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La paradoja ucraniana

hace 4 minutos
3 min de lectura

 

Por Diego Bavio *

 

Hay una paradoja en el esfuerzo bélico ucraniano que merece mucha más atención.

Ucrania ha desarrollado uno de los ecosistemas de drones más innovadores y sofisticados de la guerra moderna. Millones de UAV, sistemas de ataque cada vez más complejos, capacidades de ataque en profundidad y una extraordinaria velocidad de adaptación han transformado el nivel táctico de la guerra.

Pero innovación táctica no es lo mismo que efecto estratégico.

La pregunta central no es cuántos blancos rusos puede destruir Ucrania con sus drones. La pregunta es si esa ventaja tecnológica puede modificar la ecuación operacional: recuperar la iniciativa, recuperar la maniobra, alterar el balance de fuerzas y, finalmente, construir una posición de negociación más fuerte.

Hasta ahora, no lo ha conseguido.

Los drones ucranianos han hecho que el avance ruso sea extraordinariamente difícil y costoso. Han contribuido a impedir rupturas y han impuesto un enorme nivel de desgaste. Pero todavía no han producido el efecto operacional que Ucrania necesita para imponer sus propias condiciones.

Y esto genera una paradoja peligrosa:

Una fuerza militar puede volverse extraordinariamente innovadora para combatir una guerra defensiva mientras pierde progresivamente libertad de acción estratégica.

Aquí es donde resulta útil introducir el concepto de Military Learning Velocity (MLV): no solamente cuánto aprende una organización militar, sino a qué velocidad convierte la experiencia del combate en nuevas capacidades operacionales.

Y allí podemos observar una diferencia que merece ser estudiada.



Ucrania parece estar utilizando gran parte de su velocidad de aprendizaje para profundizar la defensa-defensiva: mejores drones, mayor precisión, mejores sistemas de reconocimiento, guerra electrónica, ataques en profundidad y nuevas formas de hacer más costoso el avance ruso, pero sin poder recuperar la capacidad de maniobra que le permita modificar la situación en el terreno.

Rusia, en cambio, parece estar utilizando su aprendizaje para intentar resolver un problema diferente: cómo recuperar la maniobra y abrir una ventana de oportunidad operacional dentro de un campo de batalla dominado por drones, sensores y fuegos de precisión.

La diferencia es sutil, pero estratégica.

Un ejército puede aprender a defenderse mejor. Otro puede aprender a romper mejor la defensa.

Rusia, mientras tanto, no está simplemente esperando.

Moscú continúa experimentando con nuevas formas de recuperar la maniobra mecanizada y romper el carácter posicional de la guerra. El fracaso de un ataque no necesariamente significa el final del esfuerzo ruso; puede convertirse en otra iteración dentro de un ciclo de aprendizaje.

Y aquí aparece el verdadero peligro.

Ucrania no necesita necesariamente perder cientos de kilómetros para que la dinámica de la guerra cambie radicalmente. Una ruptura operacional suficientemente profunda podría ser suficiente para alterar la coherencia del sistema defensivo y desencadenar una sucesión de repliegues.

Una defensa puede absorber pérdidas durante meses. Una defensa que pierde su coherencia operacional puede desintegrarse muy rápidamente.

Y si Rusia consigue abrir esa ventana, el objetivo ya no sería simplemente conquistar territorio.

Sería transformar una ventaja operacional en una ventaja estratégica.

Porque una ruptura puede afectar simultáneamente las líneas logísticas, los puestos de mando, las reservas, la artillería, las comunicaciones y, sobre todo, la capacidad del defensor para decidir dónde y cómo combatir.



Y esto también cambia completamente la cuestión de la negociación.

El objetivo estratégico de Ucrania no debería ser simplemente demostrar que puede seguir resistiendo. Debería ser demostrar que puede crear una situación militar en la que Rusia tenga más que perder continuando la guerra que sentándose a negociar.

Porque si Ucrania llega a un punto en el que solamente puede decir “podemos seguir resistiendo”, mientras Rusia puede responder “podemos seguir atacando y además estamos aprendiendo a hacerlo mejor”, la relación de fuerzas negociadora comienza a cambiar.

La cuestión decisiva, por lo tanto, no es si Ucrania puede continuar resistiendo. Es si todavía puede utilizar su capacidad de aprendizaje para generar una nueva ecuación operacional antes de que Rusia consiga generar esa ventana de oportunidad.

Porque si no lo consigue, puede producirse una paradoja todavía mayor:

Ucrania podría estar utilizando una elevada velocidad de aprendizaje para perfeccionar una defensa que, precisamente por ser solamente defensiva, no le permite recuperar la iniciativa.

Mientras tanto, Rusia podría estar utilizando su propia velocidad de aprendizaje para encontrar la forma de convertir una guerra posicional en una guerra de maniobra.

La pregunta decisiva no es quién aprende más rápido, sino quién está utilizando ese aprendizaje para modificar la ecuación estratégica.

Y si lo consigue, la consecuencia no será solamente territorial. Será estratégica.

 

* Diego Bavio es Licenciado en Seguridad y analista en geopolítica, defensa y seguridad. Ha desarrollado su actividad profesional en distintos países de América Latina, experiencia que complementa su trabajo de investigación sobre estrategia, innovación militar, defensa nacional y seguridad regional. Sus publicaciones abordan la transformación del poder militar contemporáneo, la planificación estratégica y los desafíos de la competencia entre Estados en el siglo XXI.

 

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