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Los combatientes de Neptuno - Buzos Tácticos en la Armada Argentina

Visitamos la Agrupación Buzos Tácticos de la Armada Argentina, una de las unidades de Fuerzas Especiales de la fuerza y con algunas de las tareas más intrépidas y difíciles para llevar a cabo.


Por Santiago Rivas



La experiencia de los buzos tácticos italianos en la Segunda Guerra Mundial, con sus ataques exitosos por parte de la Xma. Flotiglia MAS (Decima Flottiglia Mezzi d’Assalto - Décima Flotilla de Vehículos de Asalto) contra buques aliados en Alejandría, Gibraltar y otros puertos, llevó al interés de la Armada Argentina por adquirir dichas capacidades, en tiempos en que el gobierno argentino pugnaba junto a las fuerzas aliadas por captar a todos los “cerebros” de los países derrotados del eje. Así, en 1947 arribó al país Eugenio Wolk, uno de los veteranos de la Xma. Flotiglia.

Wolk era de origen ruso, aunque luego de la revolución de 1917 emigró a Italia y en 1936 ingresó a la Regia Marina, participando en la Guerra Civil Española y desde 1940 en la Flottiglia MAS, luego Xma. Flottiglia, donde en 1941 creó la especialidad de buzos de asalto, el Grupo "Gamma".



Una vez en la Argentina le fue asignado el suboficial Marcelino Sotura como su ayudante, el cual fue el primero en formarse en el país en buceo autónomo, el cual fue seguido por otros oficiales y suboficiales en los años siguientes.

Sin embargo, fue recién en 1952 que la Armada Argentina, convencida de la necesidad de formar buzos tácticos de manera formal, lanzó el primer curso, a cargo de Wolk y Sotura, que finalizó el 17 de noviembre de ese año. Por ese entonces se empleaban los primeros equipos de circuito cerrado Pirelli.


Primer grupo de buzos tácticos en un submarino. Eugenio Wolk está en el centro y Marcelino Sotura el primero de la derecha.

En ese entonces se crean dos unidades, una que dependía de la Flota de Mar en Puerto Belgrano y otra que dependía de Río Santiago. Según explica el capitán de fragata Alejandro Ojeda, actual comandante de la Agrupación Buzos Tácticos, “la Armada en ese entonces todavía tenía dos grandes focos, era muy importante la parte del Río de la Plata, por lo que se destaca una unidad para Río Santiago, y la otra queda embarcada en el buque de desembarco ARA Cabo San Bartolomé. Ahí se genera la capacidad de relevamiento, remoción de obstáculos y marcado de playas para los desembarcos”.

En 1966, sin embargo, se ordenó el traslado de la unidad de Río Santiago a la Base Naval Mar del Plata, en un primer paso para que todo lo relacionado con lo subacuo esté en dicha base, donde también estaba Centro de Instrucción y Adiestramiento en Salvamento y Buceo (hoy actual Escuela de Buceo), los Buzos de Salvamento y la Fuerza de Submarinos.



Para entonces, aún no tenían una unidad como tal, “nuestra concepción es de una unidad de superficie. Somos marinos especializados en buceo táctico” explica Ojeda. Para 1982 se tomó finalmente la decisión de unir las dos agrupaciones dentro de la Fuerza de Submarinos y todo pasó a quedar en Mar del Plata.


Operación Playa Vaca

La primera participación de Buzos Tácticos en una operación real fue durante el bloqueo a Cuba durante la Crisis de los Misiles en octubre de 1962, aunque solamente el personal estuvo embarcado en los buques desplegados y no tomó parte en acciones de interdicción.

Mientras tanto, en 1966 se realizó, junto a personal de la Compañía de Exploración y Reconocimiento Anfibio, la Operación Playa Vaca en las Islas Malvinas. El entonces Comandante de la Agrupación Buzos Tácticos teniente de navío Omar Lodigiani secundado por el teniente de corbeta Oscar García Rabini a cargo de su sección de infantes de marina, embarcaban con su personal en los primeros días de octubre en el submarino ARA Santiago del Estero, pocos días después de que, el 28 de septiembre, un comando civil había secuestrado un avión de Aerolíneas Argentinas y aterrizado en Malvinas, en la llamada Operación Cóndor.

El submarino se dirigió a las islas, donde los buzos y los comandos desembarcaron en kayaks para reconocer la zona de Playa Vaca, al norte de Puerto Argentino, y establecer la factibilidad de la misma para un desembarco. Se hicieron dos incursiones nocturnas y luego regresaron a Mar del Plata. Curiosamente, el segundo comandante del submarino era el capitán de corbeta Lombardo, que luego dirigió la Operación Rosario en 1982.



Antiminado

En esos años, la Armada incorpora la capacidad de antiminado, no solo con los barreminas y los cazaminas, sino que se suma un tercer elemento; buzos de antiminado. “Se capacita un pequeño grupo de buzos tácticos para desempeñarse como GAM, Grupo de Apoyo Antiminado, que inicialmente va a Puerto Belgrano a depender del Comando Naval Anfibio, que tenía a cargo a los cazaminas y al GAM, ellos embarcaban en función de las operaciones que se realizaban. Con el pasar del tiempo ese grupo después no se disuelve, pero se vio la necesidad de mantener a la gente dentro de la agrupación, por una cuestión de adiestramiento, ello hace que se decida traerlo a Mar del Plata, como parte de la unidad” explica Ojeda.



Malvinas

En Malvinas, la Agrupación tuvo preponderancia en la Operación Rosario en dos tareas: Una era formar parte de la patrulla integrada que iba a la casa del gobernador para la rendición de las islas, era una patrulla integrada entre Buzos Tácticos y Comandos Anfibios. Al momento de irrumpir en la casa se encuentran que estaba muy defendida, toman la decisión de ir al asalto para dar la rendición y en el asalto el primero en caer es Giacchino y el que lo secundaba era García Quiroga, que cae con heridas de menor gravedad. Mientras tanto el Comandante de la agrupación, estaba el submarino ARA Santa Fe con otro grupo de buzos tácticos que desembarca para hacer el marcado de playa, el guiado y permite que la Infantería de Marina comience su arribo. Posteriormente, una vez que ya se establece la cabecera de playa, ese mismo grupo va hacia uno de los faros y al aeródromo para asegurarlo. Después quedó un grupo en la isla, en Puerto Argentino, en apoyo en tareas de buceo, pero al final no fue utilizado” cuenta Ojeda.

Anteriormente, otra patrulla integrada, junto a Comandos Anfibios, con seis elementos de cada agrupación, había viajado en el ARA Bahía Paraíso y desembarcado en las Georgias en Puerto Leith en la noche del 25 de marzo, para brindar seguridad a los obreros que estaban desguazando una factoría ballenera allí, ante la amenaza británica de sacarlos por la fuerza.


Otras operaciones

Posteriormente a la guerra, en 1991 personal de la Agrupación se embarcó en los buques que tomaron parte del bloqueo a Irak durante la Guerra del Golfo, para hacer operaciones de interdicción y Visita, Registro y Captura (VRC) de embarcaciones. Durante dicho despliegue hicieron varias visitas y registros, aunque no fue necesario hacer capturas. “Dentro de un área de interdicción se publica quiénes pueden pasar, con qué mercancías y demás. Entones, cuando viene un barco sospechoso se lo intima mediante radiocomunicación y generalmente se lo desvía, y si tiene intención de pasar se hace la visita para asegurarse de que cumpla con la normativa” explica Ojeda.



Actualidad

Con la creación del Comando Conjunto de Operaciones Especiales se emitió un requerimiento del Estado Mayor Conjunto para el tipo de operaciones que debía realizar la Agrupación y eso reguló las actividades y cómo tienen que organizarse. La Armada tiene, dentro del Comando de Adiestramiento y Alistamiento, una división que se encarga de centralizar los requerimientos y coordinar el adiestramiento, mientras que luego cada agrupación tiene su organización y adiestramiento particular. “Dentro de nuestra organización estamos organizados en varios grupos operativos, uno se encarga de lo que es asalto naval, la recuperación de unidades navales o unidades en el mar, otro está dedicado a las tareas de buceo de combate y otro a operaciones terrestres. Este último es un grupo más especializado, por si tiene que dedicarse a recuperación de rehenes, algo muy particular. Después se suman las embarcaciones de asalto, que tiene el minisbumarino y las lanchas” describe Ojeda.

La Agrupación de Buzos tácticos está organizada por la parte operativa y la parte logística. En la parte logística hay algunos Buzos que ya no operan, pero si apoyan, y personal que no tiene la capacitación, como cocineros, personal administrativo y de mantenimiento. Dentro de la parte operativa son todos buzos tácticos.



Interdicciones

El primer grupo apoya las interdicciones y actualmente están apoyando a la División de Patrullado Marítimo en la Zona Económica Exclusiva. “Formamos parte de las dotaciones de VRC y a su vez de las dotaciones de asalto. La dotación de VRC se encarga de hacer la visita y, en caso de que sea necesario, la captura. Si las condiciones en la unidad que se está visitando elevan el nivel de violencia o las condiciones de seguridad no son aptas para que el grupo pueda embarcar y hay intención de no solo impedir, sino de tratar de dañar a las personas, ahí actúa el grupo de asalto. Es un grupo más preparado. Las dotaciones de VRC, algunos buques son parte de la dotación y en otros, como los OPV, son un grupo aparte que embarca para hacer esa tarea. El grupo de asalto busca disminuir el los daños colaterales y bajar el nivel de violencia para recuperar el control de la unidad. Lo mismo sucede si hay un incidente y hay una toma de rehenes, o algo que requiera una tarea quirúrgica” explica Ojeda.

En estas operaciones, así como en tomas de rehenes y otras, emplean snipers, para lo cual cuentan con un grupo específico que actualmente está en Puerto Belgrano, que emplean los nuevos Daniel Defense Delta 5 calibre .308 y los viejos Mauser de tirador especial.

Dentro de los snipers, la particularidad es que este año lanzamos nuestro primer curso de formación, generalmente los enviamos a formar a otras fuerzas. Lo hacían tanto con la Division Halcon de la Policía Bonaerense como con el Ejército, pero vimos la necesidad de contar con un “sniper naval”. Necesita otras características, tiene que estar en capacidad de hacer un buen tiro desde una plataforma en movimiento a otra plataforma que también está en movimiento” explica Ojeda. Así, desarrollaron un curso específico para sus tiradores, aunque siguen capacitando al personal con otras instituciones, no solo en la parte de sniper, sino en cuestiones como la negociación en caso de tomas de rehenes, generalmente con el Grupo Halcón de la Policía Bonaerense.



Ataque subacuo

El Grupo de Ataque Subacuo es el elemento de la agrupación con la capacidad para poder atacar a buques fondeados, en puerto e instalaciones adyacentes al mar, ríos o cualquier espejo de agua. Aquellos marinos que logran terminar el curso de buzo táctico hacen sus primeros años a este grupo, en donde reciben las herramientas técnicas para desarrollarse luego en otras capacidades. “Adquieren destrezas en interdicción, recuperación de rehenes o hacen el curso de sniper. En los otros grupos ya tengo sniper designados para cada uno de ellos, una pareja como mínimo, para que apoyen a las operaciones”.

Además, son quienes mantienen la capacidad de antiminado, por parte de un grupo muy reducido. Debido a que los buques de guerra de minas se dieron de baja sin reemplazo, mientras no se adquieran nuevas unidades o elementos tecnológicos que permitan una tarea de antiminado se usan los buzos. “En la actualidad la tecnología ha alcanzado todos los aspectos de la vida cotidiana hasta la forma de hacer la guerra, pero el hombre siempre sigue siendo el factor desequilibrante. Es el que decide el éxito o el fracaso de una misión. Particularmente en lo que refiere a operaciones especiales a partir del 2000 se ha modificado mucho. Todas las operaciones eran de grandes volúmenes de personas, eran brigadas avanzando sobre el territorio y conquistándolo. Eso se revirtió con el tiempo porque la guerra moderna ha modificado muchísimo el criterio de cómo ingresar y casi todas se dieron en ciudades. Entonces se requirió que todo sea más específico y más quirúrgico y encontraron a los elementos de operaciones especiales como esencial para ir, golpear en un punto y salir. Y el resto de las fuerzas brindan la seguridad o establecen las condiciones para que esos grupos reducidos puedan entrar y salir” explica Ojeda.



Operaciones en tierra

Si bien ningún grupo deja de bucear, ya que utilizan el buceo como método de inserción, el Grupo de Ataque Subacuo lo utiliza para efectivizar la misión y los otros lo utilizan para ingresar y para infiltrarse de cualquier zona del enemigo.

Entre éstas está la capacidad de marcar una playa en un desembarco anfibio, “lo que hacemos en las tareas de relevamiento es determinar las capacidades que tiene una playa para ser desembarcada. Nosotros desembarcamos en la playa, recogemos la información, la analizamos y luego enviamos el informe, el que termina decidiendo es un comando superior, yo le doy la aptitud y él dice para qué. Y una vez que se determina en que playa se va a desembarcar, cuándo y cómo, vamos, marcamos la playa, guiamos a los primeros que desembarcan y esperamos el repliegue” describe Ojeda.



Formación

El curso comienza en la Escuela de Buceo de la Armada que depende del área de educación de la fuerza, con apoyo operativo de los Buzos Tácticos. Se hace un periodo de preselección al año anterior, donde todos los postulantes pasan por una semana intensiva, mediante actividades físicas y entrevistas psicológicas se va determinando las actitudes y aptitudes de los postulantes. A partir de ahí se la primera selección, se realiza una propuesta del personal y al año siguiente son destinados para realizar el curso.

Tiene varias etapas, la primera es buceo con aire, que es común de todos los buzos de la Armada y una vez finalizada pasan a un periodo de temple, una nueva prueba de aptitud psicofísica a la que son sometidos los cursantes. Se hace una segunda selección, donde se intensifican las actividades considerablemente y se inicia el buceo táctico. Los que superan esa etapa, que generalmente son muy pocos, comienzan la etapa de buzo de combate, el buceo con oxígeno. “Una vez que aprenden a bucear con los equipos de circuito cerrado que utilizamos, los formamos como buzos con capacidad de combate. Ahí están en capacidad de ingresar y egresar de un sistema enemigo buceando. Cuando aseguramos que esas personas buceen tres horas, que es el promedio de duración del equipo, pasamos a la segunda etapa, que es la formación como soldado” explica Ojeda.



Esta última etapa se debe a que los integrantes de la Agrupación no son infantes de marina, sino que son oficiales y suboficiales navales. “Una vez que pasan todas las etapas de operaciones terrestres también se incentivan las especializaciones en tiro, tareas de demolición, y después pasan a la última etapa, que es el comando subacuo, donde se lo lleva al extremo de las condiciones físicas y psicológicas para probarlo en algo que se asemeja al combate, para probar su reacción y la aptitud en situaciones críticas”, cuenta Ojeda. Toda esta parte dura 40 días, en los que no tienen contacto con el exterior y están continuamente cumpliendo misiones ficticias con un grupo de instructores que están evaluándolos y asistiéndolos. Es una situación controlada, pero de máximo estrés, donde una gran parte de los postulantes queda afuera del curso. El porcentaje de egreso es históricamente de un 25 por ciento.



Los buzos tácticos, si bien en algunas ocasiones usan equipos comunes de buceo con aire para respirar abajo del agua, en la mayoría de las operaciones usan un sistema de circuito cerrado, donde el anhídrido carbónico expirado pasa a través de un canister con cal sodada (una mezcla de hidróxido de calcio e hidróxido de sodio) en donde se se absorbe el anhídrido carbónico y separa el oxígeno, permitiendo volver a respirarlo. Esto no solo da una mayor autonomía al buzo, ya que va consumiendo muy lentamente su botellón de oxígeno (de un litro solamente), sino que, lo más importante es que evita expulsar burbujas que delaten su posición. El equipo mismo se regula para que el volumen de oxígeno que necesita el buzo sea siempre estable. Sin embargo, respirar continuamente solo oxígeno tiene sus riesgos, ya que el buzo puede intoxicarse y no todos fisiológicamente están preparados para hacerlo, lo cual deja afuera a aspirantes que reúnen todas las demás condiciones.



Finalizada la etapa de 40 días, que generalmente es a fin de año, el buzo ya está en condiciones de egresar. Los suboficiales tienen la especialidad de buceo con capacitación de buzo táctico y los oficiales siguen su especialidad, con la capacitación secundaria de buzo táctico, por lo que intercalan unidades de superficie con el trabajo en la agrupación.

Otra capacidad que sumaron en los últimos años es la de paracaidismo, lo cual aprenden con el Ejército, primero empezando con salto con apertura automática y luego manual y van avanzando, sumando el salto con el equipamiento de buceo. Normalmente los despliegues son en pequeños grupos, saltando desde gran altura con apertura manual y abriendo el paracaídas a baja altura.



El día a día en la Agrupación

Nuestro día empieza con adiestramiento físico y termina con lo físico. Quizá un poco más técnico, pero sigue siendo físico. Comienza con el adiestramiento físico terrestre, después alguna actividad acuática, y después tareas específicas en lo técnico: los buceadores hacen tareas de buceadores, los de asalto naval van a hacer sus ejercitaciones con las unidades y operaciones especiales van a sus tareas específicas de recuperación. Hay una parte intelectual, que es todo lo procedimental, y después toda la parte técnica y la más jugosa que es la ejercitación continua. Para eso tenemos una gran capacidad en Mar del Plata para poder adiestrarnos. Nosotros tenemos que estar en continuo movimiento por dos razones: Una es tener esa dinámica para rápidamente poder desplegarnos. Y la segunda es ir conociendo los lugares donde tenemos que operar e ir buscando diferentes ambientes. Muchas veces hemos operado en montañas. La realidad es que cuando nos encontramos en el litoral argentino tenemos una geografía bastante complicada. Puedo salir del agua en Ushuaia e ir a la montaña. O en la Isla de los Estados y tener montaña. Por esa razón todos tenemos una variedad de especialidades y cada 2 años mandamos gente a la montaña. Es muy importante el conocimiento que adquirimos con el Ejército en el manejo de cuerdas. Nosotros utilizamos cuerdas para descenso en un edificio o en un barco, hay que aprender la mejor técnica y la encontramos con la gente especializada del Ejército. Lo mismo en el monte. Las tareas nuestras son acuáticas, pero nada quita que podamos trabajar en el río. Salimos en el Paraná y nos encontramos con monte” describió Ojeda.

Las operaciones de buceo de combate consisten generalmente en ataques que pueden ser desde una unidad submarina, que es el elemento principal de inserción de la agrupación o por medio de algún otro medio, como un buque mercante o cualquier otra unidad que puedan llegar a utilizar para desplegar los Buzos. En las operaciones de ataque se emplean cargas de profundidad específicas para ataque subacuo, y dependiendo del efecto que se quiera lograr sobre la embarcación es el tipo de carga que se va a colocar. En el caso de ser necesario están en capacidad de poder improvisar explosivos para esas tareas.



Despliegue desde submarinos

Dependiendo del tipo de submarino es la capacidad que tenemos de despliegue. Cuando hacemos el escape del submarino utilizamos la garita de escape y dependiendo del submarino es la capacidad de gente que podemos embarcar y los grupos que podemos sacar. Particularmente, los TR1700 y los 209 tienen una capacidad de cuatro buzos en la garita más otros seis en el submarino. El submarino queda a plano de 18 metros y de ahí se comienza el escape. Los submarinos tienen la capacidad para que podamos alojar nuestros botes o equipos. Entonces salimos y armamos el bote, que es autoinflable. Sale el primer grupo, establece la seguridad, saca el bote, lo infla y espera al resto de los buzos” cuenta Ojeda. La garita está en la vela del submarino, dentro del casco resistente. La recuperación se hace de la misma manera, generalmente pinchando el bote para desinflarlo rápido.

Por otro lado, cuentan con dos minisubmarinos italianos, que poseen más de 50 millas de alcance. Son submarinos eléctricos y con capacidad de llevar una carga de profundidad, que se pueden utilizar como medio de combate o medio de transporte, pudiendo llevar dos personas, más otros ocho buzos colgados.

Normalmente los buzos operan en profundidades de hasta ocho metros, aunque en el caso de minado y desminado se utiliza otro equipo, de circuito semicerrado, que utiliza mezclas gaseosas que le van a permitir al buzo estar mayor cantidad de tiempo a mayor profundidad, con la menor cantidad de etapas de compresión en el ascenso. “Es una tarea más controlada. No es como el buceo de combate, es muy específica, es la remoción de un obstáculo” cuenta Ojeda.



Descompresión

En las profundidades que trabajamos nosotros no hay etapas de descompresión. Por el gas que utilizamos, que es el oxígeno puro, no es necesario descomprimir. En el caso de utilizar aire u otra mezcla, dependiendo de la profundidad, van a depender las etapas de descompresión, de qué manera uno tiene que ir ascendiendo para no tener ningún accidente. En caso de que alguno no cumpla con esas normas, como en una emergencia - a veces un buzo entra en emergencia porque se le rompió el equipo o tuvo un ataque -puede suceder que se genere una enfermedad de buceo. En ese caso, todas las etapas de descompresión que no se hicieron se van a hacer en superficie. Se hacen en una cámara hiperbárica que puede estar embarcada o en tierra. Cuando se detecta que no cumplió con las etapas de descompresión o que fue una salida violenta, se lo lleva a la cámara hiperbárica y se hace un tratamiento médico que ya está prestablecido, en función de la cantidad de tiempo de buceo que hizo, a qué profundidad y qué gas usó” explica Ojeda. El problema que se genera en ascensiones rápidas, cuando se usan ciertos gases para respiración, es que la descompresión lleva a que burbujas de gas que están en el organismo comiencen a expandirse violentamente y queden alojadas en los tejidos, generando daños que varían según en qué parte del cuerpo se encuentren. Esto puede, desde generar simples dolores si se alojan en una articulación, hasta lesiones serias si están en órganos como los pulmones.



Armamento

La Armada y el Comando Conjunto de Operaciones Especiales están modernizando el equipamiento, pasándose de los fusiles FAL al M-16 y M4, modernizados con equipos de Daniel Defense al estándar Mk18. Además, tienen armamento específico, como las pistolas ametralladoras P90 en calibre 5,7 mm, con silenciador, además de la Steyr AUG en calibre 5,56.

Por ahora, el objetivo es mantener los dos calibres, ya que cada operación determina las características del equipamiento y de las personas que van a hacer la tarea. “Hay armamento que, si bien es viejo, lo preferimos cuando vamos a bucear, como todo lo que tiene cerrojo abierto como la Steyr AG, que es vieja, pero es segura. Yo sé que va a tirar cuando salga del agua” afirma Ojeda. Cuando operan en el agua deben desalojar el agua del cilindro de gases del arma antes de poder disparar, pero en armas como la Steyr AG y las pistolas ametralladoras Sterling, la recuperación es inmediata con el disparo, por lo que siempre queda el cerrojo hacia atrás y no hay que esperar a desalojar el agua, se puede salir del agua y tirar. En otras tareas tienen que impermeabilizar el equipo, colocarlo en elementos estancos y después salir a operar.