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Los F-16 argentinos, el secreto militar y su falta de comprensión por el periodismo masivo

 

Por Santiago Rivas

 

Desde siempre he sido crítico de cómo se ha devaluado la profesión periodística, en general a nivel global, pero especialmente en América Latina y, dentro de la región, en Argentina, debido a que es algo que veo a diario. Esto se da sobre todo en los medios masivos, quedando solo medios especializados en distintos ámbitos como las pocas reservas del periodismo de calidad. Esto se debe a muchos factores que no es mi intención analizar aquí, como universidades que no forman correctamente, medios que no exigen calidad, pero sí cantidad, malos salarios y mediocridad en muchos empleados de medios, pero sí me interesa tocar sus efectos en una cuestión puntual entre las muchas que pasan cuando medios masivos tocan temas de defensa. En este caso es la incomprensión que tienen de lo que es el secreto militar. Esto viene al caso por un artículo publicado ayer en el diario La Nación, de Argentina, a consecuencia del “Media Day” organizado por la Fuerza Aérea Argentina con los F-16, del cual ya nos referimos hace unos días debido a la decisión deliberada de excluir a los medios especializados.

Al analizar el artículo de La Nación, llama la atención que la totalidad de las preguntas que la autora hizo son sobre temas muy sensibles y que cualquier persona conocedora del tema sabe que nunca podrían publicarse. Sobre todo, llama la atención que una periodista desconocedora de defensa haga esas preguntas tan específicas, que podrían ser formuladas más bien por alguien que conoce del tema y quiere conocer cuestiones que no son públicas. El motivo de las preguntas que, según nos indicó personal de la Fuerza Aérea, la periodista hizo de manera insistente y reiterada durante el Media Day, difícilmente haya sido esperar una respuesta con la información solicitada, excepto que la periodista haya sido demasiado ingenua y no sabía qué estaba preguntando. Se puede creer que haya buscado generar incomodidad o plantear que el Estado Argentino oculta información que la sociedad debería conocer.

 

El Secreto Militar

Ahora, la existencia del Secreto Militar no es porque a los militares les divierta esconder información o jugar a los espías, tampoco es porque las actividades amparadas en el Secreto Militar vayan contra la población o sean ilegales. Se resguarda dentro del Secreto Militar aquella información que extremadamente sensible y que puede servir a un adversario para conocer las capacidades reales que tienen las fuerzas propias. Algún ingenuo podría plantear que, en tiempos de paz, si no hay un adversario, no debería haber secreto militar, pero el fin primero de la capacidad militar no es combatir adversarios en una guerra, sino generar una capacidad disuasiva suficiente para que cualquier oponente considere que el riesgo de tomar una acción contra nuestro estado tendrá un costo que no justifica llevarla a cabo. Y esa disuasión se genera no solo por lo que ese oponente ve, sino, también, por lo que no ve, ya que el desconocimiento de la totalidad de las capacidades del oponente es lo que le generará un nivel de incertidumbre que deberá poner en la balanza a la hora de calcular sus riesgos.



Una fuerza puede conocer fácilmente qué aviones poseen sus adversarios, pero le costará más saber cuántos pilotos tiene, qué nivel de entrenamiento tienen, cuántas armas posee, etc. Cuanto menos conozca de esa información, más difícil le será planificar un ataque contra dicha fuerza y el riesgo de que dicho ataque fracase será mayor, ante lo cual deberá pensar entre dos opciones: No llevar a cabo el ataque o hacerlo con una fuerza mucho mayor para reducir riesgos. Si no puede hacer lo segundo, deberá optar por lo primero y eso significa que la disuasión ha sido exitosa.

Conocer las capacidades exactas de un adversario no sirve solo para atacarlo, sino como elemento de presión ya que uno sabe a qué escala y por cuánto tiempo puede realizar sus operaciones. Si un estado, conociendo eso, le puede hacer creer al otro que tiene capacidades superiores, puede usar eso como herramienta de presión diplomática para lograr concesiones. Por eso, la capacidad militar tiene más valor en la paz que en la guerra.

Por eso, toda fuerza que planifica una acción contra un oponente trabaja en obtener toda la inteligencia que puede sobre éste, para saber con la mayor certidumbre posible, cuáles son sus capacidades e intenciones reales. Esta inteligencia no es contar aviones y hacer listas bajando datos de internet, como hacen los medios masivos, sino conocer qué grado de alistamiento tiene esa fuerza: en caso de aviones de combate, esto es qué grado de alistamiento tienen, cuánto material está disponible, vida útil remanente, qué armamento tienen y cuánto, cuántos pilotos tienen, cuánto vuelan por año, cuál es el costo operativo y el presupuesto del que disponen (este último dato es público, por lo que contar con el costo operativo permite saber cuánto pueden volar por año), cómo son sus instalaciones, etc.

En el mismo sentido, las fuerzas deben contar con un aparato de contrainteligencia, que permita detectar las acciones de inteligencia del oponente y generarle también desinformación para que llegue a conclusiones equivocadas o no logre obtener información que le permita reducir el nivel de incertidumbre en sus análisis. Esto último es algo que en América Latina es prácticamente inexistente o sumamente ineficiente.

Así, la razón de la existencia de información secreta no es un capricho, sino que responde a resguardar la capacidad de defensa de un estado, la cual está dada no solo por el material, sino por qué es lo que la fuerza puede hacer con ese material que posee.

Por eso, todas las Fuerzas Armadas del mundo resguardan la información que permite conocer a sus adversarios sus verdaderas capacidades y es algo que los periodistas especializados sabemos que no podemos preguntar, como son las cantidades de pilotos, horas voladas, stocks de armamento, horas remanentes de los sistemas de armas, etc.

Cuando las fuerzas realizan actividades con la prensa, el primer punto que se debe plantear es qué se quiere comunicar y con qué objetivo, el cual debe ir mucho más allá de solamente obtener espacio en los medios. Ya que ese espacio no es más que una herramienta para lograr un objetivo comunicacional, el cual debe tener un objetivo político (por ejemplo, más presupuesto, la sanción de una ley o apoyo a un programa específico por parte de la clase dirigente). Con eso definido, se debe determinar qué medios y qué periodistas interesa que hagan la cobertura, teniendo en cuenta el grado de sensibilidad de la información a la que estos tendrán acceso. Además, es preciso que las fuerzas expliquen a los periodistas que hay información que no se puede difundir y por qué esto es así, para que no produzcan luego notas donde cuestionan que no se les haya brindado información que ese periodista debía saber, antes de escribir la nota, que era secreta y por qué era secreta.

 


Ahora analizando cada pregunta que hizo la periodista de La Nación, lo primero que plantea es. ¿Cuándo funcionará un único sistema? Entendiendo por esto a la Capacidad Operativa Total. Esto es un dato sensible porque que se de esta información ahora plantearía por cuánto tiempo la Fuerza Aérea no estaría en capacidad de usar plenamente a sus F-16 en combate, lo cual indicaría un período de vulnerabilidad. También daría la pauta de cómo se está llevando adelante el proceso de incorporación y cuánto esfuerzo está poniendo la fuerza en el mismo. La pregunta que se hace la periodista “¿Cuándo la Argentina tendrá aeronaves, pilotos, técnicos, armamento, infraestructura y logística funcionando como un único sistema?” es algo que toda fuerza aérea adversaria querría saber. Darle esa información es regalarle inteligencia a todo el planeta.

Luego se pregunta ¿Qué armamento tendrán y cuándo llegará? Si bien parte de esta información es pública a través de las Letter of Acceptance (LOA) que publica el gobierno de Estados Unidos, el detalle exacto es secreto, ya que publicarlo permitiría conocer la capacidad real de combate de la fuerza, no solo en cuanto a su poder de fuego sino a la cantidad de misiones que podría realizar antes de agotar sus stocks. Este, así como su pregunta “¿Cuál será finalmente la configuración completa del sistema de armas argentino?” son detalles que solo querría conocer un adversario, ya que le permitiría planificar sus operaciones de una manera más exacta.

La tercera pregunta es ¿Cuánto cuesta operarlos? Ante lo cual lo primero a explicar es que el costo total de operación es algo variable en el tiempo y que las fuerzas van determinando como resultado de meses y años de operación, por lo que, al día de hoy y a menos de un año de la llegada de los primeros F-16, la Fuerza Aérea Argentina todavía no puede definir con exactitud. Pero, además, es preciso destacar que dicho valor no es algo público, ya que permite conocer cuánto podría estar operando la unidad en función del presupuesto asignado. La cantidad de horas a volar por la unidad es algo que permitiría conocer el grado de entrenamiento y adiestramiento de sus pilotos, lo cual brindaría información esencial sobre la capacidad de combate de la unidad, algo que ninguna fuerza aérea del mundo jamás daría a conocer.

Ante la cuarta pregunta ¿Cuántos aviones estarán disponibles al mismo tiempo? no hace falta explicar demasiado por qué la respuesta no es información pública. Más allá de que la disponibilidad de aeronaves en un momento determinado es algo que varía constantemente, es información que hace al grado de alistamiento de una fuerza y su capacidad de respuesta. Saber cuántos aviones tiene disponibles para operar en un momento dado le permite a un adversario saber qué capacidad necesita tener para neutralizarlos o para llevar adelante una acción que no se pueda impedir.

La quinta pregunta que se hace es ¿Cuánto le quedan a los aviones? La vida remanente de cada aeronave permite saber también cuánto tiempo la fuerza va a poder operarlos y las limitaciones que tendrá en el tiempo. Si bien es un dato con poco impacto en el corto plazo, sí resulta muy relevante para el futuro, por lo que siempre esta información es de carácter secreto. Por otro lado, el remanente no se mide en años, como plantea la nota, sino en horas de vuelo, aunque también a lo largo de los años eso varía según las actualizaciones que se les realicen, extensiones de vida o la obsolescencia, por lo que es un valor relativo.

En cuanto a la pregunta sobre ¿Qué infraestructura necesita todavía la Argentina? Debe destacarse que la falta de inversión en defensa por más de 40 años llevó a un enorme deterioro de las bases aéreas y la tecnología que se incorpora con los F-16 obliga a una fuerte inversión con obras que demandan tiempo. Hoy ya pueden operar sin problemas desde el Área de Material Río Cuarto y podrían operar con algunas limitaciones en otras pistas del país. En algún tiempo más ya podrán hacerlo desde su base en Tandil, pero el detalle de las obras a realizar, que implicarán enormes modificaciones a la base, no son información que deba difundirse, como no lo hace ninguna fuerza aérea. Por otro lado, ninguna de las dos bases citadas requiere que se alargue la pista.

La periodista luego pregunta ¿Cuántos pilotos y a qué ritmo se están formando? Esto, como indiqué más arriba, es información sumamente sensible y obviamente secreta en todas las fuerzas armadas del mundo. Conocer la cantidad de pilotos que tiene una fuerza y cómo se los está formando es más sensible aún que conocer el grado de alistamiento de los aviones, ya que formar un piloto demora más tiempo que comprar o poner en servicio aviones. Una fuerza puede comprar aviones en cuestión de semanas o meses, pero nunca formará un piloto de caza en ese tiempo, sino en varios años. Por lo tanto, informar la cantidad de pilotos y el ritmo de formación implica informar no solo la capacidad actual, sino también de los próximos años.



Su última pregunta fue ¿Cuál es el calendario definitivo?, lo cual, si bien no es información tan crítica y ya se ha anticipado bastante, también permite conocer cómo está avanzando el programa y el grado de alistamiento con que se cuenta. El programa inicial eran seis aviones por año con entregas en diciembre de cada año, pero este año se adelantó la segunda entrega a septiembre y se espera que en 2027 se entreguen los dos lotes restantes, adelantándose el proceso en un año si esto puede cumplirse. Sin embargo, el cumplimiento del cronograma responde a muchos factores y no todos dependen de la Argentina, sino también de la Fuerza Aérea de Dinamarca y de la disponibilidad de aviones de reabastecimiento en vuelo que provee Estados Unidos.

 

Falta de profesionalismo

Más allá de la dudosa intencionalidad de preguntas tan puntuales, hay una cuestión relevante, que he visto en artículos sobre temas de defensa publicados en medios masivos en toda América Latina y es la creencia de quienes los escriben de que la totalidad de la información del estado debe ser pública y que no brindarla significa que se está escondiendo algo ilegal o perjudicial para la sociedad. Esto no ocurre en periodistas de países desarrollados, como puede ser en Europa o Estados Unidos, a pesar de la enorme libertad de expresión que existe en esos países. Y no ocurre porque los periodistas en esos países saben que la seguridad nacional implica que mucha información sea secreta. Lamentablemente, en América Latina la formación profesional de quienes trabajan en los grandes medios es excesivamente precaria, especialmente cuando se trata de cuestiones como la defensa, donde se suma el escaso o nulo interés que le han dedicado los medios durante años, por lo que no se les exige a los periodistas que sepan ni comprendan del tema. Pero ahí también hay una labor pendiente desde las instituciones de la defensa, que deben educar y formar a quienes trabajan en los medios, para que puedan informar adecuadamente y que se puedan cumplir los objetivos de una comunicación de la defensa eficaz (aunque la triste realidad es que hoy esos objetivos no se han fijado).

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