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La mafia turca se suma al ataque del Kremlin en Europa

hace 44 minutos
8 min de lectura

Por Ignacio Montes de Oca


Una investigación internacional liderada por agencias de seguridad europeas puso al descubierto un giro drástico en las tácticas de guerra híbrida de Rusia. De acuerdo con fuentes independientes de la revista Der Spiegel, los servicios de inteligencia de Moscú subcontrataron a la banda mafiosa turca conocida como” Los Dalton” para ejecutar operaciones de sabotaje de alto impacto en territorio de la Unión Europea.

Esta estrategia busca evitar el despliegue de agentes de inteligencia oficiales como la unidad 29155 del servicio de inteligencia militar ruso (GRU), garantizando la denegación plausible al recurrir a la delincuencia organizada.

El evento central de la investigación ocurrió el 23 de septiembre de 2026 en la localidad de Wola Krobowska, unos 40 kilómetros al sur de Varsovia, Polonia. Dos individuos rociaron acelerante y prendieron fuego a un armario de control y generadores de una estación terrestre de Starlink operada por la firma Exatel. Los bomberos controlaron el fuego rápidamente y la estación reanudó operaciones poco después, pero las alarmas geopolíticas se activaron.

El dato más revelador surgió de la investigación sobre la preparación del ataque. La Agencia de Seguridad Interna de Polonia informó el 16 de octubre que había identificado a una persona sospechosa de realizar tareas previas de reconocimiento de la estación. Según el organismo, tomó fotografías y videos de las instalaciones y de sus medidas de seguridad y envió el material mediante Telegram.

Esta instalación funciona como un enlace o "hub" de datos de internet crucial para Ucrania, cuyo ejército depende de la red satelital de SpaceX para coordinar su defensa y comunicaciones frente a la invasión rusa. El primer ministro polaco, Donald Tusk, calificó directamente el sabotaje como un acto de guerra híbrida.

Gracias a órdenes de detención europeas de la fiscalía polaca, la policía de Baden-Wurtemberg (Alemania) detuvo el 12 de octubre en la estación de trenes de Nürtingen a dos ciudadanos turcos: Ümit E. (38 años) y Müslüm T. (34 años). Las investigaciones señalan que ambos ingresaron desde Berlín en un vehículo con matrícula alemana, perpetraron el ataque incendiario y huyeron inmediatamente de regreso. Un tercer sospechoso que actuaba como conductor quedó registrado en Berlín-Staaken pero las autoridades lo liberaron por falta de pruebas concluyentes.

Las agencias de inteligencia occidentales afirman que los detenidos pertenecen, o recibieron contratos directos de “Los Dalton”, una de las bandas más violentas y de rápida expansión en Europa (integrada principalmente por jóvenes nacidos a partir del año 2000), vinculada previamente al narcotráfico, extorsión y asesinatos selectivos en Turquía y Alemania.

La pieza clave que une a este grupo criminal con Moscú es su fundador y principal líder, Beratcan Gökdemir, alias "Can Dalton". Gökdemir huyó de Turquía tras la persecución de la justicia de su país y la policía lo detuvo en Rusia en 2024. A pesar de que el gobierno de Turquía solicitó formalmente su extradición por múltiples cargos de asesinato y crimen organizado, las autoridades rusas rechazaron la entrega.

Según los informes de inteligencia alemanes, el Kremlin le permitió operar libremente bajo su protección dentro de fronteras rusas para cobrarle el favor mediante su red delincuencial en Europa Occidental como "fuerza de choque" mercenaria, evidenciando además la compleja relación diplomática y de seguridad entre Turquía y la OTAN.

La rivalidad interna de la mafia turca también salpicó a territorio español. El pasado 22 de septiembre de 2026, un destacado objetivo del narcotráfico internacional, Ümit Yalçın (apodado "El Gitano"), fue atacado por un sicario en la terraza de un restaurante del Muelle Uno de Málaga, España. Yalçın, vinculado a la banda rival “Los Casper” (Casperlar), recibió un disparo a quemarropa en el rostro. Sobrevivió y sigue en estado grave, pero cuentas de redes sociales vinculadas a “Los Dalton” celebraron el ataque con mensajes como "La venganza se consumó".

El ataque responde a una guerra de mafias que comenzó tras el asesinato previo de Caner Koçer (miembro de los Dalton) en Alicante en 2025. Días después de este suceso, una confusión de los sicarios turcos en la misma ciudad de Málaga costó la vida a un joven obrero de la construcción totalmente ajeno al crimen organizado.

Hasta mediados de 2026, el sabotaje ruso en Europa dependía de delincuentes comunes de bajo nivel reclutados por internet por sumas pequeñas de dinero para tareas menores y sin conocimiento de los autores intelectuales.

Sin embargo, el ataque a Starlink confirma un cambio de estrategia del espionaje ruso hacia el contrato de estructuras criminales profesionales plenamente organizadas para infligir daños severos a infraestructuras críticas civiles y comerciales, según evaluaciones del Centro de Análisis de Amenazas Híbridas de la Unión Europea.

Esta ofensiva contra la red satelital europea tuvo una réplica casi inmediata en Bulgaria. A comienzos de octubre de 2026, un grupo de atacantes incendiarios destruyó 11 de las 17 antenas de la estación terrestre de comunicaciones de Plana, a unos 20 kilómetros al sur de Sofía, según denunciaron legisladores búlgaros y reportó la investigación periodística de The Insider.



La instalación en Bulgaria, junto con la estación de Wola Krobowska en Polonia, ancla la cobertura de Starlink utilizada para las comunicaciones militares ucranianas. Tras la confirmación del incidente por parte del primer ministro búlgaro, Rumen Radev, y la Agencia Estatal de Seguridad Nacional (SANS), los servicios de inteligencia investigan la implicación de Moscú en este segundo ataque directo contra la infraestructura crítica de SpaceX en Europa.

Las agencias de inteligencia occidentales estiman que hasta un 95 % de los implicados en sabotajes rusos en Europa carecen de vínculos formales con el espionaje de Moscú. A través de la táctica de reclutamiento de "agentes descartables", el servicio de inteligencia militar ruso (GRU) utiliza intermediarios, redes sociales, plataformas de mensajería cifrada como Telegram y pagos en criptomonedas para contratar a ciudadanos locales con vulnerabilidades económicas o antecedentes criminales.

En el verano de 2025, un tribunal checo condenó a Andrés Alfonso De la Hoz de la Cruz, un ciudadano colombiano de 27 años que residía localmente por provocar un incendio en una cochera de autobuses urbanos en Praga. El atacante roció combustible sobre tres unidades, inició el fuego y filmó el siniestro con su teléfono móvil como prueba del éxito de la operación antes de su huida.

La policía lo detuvo dos días después, cuando ya planificaba un segundo atentado incendiario contra un complejo de salas de cine en la capital checa. El juez le impuso ocho años de prisión tras comprobar que un operador ruso le prometió un pago de 3.000 dólares en criptomonedas por realizar los atentados.

Por otra parte, las autoridades de Lituania desarticularon en septiembre de 2024 un plan coordinado por una célula multinacional de seis personas. El agente coordinador designado por Rusia fue el ciudadano cubano Oemis Romagosa Durruthy.

En esta operación la policía identificó con precisión la participación penal de dos ciudadanos extranjeros adicionales de paso en Europa: un español, un colombiano y un cubano pretendían prender fuego a instalaciones de almacenamiento tecnológico en la ciudad de Šiauliai. El objetivo eran estaciones móviles de análisis del espectro radioeléctrico destinadas al ejército de Ucrania.

El primer intento ocurrió durante la noche del 16 al 17 de septiembre de 2024. En esa ocasión, dos de los implicados de nacionalidad española intentaron prender fuego a las estaciones móviles de análisis de espectro radioeléctrico, pero abortaron la misión y huyeron hacia Riga (Letonia) debido a la aparición inesperada de transeúntes en la zona.

El segundo intento tuvo lugar pocos días después, el 22 de septiembre de 2024, cuando otros miembros de la célula delictiva intentaron el ataque incendiario en el mismo lugar. Al día siguiente, el 23 de septiembre, una ciudadana cubana que viajó desde Rusia para evaluar los daños cayó arrestada por las autoridades lituanas en el sitio. Las instalaciones albergaban escáneres móviles avanzados de análisis del espectro radioeléctrico, financiados por la Unión Europea para su envío a las Fuerzas Armadas de Ucrania.

El plan, frustrado en su fase final por el Departamento de Seguridad del Estado de Lituania (VSD), consistía en un ataque incendiario masivo mediante el uso de cócteles molotov para destruir los almacenes industriales.

La fiscalía general lituana y la investigación internacional de la Unión Europea de Radiodifusión (EBU) confirmaron que agentes vinculados al GRU coordinaron el complot directamente desde Rusia, empleando además a un ciudadano ruso y un bielorruso en la estructura de soporte.

Los acusados recibieron el contacto mediante plataformas de búsqueda de empleo y foros de voluntariado, en una escalada desde tareas sencillas de vigilancia fotográfica hasta el intento de sabotaje industrial.

El 9 de mayo de 2024 un artefacto incendiario estalló en un gran almacén de IKEA en Vilna, Lituania. El ataque coincidió deliberadamente con el 9 de mayo, fecha en la que Moscú celebra el Día de la Victoria.

El autor material fue un joven reclutado localmente, a quien la policía interceptó días después en un autobús con destino a Riga, mientras transportaba materiales para fabricar una nueva bomba.

En octubre de 2025, un tribunal de Polonia sentenció a tres miembros de esta misma célula logística de ciudadanos ucranianos a penas de prisión de hasta cinco años y seis meses por delitos de sabotaje y pertenencia a banda criminal bajo directrices extranjeras.

La investigación determinó que los coordinadores de la GRU emplearon a un ciudadano ruso, Oleksiy Kolosovsky, como el intermediario encargado de contactar a los ejecutores en foros de internet y ocultar dinero y detonadores en estaciones de tren europeas.

El fenómeno tampoco se limita a los incendios. Las autoridades europeas han advertido sobre ciberataques, operaciones de reconocimiento, sabotajes contra infraestructuras y otras acciones que buscan debilitar el apoyo a Ucrania y sembrar desconfianza entre los aliados de Kyiv. En octubre de 2026, Associated Press informó que funcionarios occidentales contabilizaban más de 210 incidentes de sabotaje y otras actividades hostiles que relacionaban con Rusia desde la invasión a gran escala de Ucrania, iniciada en febrero de 2022.

La cifra reúne episodios de distinta naturaleza y diferentes grados de atribución: no significa que más de 210 operaciones hayan sido probadas judicialmente como órdenes directas del Kremlin. Sin embargo, si en cada investigación que avanza surge una pista que conduce a Rusia, sería necio apuntar en otras direcciones.

La ventaja para quienes organizan estas acciones es evidente. Un agente profesional puede ser identificado como integrante de un servicio de inteligencia y provocar una crisis diplomática. Un delincuente contratado por internet, en cambio, puede ser presentado como un criminal aislado.



Si se evita por cuestiones políticas profundizar en la identidad de sus superiores, reconstruir la cadena de mando se vuelve mucho más difícil. Mas aún si los pagos pueden circular mediante intermediarios y criptomonedas; las órdenes, por aplicaciones de mensajería; y los ejecutores pueden ser sustituidos con rapidez cuando una operación fracasa.

La posible participación de Los Dalton le suma un componente nuevo a ese cuadro: la utilización de una organización criminal con capacidad propia de violencia, contactos internacionales y experiencia en actividades clandestinas.

Esas estructuras veteranas en los métodos ilegales, con conexiones transnacionales y financiamiento diversificado puestas al servicio del Kremlin, pueden reforzar tanto el nivel de desafío para Europa, como el nivel de riesgo criminal. Operar junto a GRU y recibir su cobertura externa y apoyo tecnológico, puede potenciar sus otras actividades ilícitas. El peligro va mucho más allá de una mera cuestión geoestratégica o el conflicto en Ucrania.

La moraleja es que los ataques rusos no deben esperarse necesariamente de agentes llegados del exterior o de miembros de la comunidad rusa local. El Kremlin está refinando sus métodos para que cualquier elemento marginal, organizado en mafias, grupos formados para la ocasión o un “lobo solitario” se convierta en instrumento de su guerra híbrida en el flanco oriental de la OTAN.

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