Occidente se realinea en el Golfo
- Ignacio Montes de Oca
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Por Ignacio Montes de Oca
Hay algunos realineamientos en la alianza occidental y en las coronas petroleras a partir del ataque a Irán del 28 de marzo que hay que explicar. Empecemos por Europa, que es crucial para entender el resto de los cambios en curso.
Europa viene de la experiencia de Groenlandia, el retiro de la ayuda a Ucrania, la advertencia de Trump de que quizás no iba a ayudarla en un conflicto con Rusia y los aranceles que le impuso. Sin ese antecedente es imposible entender la dirección que tomó su relación con EEUU. Trump decidió excluirla a la hora de consultarles sobre el ataque a Irán y la relegó a un papel de proveedora de bases y, eventualmente, de auxiliares en una guerra que es más lejana que la de Ucrania, en la que son amenazados directamente por una Rusia tolerada por EEUU. Ninguno de los líderes europeos puede atravesar bien un escrutinio electoral si se somete a las humillaciones que supone aceptar las imposiciones de Trump. Esa es una realidad que se omite en muchos análisis en los que solo se hace foco en el escenario de los EEUU.
Pero, además, Europa encontró la oportunidad perfecta para rechazar un liderazgo militar asimétrico como el que propone Trump en el que los socios desaparecen y hay subalternos. "Si es tan poderoso es porque puede solo, adelante", es la idea que predomina en Europa. Pero también hay pragmatismo. Al haber favorecido a Putin con un relajo en las sanciones al crudo alimenta la maquinaria militar que Europa ayuda a parar en Ucrania y desde 2025 en soledad, porque Trump se niega a considerar a esa guerra como un asunto que afecte a sus intereses.
Por otro lado, en Groenlandia Trump demostró ser poco confiable y el sumarse a una alianza bajo el comando de EEUU podría exponerlo a unos de sus tradicionales cambios de parecer y dejarles el problema de Ormuz e Irán a su cargo porque hubo un antojo político inesperado.
Y, por último, la estrategia de Trump en Medio Oriente no fue complementaria con Europa. Por el contrario, y en particular en el mercado de armas, trata a Europa como un competidor al que busca desplazar. Allí entran en juego los países de Medio Oriente y sus realineamientos.

Desde el principio se opusieron a un ataque, al igual que Europa, y a pesar de las especulaciones, el hecho concreto es que le negaron el uso de las bases en su territorio. Los supuestos arreglos secretos y posibles confabulaciones intergalácticas se rinden ante ese dato. Conscientes de su debilidad frente a los ataques de Irán, las coronas petroleras evitaron quedar en la mira y, de hecho, desde antes del 28 de febrero estaban integrando a Irán a las estructuras políticas musulmanas en un intento por ejecutar una política de contención dialogada. Allí es donde se repite el factor que irritó a los europeos. A pesar de las promesas de inversiones y los aviones regalados, Trump los dejó de lado a la hora de decidir el ataque que incluso un koala ebrio hubiese anticipado iba a tener el foco de su represalia sobre los emires. Ese destrato que para quien conoce la cultura árabe es más importante que muchos otros factores en occidente, ayuda a explicar el modo en que están reaccionando los países de la zona incluso luego de ser agredidos por Irán. Vamos a revisar caso por caso.
Qatar, el hasta hace poco aliado o socio de Irán, fue atacado y aun así no permitió el uso de la base de Al Udeid para la ofensiva. No se alineó con EEUU o con Israel como muchos hubiesen supuesto que haría. El motivo está en que sigue diciendo que es una "guerra ajena".
Arabia Saudita amenaza con responder militarmente, pero hasta hoy solo está en posición defensiva y dejó claro que prefiere una solución diplomática a una escalada. La épica militar le atrae poco por su debilidad frente a los ataques iraníes. Condena a Irán, pero no pasa de allí.
Los Emiratos Árabes Unidos, más atacados que ningún otro estado por Irán e incluso más que Israel, tampoco suma fuerzas al ataque. Su alineamiento hasta ahora fue defensivo y reclama como el resto una agenda militar concreta y consultada tanto de EEUU como de Israel.
Kuwait y Omán tienen posturas similares y aun reservan algún contacto con Irán para no cerrar puertas a una negociación para desescalar. Bahréin, más cercano a Israel por ser firmante de los Pactos de Abraham con EAU, solo baja el tono y el perfil a pesar de los ataques de Irán.
Las posturas son muy variadas y los ataques de Teherán no construyeron una coalición ni con EEUU ni con Israel como muchos anunciaron prematuramente. De nuevo, como con Europa, el rol secundario en una trama que los tiene como principales afectados por el ataque no les satisface. Incluso dentro del caos de las últimas tres semanas, saudíes y qataríes recordaron que resolver la cuestión palestina es parte de una conversación seria sobre el futuro de la región. Israel, mientras tant,o se dirige en la dirección opuesta y eso acrecienta las tensiones.
Europa leyó la situación por fuera de la lupa de Trump y se acercó a las coronas petroleras para ofrecer su asistencia por fuera del esquema de Washington para ganar terreno en una región en la que se sabe desplazada a pechazos por Trump. Y eso tiene todo el sentido político.
Europa depende en un 5 al 15% del petróleo de Medio Oriente y del 5 al 10% del gas, incluyendo el GNL. Sí tiene una dependencia de los precios, pero en eso está en la misma situación que EEUU y no tiene una midterm pisándole los talones. Hay que ver los números y fechas. Es más fácil entender lo que hacen tantos los europeos como los reyes si se entiende que hay una interdependencia que Trump niega y que, a fuerza de rebelarse a sus caprichos, busca encontrar un equilibrio diferente al que pretende imponer desde su regreso a la Casa Blanca. Sucede que frente a un eje autocrático que ejecuta políticas colaborativas y meditadas, Trump propone un orden vertical basado en su genitalidad y no en una coalición racional y con un programa realista. El riesgo que todos perciben a largo plazo es mayor que el temor a importunarlo.

Así es posible entender la "rebelión" de europeos y emires, pero también el rechazo a sus llamados, amenazas y ruegos disfrazados de promesas de castigo. El tenor de la amenaza que plantea un eje autocrático en Ucrania y Medio Oriente es el que mueve en realidad las fichas. Puede que vencido el ultimátum y si Trump decide profundizar el conflicto lleve a una respuesta aún más fuerte de Irán sobre las coronas petroleras. Sumarse a la respuesta va a ser quizás la consecuencia más probable por un riesgo existencial que no alcanza a los europeos. Pero aun así, y pese a la soberbia de Trump y el cliché de lo inservible de una Europa vieja y flácida, más se necesiten sus bases si el conflicto se extiende en el tiempo. Es mirar un mapa, contar kilómetros y entender que esas bases en la "decadente" son vitales. Pero, además, EEUU, con todo su poder militar, necesita de socios para construir una idea de coalición y consenso. Sin esas sociedades, mantener seguro y estable el Medio Oriente es una empresa costosa en todos los sentidos. Y asociarse significa ceder y admitir debilidades.
Es la segunda vez que una superpotencia comete el mismo error en un lustro. El tener la etiqueta no garantiza resultados y la prepotencia no hace a la potencia.



