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Petrodólares, microchips y guerra, un cóctel imposible


Por Ignacio Montes de Oca


Hay un escenario de la guerra en Medio Oriente que implica a los emiratos, la tecnología y las inversiones. Vamos a explicar una alerta que circula por los círculos que mueven los capitales relacionados con la IA con sus posibles consecuencias, que no son leves.


Hace una semana el Financial Times publicó una noticia que generó inquietud en los mercados. En resumen, avisaba que los países petroleros iban a revisar sus inversiones en el exterior ante la caída de sus ingresos productos del cierre de sus canales de exportación. Existe la sospecha de que el rumor fue producto de una filtración de los propios emires y una advertencia a la Casa Blanca sobre la incomodidad creciente con un conflicto que se está alargando y para el cual no parece haber un plan de salida. Veamos como impacta esa advertencia.

Vamos al sector IA porque hay que hacer foco en ese nicho. Los emires son una parte fundamental del esfuerzo de EEUU en la carrera tecnológica. Solo los Emiratos Árabes Unidos prometió inversiones por U$S 1,4 billones en la próxima década. Veamos el detalle de esa inversión: https://ae.usembassy.gov/thanks-to-president-trump-uae-announces-significant-investments-in-u-s-economy/

MGX, el fondo soberano de Abu Dhabi, está invirtiendo U$S 100.000 millones en la expansión de data center en EEUU y otros países en una alianza con BlackRock, Microsoft, Global Infrastructure Partners (GIP), NVIDIA y xAI en un acuerdo gestionado por el propio Trump: https://ae.usembassy.gov/thanks-to-president-trump-uae-announces-significant-investments-in-u-s-economy/



MDX tiene otros compromiso por U$S 6.500 millones con Open AI para financiar su expansión. Otro fondo soberano, el ADQ, aportará otros U$S 25.000 millones en una iniciativa con Energy Capital Partners para invertir en infraestructura energética y data centers en EEUU: https://www.iiss.org/publications/strategic-comments/2024/10/the-uaes-technology-ambitions

El Fondo Mubdala aportaría U$S 622 millones para que el fabricante de chips estadounidense AMD, expanda su cadena de suministro de semiconductores para IA y computación de alto rendimiento. DAMAC Prop, una empresa emiratí, aportará otros U$S 20.000 millones para data centers: https://www.lemonde.fr/en/united-states/article/2025/01/07/trump-announces-20-bn-emirati-investment-in-us-data-centers_6736802_133.html

Hay otra promesa del Fondo Mubdala para colocar U$S 200.000 millones en proyectos de IA que incluyen la construcción del Stargate, el campus de IA más grande fuera de EEUU asociados con OpenAI, Oracle, NVIDIA y Cisco. Así, suman esos 1,4 billones prometidos:  https://www.cnbc.com/2025/05/28/the-us-ai-love-affair-with-the-uae-boils-down-to-dominance.html

Pongamos en escala esa cifra. Desde 2013 a 2024 el total invertido en IA en EEUU era de 1,6 billones. Los emiratíes por sí solos se acercan a esa cifra y ahora tenemos que sumar otras inversiones de las petro monarquías para entender la severidad de la advertencia de los emires:  https://hai.stanford.edu/ai-index/2025-ai-index-report/economy

Sigamos con Arabia Saudita. Su Fondo Público de Inversiones (PIF) manejado por la familia real es el gran inversor. Tiene una alianza con AMD por U$S 10.000 millones para desarrollar computación de alto rendimiento y su cadena de suministro de semiconductores y plataformas de IA: https://www.reuters.com/world/middle-east/saudi-arabia-partners-with-nvidia-spur-ai-goals-trump-visits-2025-05-13/



El PIF, que maneja capitales por U$S 917.000 millones, canaliza sus inversiones en AI por medio de Huamain, una empresa subsidiaria, que además va a invertir U$S 3.000 millones en un data center de 500 MW para IA asociado con XAI, que pertenece al conglomerado de Space X. Humain tiene participación accionaria por U$S 19.400 millones en empresas como NVIDIA, AMD y xAI. Además, aportaron unos U$S 40.000 millones en startups, con importante presencia en las que están basadas en los EEUU. Y tienen compromisos adicionales en IA por U$S 57.000 millones DataVolt, otra empresa saudita, comprometió otros U$S 20.000 millones en data centers de IA. En total, el PIF tiene contratos por U$S 600.000 millones y promesas de inversión por una cifra cercana a los U$S 1,2 billones

La Autoridad de Inversiones de Qatar (QIA), que maneja activos de U$S 524.000 millones, participa en inversiones en IA y semiconductores de EEUU. Firmó 25 acuerdos en IA y chips para 2025 y 2026 y compromisos por U$S 500.000 millones durante la próxima década. El QIA tiene un acuerdo por U$S 500 millones con Ayar Labs para un proyecto valuado en U$S 3.750 millones, una inversión en Positron por U$S 230 millones para desarrollar chips de memoria para IA, y un apoyo millonario para XAI y startups como Databricks y Applied Intuition. Además, QIA hizo un aporte de U$S 13.000 millones en Anthropic para el desarrollo de modelos de IA avanzados en un emprendimiento valuado en unos U$S U$S 380 mil millones. Cerremos con una alianza con Brookfield para desarrollar la infraestructura para IA por US$ 20.000 millones.



El Kuwait Investment Authority (KIA), con activos de más de U$S 1 billón, invirtió en IA e infraestructura digital vinculada a EEUU. Por ejemplo, U$S 100.000 millones en una asociación con BlackRock, Microsoft y MGX para financiar la infraestructura de IA en EEUU y sus aliados. Hay otros U$S 100.000 millones colocado en el Brookfield AI Infrastructure Program con NVIDIA y proyectos “menores” como el de U$S 9.000 millones con Microsoft Azure y otros inversores para consolidar la cadena de suministro tecnológica y data centers de IA en EEUU.

El reino de Bahréin, a través de su fondo soberano Mumtalakat y acuerdos gubernamentales firmó acuerdos para invertir U$S 17.000 millones con Oracle y Cisco para la compra de servicios digitales en EEUU y otro por U$S 10.700 para desarrollar proyectos en el mismo rubro.

Este listado es necesario para entender que las coronas petroleras son un puntal de la carrera tecnológica de EEUU y para lograr su predominio sobre China, su gran adversario. Pero, además, los capitales asociados con la IA y su periferia son la clave de la inversión en los EEUU. Puesto en cifras, implican U$S 5,6 billones de la Capital Formation o inversión fija privada. Esto es un 18% del PBI de EEUU y el 10% del total de capitales invertidos en los EEUU. Las estimaciones varían respecto a su aporte al crecimiento del PBI en 2025 del 15 al 40%.

Sin esa inyección de capitales, la masa inversora de los EEUU sufriría un golpe importante, más aún cuando otros indicadores como el déficit comercial de bienes que, pese a los aranceles, se mantiene en U$S 1,2 billones y un superávit de “solo” U$S 339.500 millones en el de servicios. Estos capitales que colaboran los emires no solo aportan dinamismo económico, sino que además equilibran las cuentas externas. Y, como se dijo, le permiten a EEUU mantenerse en la carrera tecnológica. Pero la cuestión de los capitales no es lo único que prende las alarmas.



La IA, como cualquier otro rubro tecnológico, tiene un insumo clave que es la energía. Puede haber mucho talento, pero sin electrones suficientes no importa que tan brillantes sean los equipos. Aquí es donde entra el precio del petróleo y la situación de guerra en Medio Oriente: https://www.reuters.com/technology/artificial-intelligence/ai-likely-weigh-oil-prices-over-next-decade-goldman-says-2024-09-03/



No solo se trata del crudo, que parece camino a duplicar los precios de pre guerra. El gas subió entre un 50% y un 80% según el mercado y el carbón entre un 15% y un 30%. Solo se salvan de los aumentos la nuclear y las renovables, pero aun así se encareció el costo logístico global. Si partimos de la base de que para un data center la energía representa entre el 40% y el 60% del costo de operación, ya nos podemos dar una idea del impacto que está teniendo la guerra. Luego viene el efecto sobre las tasas y plazos de retorno de las inversiones o el valor accionario.



Es decir que los emires también miden el efecto que tienen sobre el valor de sus carteras porque se trata de muchos billones comprometidos. No es solo una advertencia para que Trump medite sobre su voluntad para extender la crisis, es un temor sobre el valor de su Fondos. Un retiro de capital no importa si es gradual, leve o masivo, podría desatar una crisis en el sistema bursátil de EEUU, que es la columna vertebral del sistema de financiamiento. Aquí tenemos que ir más allá de las tecnológicas porque las inversiones totales las exceden.



En su gira por Medio Oriente en febrero de 2025, Trump trajo promesas de inversión por U$S 3 billones. Aquella noticia trajo furor en las bolsas y los índices S&P 500, Dow Jones o Nasdaq comenzaron a reflejar una confianza que los llevó a elevar sus promedios en adelante. El efecto tiene una explicación sencilla y es que por motivos de rentabilidad y conveniencia geoestratégica las monarquías del Golfo reciclan sus petrodólares en el sistema estadounidense. Y es por eso que el camino inverso podía provocar… un ánimo inverso. A partir de ese momento empieza la especulación. Una salida de capitales podría arrastrar a otras acciones por el pánico y espantar a los inversores a opciones más seguras en otras bolsas o en refugios de valor como el oro. No es un escenario que deba descartarse por completo.

O puede que la salida de fondos como el PIF, el QIA y el KIA hagan caer el valor de las tecnológicas de EEUU y con ello su capacidad de financiarse con el mercado de capitales. Esto haría caer sus flujos de caja y complicar sus operaciones que hasta ahora rara vez dan ganancia. El secreto está en compensar esas caídas y flujos negativos, pero en un contexto de recesión que se extiende en tanto más dure el conflicto, se hace más complicado conseguir alternativas para una masa tan grande de dinero. Y con EEUU en guerra, el estado tendría otros gastos urgentes. Pero como el análisis implica considerar todos los factores, le vamos a agregar otro que viene desde más lejos, de Taiwan. Partamos del dato central: TSMC y otras empresas taiwanesas producen el 90% de los chips avanzados que se necesitan para desarrollar la tecnología de la IA.



TSMC produce el 95% de los GPU de Nvida que a su vez controla hasta el 90% del mercado de aceleradores de IA. La isla genera el 90% del mercado de fabricación de chips para servers AI. Es decir que, si el petróleo es la sangre del sistema, los chips taiwaneses vendrían a ser sus neuronas. Aquí es donde se encadena la crisis. El 98% de la energía que consume la isla es importada y el 70% proviene de Omán, Qatar, Arabia Saudita, Kuwait y de los EAU, que son los países que tienen sus exportaciones parcial o totalmente bloqueadas por los drones, misiles y minas de Irán. El 10% de la energía producida en Taiwán es consumida por las fábricas de chips. TSMC consume casi todo ese porcentaje. La isla tiene reservas de petróleo para 100 días y de 11 días para el caso del gas. El GNL generó en 2025 el 48% de la energía y el crudo un 1 al 2%. El carbón se usa para producir un 3% y el resto proviene de las renovables y nuclear. Es decir que por el lado de la provisión o el del aumento en los costos de generación, el núcleo tecnológico del cual depende la IA y otras tecnologías va a generar otro efecto negativo. La opción es mudar esa producción o reemplazarla por otros proveedores, pero ese es un proceso que demanda tiempos más allá de las urgencias inmediatas. Y necesitan de inversiones que, como vimos, pueden ser un faltante tan importante como el de energía.

Este es el cuello de botella que está generando la guerra en curso y que no tiene solución por la vía militar. Por el contrario, los tiempos bélicos van en el sentido contrario y eso es precisamente el mensaje que contiene esa filtración hecha por medio del Financial Times. La alerta contiene una advertencia sobre el daño que causa el conflicto en las petro economías, pero también otra sobre el riesgo potencial que corren las apetencias estratégicas de EEUU en su flanco más expuesto que es el de la tecnología sobre la que se asienta su poder.

Se entiende además por qué los emires están manejando su furia hacia Irán y sus ataques. O por qué se niegan a ser parte de una represalia. En una mirada más informada, lo que parece cautela o cobardía según sea el que juzga, hay una crisis en el sistema de proporciones inmensa. La Inteligencia Artificial es el futuro y no tiene límite, pero por ahora los algoritmos carecen de sentimientos y entre ellos el del miedo. De tenerlo, ya hubiesen desarrollado el instinto de auto preservación que al menos hasta donde sabemos es atributo exclusivo de la vida biológica. De contar con ese privilegio, hubiesen advertido que a veces la cólera y el cálculo personal errado pueden jugarle en contra. Y que la previsibilidad y el dinero son tan importantes como le velocidad de los circuitos y la elegancia con que los algoritmos responden a la duda humana.

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