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Por qué Yandex es el talón de Aquiles digital de Rusia

hace 3 minutos
4 min de lectura

Para entender por qué los drones ucranianos que pegan contra los data centers de Yandex golpean tan fuerte la rutina de los rusos, hay que mirar qué es hoy esa empresa. Hace tiempo que dejó de ser un buscador parecido a Google y pasó a ser el esqueleto digital del país. Putin quiso autonomía y control, ordenó el espacio digital con ese fin y, sin proponérselo, fabricó el punto exacto donde Ucrania ahora descarga sus ataques.

El molde fue China, donde el Estado impulsó una internet propia, con Baidu en lugar de Google y WeChat en lugar de WhatsApp, todo detrás del gran firewall. Rusia hizo lo mismo y armó con Yandex un ecosistema cerrado. La asociación rusa de empresas de internet, RAEC, admite que la red del país se encamine hacia el modelo chino.

Así, para cada servicio occidental hay un equivalente ruso dentro de Yandex. Yandex Search hace de Google y domina el mercado con el 67,2% de las búsquedas, según el balance de la propia empresa del primer trimestre de 2025, o incluso el 75,51% de acuerdo con StatCounter en enero de ese año. Yandex Mail es Gmail y Yandex Disk, Google Drive. Yandex Maps y Yandex Navigator cumplen el papel de Google Maps y Waze.

Yandex Go reúne la movilidad urbana. Es una súper app que combina mapas, comida y scooters y atiende a 100 millones de usuarios. Su área de taxis, que se tragó a Uber en Rusia y llegó a los 35 millones de viajes mensuales, es el Uber local; Yandex Eda equivale a Uber Eats y Yandex Drive, al carsharing. En compras y pagos, Yandex Market ocupa el lugar de Amazon y Mercado Libre, y Yandex Pay junto con la billetera YooMoney sustituyen a PayPal, Apple Pay y Google Pay. Completan el cuadro Yandex Messenger (WhatsApp), Yandex Browser (Chrome), Yandex Alice (Siri), Yandex Music (Spotify) y Kinopoisk (YouTube y Netflix).

Se trata de un negocio enorme: en el primer trimestre de 2025 facturó 306,5 mil millones de rublos, unos 3.710 millones de dólares, un 34% más que un año antes. Con tanta concentración, pegarle a un data center de Yandex no deja a la gente sin un servicio, sino sin todos a la vez, y eso es lo que está ocurriendo.

Esta semana la compañía admitió que su infraestructura en la región de Vladimir sufrió daños por un ataque con drones, y que el data center dejó de funcionar por completo. El comunicado del canal de Telegram de Yandex Cloud decía: “Como resultado del ataque con drones, la infraestructura del data center de Yandex, en Vladimir, fue dañada. Las operaciones en el data center han sido completamente detenidas. No hubo heridos”.

Unos días antes, otros drones habían alcanzado su gran centro de datos de Sasovo, en Riazán, donde provocaron un incendio y obligaron a frenar toda la actividad. Ese complejo es uno de los cinco grandes de la firma, aloja decenas de miles de servidores y albergaba dos de los tres supercomputadores que Yandex usa para entrenar su inteligencia artificial. Un día después le tocó a Kaluga, el más potente de los que la empresa tiene en territorio ruso. Según el diseño original, fue construido para más de 3.800 racks de servidores, con una capacidad total de 63 megavatios y 130.000 metros cuadrados de superficie, y gasta al año tanta electricidad como 220.000 hogares británicos.

Para dimensionar el golpe, construir y equipar un solo mega data center como los de Vladimir o Kaluga cuesta, según las estimaciones, entre 150 y 250 millones de dólares. Las pérdidas irrecuperables de equipamiento de Yandex en apenas una semana superaron el medio billón de dólares.

Yandex intentó contener el daño. Dijo que sus principales servicios para el público seguían funcionando y recomendó a los clientes de Yandex Cloud mudarse a otros centros de datos. Los usuarios, sin embargo, contaron una historia distinta. De acuerdo con el medio ruso independiente Astra, el ataque a Vladimir causó cortes en decenas de ciudades rusas y también en Kazajistán, Bielorrusia y Armenia, y la gente no pudo pedir taxis ni entrar a servicios bancarios.



Cuando esos servidores se caen, no falla solamente el buscador: se frena en simultáneo la manera de pedir un taxi para ir al trabajo, de pagar en el supermercado, de averiguar si viene el colectivo y de encargar comida.

En Occidente, si Google se cae, Uber y WhatsApp siguen andando, porque son compañías separadas. En Rusia todo está en un mismo lugar por diseño, como parte de la política de soberanía digital del Runet. Ucrania no tiene ese problema, porque está integrada por completo al ecosistema occidental y cuenta con un respaldo tecnológico que los ataques rusos no pueden vulnerar. Si Rusia bombardea un data center en Kyiv, los ucranianos continúan usando Google, que tiene réplicas en Polonia y Alemania, siguen pagando con Apple Pay y PayPal, piden taxis por Uber y Bolt, y conversan por WhatsApp y Telegram, que no dependen de un servidor local. Como su infraestructura está repartida entre cientos de empresas y en centros de datos de toda Europa y Estados Unidos, no hay un único punto de falla capaz de paralizar la vida diaria.

Ahí aparece la clave estratégica. Esa centralización rusa, nacida como un escudo contra las sanciones, terminó siendo una debilidad. Ucrania no necesita ir contra decenas de empresas: le basta con pegarle al nodo que las agrupa a todas. Con drones que cuestan unas decenas de miles de dólares puede provocar, igual que en los ataques a Wildberries y Ozon, un daño desproporcionado, y además reclamarlo como una represalia legítima.

La diferencia, en definitiva, es sencilla. Cuando Rusia bombardea Ucrania, los ucranianos cambian de aplicación. Cuando Ucrania golpea Yandex, los rusos pierden los servicios que les hacen más fácil el día a día. Y no hay sanción más eficaz que esa: la que te recuerda, justo cuando vas a pagar en el supermercado, que la guerra que el gobierno presenta como algo lejano irrumpe en forma de una nueva precariedad cotidiana

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