lo cual llevó a que el brigadier Amrein, entonces titular de la fuerza, tome conocimiento de la situación y actúe, generándose a partir de entonces un cambio notorio en la comunicación, el cual fue continuado por el brigadier Isaac hasta diciembre de 2023, pero luego abruptamente terminado por decisión del brigadier Mengo, quien luego fuera echado de la fuerza acusado de corrupción. Desde entonces, la comunicación de la fuerza siguió siendo catastrófica y enfocada principalmente en impedir la realización de cualquier reportaje que muestre lo que hace la fuerza y su gente, como si fuera un intento deliberado por acentuar la decadencia.
