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Pucará Defensa en la conferencia de líderes de la aviación militar: La disuasión nuclear vuelve al centro de la estrategia de defensa de Europa y la OTAN


Durante el mes de julio pasado participamos en Londres de la Conferencia Global de Jefes de Estado Mayor del Aire y el Espacio organizada por The Air and Space Power Association, en la cual se debatieron algunos de los temas más relevantes que enfrenta hoy el poder aeroespacial global, pero especialmente el de Occidente. Los ejes estuvieron en la vuelta de la opción nuclear, la guerra en el espacio y la defensa aérea integrada, con oradores como el jefe de operaciones de la United States Space Force, General B. Chance Saltzman, los comandantes de todas las fuerzas armadas británicas, oficiales de alto nivel de Australia, Francia y Canadá, así como especialistas de industrias como Leonardo, Lockheed Martin y Airbus, entre otros.

En esta serie de artículos que iniciamos ahora, haremos un recorrido sobre los distintos paneles y cómo se fueron abordando temas que hoy son centrales en cómo se moldeará el empleo del poder aéreo en el futuro próximo, en base a las amenazas actuales y las que se esperan.

El primer panel se enfocó en el regreso de la disuasión nuclear, basado en la decisión de Gran Bretaña de comprar aviones F-35A con capacidad de lanzar armamento nuclear. La conferencia reunió al Air Vice-Marshal Jim Beck, director de capacidades y programas de la RAF, el teniente general Stéphane Virem, comandante de las Fuerzas Estratégicas del Armée de l’Air et le Space de Francia, el Dr. Brendan Mulvaney, director del China Aerospace Studies Institute de la National Defense University de Gran Bretaña y Chauncey McIntosh, vicepresidente del programa F-35 de Lockheed Martin.



El eje común fue el regreso de la competencia entre grandes potencias y, con ella, de la disuasión nuclear como componente central de la seguridad internacional. Los participantes coincidieron en que el escenario actual no reproduce exactamente la Guerra Fría: es más complejo, combina capacidades nucleares y convencionales, incorpora tecnologías espaciales, cibernéticas e hipersónicas y exige reconstruir conocimientos especializados que durante décadas quedaron relegados.

La discusión estuvo atravesada por el anuncio británico de adquirir doce aviones F-35A y por la decisión de volver a participar en el reparto de la carga nuclear de la OTAN mediante una capacidad aérea de doble uso. Los expositores aclararon que la incorporación de los F-35A a la unidad de conversión operativa y la eventual integración a la misión nuclear de la alianza son procesos relacionados, pero no idénticos. Francia, por su parte, presentó su modelo de disuasión nacional, basado en una combinación de fuerzas submarinas y aéreas, autoridad presidencial exclusiva, modernización continua y preparación operativa permanente.

 

Un escenario nuclear más amplio y complejo

La conferencia describió un mundo en el que la tecnología nuclear se expande y las relaciones entre los países con capacidades estratégicas se vuelven más complejas. El Medio Oriente fue señalado como una región especialmente relevante por la formación de nuevas alianzas, el aumento de los vínculos entre Estados y el intercambio de información relacionado con las armas. El sistema internacional ya no puede analizarse únicamente a partir de unas pocas superpotencias.

Los mapas utilizados durante la presentación distinguían entre los países que históricamente concentraban el rango de superpotencia, los Estados con capacidades nucleares estratégicas y las naciones vinculadas a otros países mediante garantías, consorcios, acuerdos de seguridad o mecanismos de entrega de capacidades. La cantidad de actores centrales es menor, mientras que aumentó el número de países que poseen o participan, de distintas maneras, en estructuras estratégicas.

La cuestión nuclear, por lo tanto, no se limita a los arsenales nacionales. También incluye las garantías extendidas, las alianzas, el intercambio tecnológico, las plataformas capaces de cumplir misiones convencionales y nucleares y la manera en que cada gobierno interpreta las señales emitidas por sus adversarios y sus socios. Esta configuración será un tema duradero porque las decisiones de un actor pueden modificar los cálculos de muchos otros.

Uno de los debates centrales se refirió a la distinción entre armas nucleares tácticas y estratégicas. En este sentido se expresó el Air Vice-Marshal Jim Beck, al subrayar que no existen las armas nucleares tácticas, porque todas las armas nucleares producen efectos estratégicos, aunque tengan diferente alcance, potencia, plataforma o empleo previsto. Las categorías no son meramente técnicas: pueden influir en la percepción del riesgo y en la disposición política a considerar determinadas opciones.



Durante ejercicios de guerra y análisis realizados con oficiales de alto rango, se observó que los escenarios convencionales podían derivar en el empleo de armas nucleares dentro de los modelos de planificación. Esa transición generaba incomodidad porque las armas nucleares son consideradas moral y políticamente aborrecibles. La resistencia formaba parte de una norma no escrita sostenida durante aproximadamente ochenta años: la idea de que una guerra nuclear no debía ocurrir.

Sin embargo, la reducción del tamaño y la mejora de la precisión de determinadas armas pueden disminuir las barreras psicológicas para su empleo. Una capacidad más pequeña o exacta no elimina el riesgo; puede hacer que algunos decisores perciban el uso nuclear como una opción más manejable. Si un Estado considera que un arma de menor potencia puede servir a sus objetivos durante una guerra, el uso inicial podría abrir una secuencia de respuestas y conducir a una escalada difícil de controlar. Beck agregó que “Rusia no tiene un tabú nuclear, y si lo necesita en la guerra, lanzará lo que describimos como una bomba nuclear táctica, y escalará. Tenemos que superar el tabú. Y los críticos argumentan que existen implicaciones dobles en plataformas que difuminan la línea entre la victoria convencional y la catástrofe nuclear. Rusia, de nuevo, no lo ve así”.

Los críticos advierten que determinadas plataformas pueden borrar la frontera entre una operación convencional y una catástrofe nuclear. La ambigüedad sobre el tipo de carga que transporta una aeronave o un misil puede provocar errores de cálculo: una acción convencional podría interpretarse como el inicio de un ataque estratégico. Por eso, superar el tabú desde el punto de vista intelectual y profesional no significa normalizar las armas nucleares, sino comprender su lógica, sus riesgos y las formas de evitar una escalada.

 

El cambio de postura del Reino Unido

El Reino Unido está revisando su estrategia de defensa y Beck vinculó esa revisión con el anuncio de un cambio de postura nuclear. En ese marco, adquirirá doce F-35A convencionales destinados inicialmente a la unidad de conversión operativa. El expositor británico aclaró que esos aviones no fueron comprados porque ya se hubiera decidido integrarlos a una fuerza de doble capacidad. La compra respondió, en primer término, a las necesidades de entrenamiento, formación y conversión de las tripulaciones.

Al mismo tiempo, Londres declaró que volvería a desempeñar un papel de aeronave de doble capacidad en apoyo de la OTAN. Se trata de dos líneas de trabajo separadas. Por un lado, la incorporación de los F-35A busca mejorar la formación, la productividad y la conversión de las tripulaciones. Por otro, se analiza el tamaño y la postura de la fuerza necesaria para cumplir una misión de lanzamiento de armas nucleares. Ese estudio debe definir la cantidad de aeronaves, la organización, la infraestructura, el entrenamiento y los procedimientos.

La misión británica fue presentada como un regreso específico al marco de lanzamiento de cargas nucleares de la OTAN. La función complementaría el equipo de lanzamiento de la alianza y se sumaría a la disuasión británica continua en el mar por medio de sus SSBN. El valor histórico de la decisión reside en que pondría fin a una pausa de aproximadamente veinte años en la capacidad nuclear lanzada desde el aire, iniciada cuando el Reino Unido retiró la bomba de caída libre WE-177.



La recuperación de esa función no consiste únicamente en comprar aviones. Requiere reconstruir una capacidad soberana e integrarla en una estructura multinacional, recuperar procedimientos y experiencia, formar personal, reforzar la seguridad de la información y desarrollar una cultura profesional capaz de incorporar las armas nucleares a la conversación estratégica principal. También exige comprender la lógica de la escalada y preparar mecanismos de desescalada para controlar una crisis.

El regreso británico constituye, según Beck, uno de los movimientos más importantes realizados por la RAF en toda una generación. Su relevancia se explica por la combinación de tres factores: el deterioro del entorno estratégico, la necesidad de reforzar la cohesión de la alianza y la obligación de volver a desarrollar conocimientos que dejaron de ser habituales para buena parte del personal.

 

Interdependencia entre el Reino Unido y la OTAN

Los aviones serían de propiedad británica, pero las ojivas B61-12 permanecerían bajo arreglos de custodia, gestión y control establecidos dentro del marco de la alianza. Además, algunos sistemas necesarios para la misión, entre ellos las aeronaves cisterna que podrían apoyar al F-35A, se entregarían mediante mecanismos de la OTAN.

La situación demuestra que la opción nuclear no es una capacidad puramente nacional. Implica responsabilidades compartidas, procedimientos de consulta, medios logísticos, entrenamiento conjunto y acuerdos sobre el control de la información. Por eso, Beck destacó que uno de los mensajes políticos más importantes del Reino Unido debería ser “la OTAN primero”: la participación británica debe entenderse como un componente de la defensa colectiva y no como una iniciativa aislada.

La disuasión tampoco existe únicamente cuando se dispone de una plataforma o de una ojiva. Para que una capacidad sea creíble deben coexistir el equipamiento y la intención de emplearla si fuera necesario, junto con la capacidad política y militar de controlar una crisis. El retorno británico exige recuperar procedimientos, experiencia, formación, seguridad cultural y una comprensión profunda de las consecuencias de cada señal enviada.

La misión también debe insertarse en una arquitectura más amplia de fuerzas convencionales y nucleares. La fuerza británica tendrá que trabajar con los sistemas de mando, comunicaciones, reabastecimiento, protección y apoyo de la alianza. La interoperabilidad no se limita a que varias aeronaves puedan operar en el mismo espacio: requiere que los gobiernos y las fuerzas comprendan sus responsabilidades, compartan procedimientos compatibles y puedan actuar bajo una autoridad política coordinada.

 


Del Tornado al F-35 y a la futura fuerza aérea de combate

La presentación recordó que el F-35B reemplazó al Tornado en RAF Marham en 2019. Desde entonces, el Reino Unido atravesó la capacidad operativa inicial, realizó vuelos de entrenamiento y alcanzó la capacidad operativa plena. El siguiente desafío consiste en comprender mejor el concepto de aeronave de doble capacidad, las tácticas estandarizadas, el entrenamiento conjunto y la cooperación de larga data con los socios de la OTAN y de la defensa aérea y nuclear europea.

En paralelo, el Reino Unido enfrenta una transformación más amplia de su fuerza de combate. La llegada de aeronaves no tripuladas y de sistemas colaborativos obliga a decidir dónde encajan esas plataformas en las operaciones futuras, cómo se coordinan con las aeronaves tripuladas y qué tipo de entrenamiento necesitan. El problema no es solamente adquirir sistemas nuevos, sino establecer una organización capaz de emplearlos de forma integrada en diferentes dominios.

Los F-35A destinados a la unidad de conversión operativa permitirían aumentar en un 50% la capacidad de pilotos que atraviesan la unidad y reducir en un 30% la carga de ingeniería en la base. Por eso, desde el punto de vista de la formación, se consideró lógico incorporar la variante A, más productiva para ese cometido. Los nuevos aviones también podrían reemplazar aeronaves de conversión dentro de la fuerza más amplia y mejorar la productividad del grupo de ataque del portaaviones.

La compra no fue presentada originalmente como una incorporación inmediata a la misión nuclear de la OTAN. El análisis partió de la cantidad de pilotos que pasan por la unidad y del beneficio operativo de disponer de una variante adicional. El debate posterior consiste en determinar si el Reino Unido mantendrá únicamente los doce aviones anunciados o ampliará la variante A para apoyar una fuerza de doble capacidad más extensa.

El país está comprometido con el análisis de esa misión y calcula cuántos F-35A adicionales serían necesarios. No se afirmó que la compra ya se hubiera ampliado: la cuestión está en estudio. La formación, la ingeniería, el diseño de la fuerza y la preparación requieren tiempo. También deberá resolverse el requisito de reabastecimiento mediante Boom, dado que actualmente el Reino Unido no cuenta con esa capacidad, aunque existe una exigencia semejante asociada al GCAP.

 


La visión francesa: continuidad, soberanía y adaptación

El teniente general Stéphane Virem presentó la disuasión nuclear francesa, construida durante más de sesenta años de historia, pensamiento estratégico y adaptación. Organizó su análisis en tres ejes: el cambio del entorno estratégico y los principios franceses; las fuerzas nucleares operativas; y la construcción de una conciencia estratégica en toda la sociedad.

Durante la última década regresó la competencia de alta intensidad entre grandes potencias y los arsenales nucleares se modernizaron en distintas regiones. Al mismo tiempo, la inteligencia artificial, las capacidades cibernéticas, los sistemas espaciales y las armas hipersónicas transforman la naturaleza del conflicto. Estas tecnologías se desarrollan en un contexto de mayor incertidumbre y de crisis que se suceden a un ritmo más acelerado.

A ese escenario se suma la erosión de acuerdos centrales de control de armamentos, que contribuye a una nueva carrera armamentística nuclear. Pese a esos cambios, el principio que sostiene la disuasión francesa se mantuvo estable. Esa continuidad no sería una señal de rigidez, sino la consecuencia de contar con un modelo capaz de adaptarse a la evolución de las amenazas sin abandonar sus fundamentos.

 

Las cinco características de la disuasión francesa

Virem resumió la doctrina francesa en cinco características. La primera es que la disuasión es poderosa y responsable. Su propósito es evitar la guerra convenciendo a cualquier adversario potencial de que una agresión contra Francia tendría un costo inaceptable.

La segunda es la independencia. Solo el presidente de la República tiene autoridad para decidir el empleo de armas nucleares. La concentración de la decisión busca garantizar la soberanía nacional y evitar que la política nuclear francesa dependa de una autoridad externa.

La tercera es la credibilidad, sustentada en capacidades modernas, personal altamente entrenado y pruebas operativas regulares. Las fuerzas aéreas estratégicas realizan numerosas actividades de entrenamiento y mantienen los procedimientos mediante prácticas que no requieren emplear ojivas reales.

La cuarta característica es el carácter estrictamente defensivo. La disuasión tiene como objetivo proteger los intereses vitales de Francia y cuenta con el respaldo de las fuerzas armadas convencionales.

La quinta es su contribución a la seguridad europea y a la estabilidad estratégica. Aunque la responsabilidad final sigue siendo nacional, Francia considera que su capacidad también influye en la seguridad del continente.

 

Dos componentes para una sola disuasión

Durante más de seis décadas, la disuasión nuclear fue presentada como la piedra angular de la estrategia de seguridad nacional francesa. Su misión no cambió: proteger los intereses vitales del país y prevenir cualquier agresión mayor. La estructura se apoya en dos componentes.

El primero es naval, formado por submarinos y misiles balísticos. El segundo es aéreo y está a cargo de las fuerzas aéreas estratégicas. Francia mantiene esta capacidad desde 1964. A diferencia de los submarinos, que permanecen ocultos, el componente aéreo ofrece al presidente un instrumento visible, flexible y altamente receptivo. Esa visibilidad permite enviar mensajes estratégicos durante una crisis y conservar una gama amplia de opciones políticas.

Las fuerzas aéreas estratégicas pueden parecer pequeñas, con alrededor de 2.100 militares, pero ese tamaño es considerado una fortaleza. Una estructura reducida permite agilidad, capacidad de respuesta y eficiencia operativa. El cuartel general específico dispone de capacidades permanentes de mando, control y comunicaciones. Además, las fuerzas dependen de tres bases aéreas nucleares principales, equipadas con infraestructura especializada, comunicaciones seguras, transporte, protección y defensa aérea integrada.

La operación nuclear fue explicada como un sistema de tres etapas. Primero, los aviones cisterna proyectan el paquete de ataque. Luego, los aviones de combate transportan el misil a gran velocidad y buscan penetrar las defensas del adversario con apoyo de otras capacidades. Finalmente, el misil completa la misión desde una distancia de varios cientos de kilómetros.

 


Entrenamiento permanente sin emplear ojivas reales

Virem destacó que la credibilidad del componente aéreo depende de que su capacidad se ejerza de manera continua. La única actividad que no está permitida es volar con una ojiva nuclear auténtica. Fuera de esa limitación, las fuerzas pueden practicar procedimientos similares a los que aplicarían durante una guerra.

Las fuerzas aéreas estratégicas mantienen una alerta permanente, están completamente entrenadas y participan en más de treinta ejercicios y actividades operativas cada año. Entre ellas se encuentra la operación Focus, realizada cuatro veces al año y considerada la principal actividad de entrenamiento. Focus reproduce las condiciones de una misión estratégica real en un entorno altamente disputado y valida tanto el equipo como los procedimientos.

La conclusión que planteó el general Virem fue que la disuasión no es un concepto teórico. Es una capacidad operativa, probada y adaptada de forma permanente al entorno cambiante. La práctica regular busca asegurar que el personal, los sistemas de mando y control, los aviones cisterna, las tripulaciones y las bases estén preparados para actuar bajo presión.

 

Conciencia estratégica y comunicación pública

El tercer eje de la exposición francesa fue la conciencia estratégica. Las encuestas muestran de forma constante que una amplia mayoría de los ciudadanos franceses apoya las inversiones importantes en disuasión nuclear. Sin embargo, el respaldo no debe confundirse con la comprensión. Muchas personas apoyan la disuasión sin conocer en profundidad su propósito, sus límites ni sus riesgos.

Explicar la doctrina es, por lo tanto, una tarea permanente. En Francia se comunica principalmente mediante los discursos presidenciales, que exponen la evaluación estratégica del gobierno, reafirman el principio de disuasión y contribuyen a la transparencia frente a la ciudadanía y los socios internacionales. También cumplen una función institucional el Instituto de Altos Estudios de Defensa Nacional y otros espacios en los que se reúnen militares, representantes de la industria, dirigentes políticos y sectores de la sociedad.

El último discurso presidencial mencionado durante la conferencia, pronunciado el 2 de marzo, incorporó dos ideas nuevas. La primera fue la decisión de aumentar el número de ojivas nucleares del arsenal francés, algo que no ocurría desde el comienzo de la disuasión en 1964. El general Virem insistió en que esa decisión no debía interpretarse como participación en una carrera armamentística. Desde su perspectiva, la doctrina permanece sin cambios y el objetivo sigue siendo impedir que un adversario considere atacar a Francia sin enfrentar consecuencias inaceptables.



La segunda idea fue el desarrollo del concepto de disuasión hacia adelante. Francia nunca habría limitado su seguridad a las fronteras del territorio nacional. Desde el comienzo de su política nuclear, Charles de Gaulle habló de una dimensión europea de la disuasión. La decisión final sobre el empleo de armas continúa siendo exclusivamente francesa, pero el país pretende fortalecer el diálogo estratégico con los socios europeos interesados mediante mecanismos específicos de consulta política.

 

China y el regreso de la competencia estratégica

El análisis sobre China y el Indo-Pacífico realizado por el Dr Brendan Mulvaney, director del China Aerospace Studies Institute de la National Defense University de Gran Bretaña, sostuvo que las naciones presentes difieren en geografía, estrategia y estructura de fuerzas, pero comparten una realidad: la competencia estratégica regresó y la disuasión nuclear volvió a ocupar un lugar central en la seguridad internacional.

Durante las décadas posteriores a la Guerra Fría predominó la idea de que las armas nucleares tendrían un papel menos relevante y quedarían en una posición secundaria, en parte por el llamado dividendo de la paz. En muchas fuerzas aéreas, la planificación nuclear fue desplazada hacia la periferia. Esa situación terminó: hoy la disuasión vuelve a estar en el centro de la planificación.

El escenario actual no es, sin embargo, un simple retorno a la Guerra Fría. El mundo pasó de una estructura bipolar a una situación tripolar y podría dirigirse hacia una existencia nuclear multipolar. En ese contexto aparecen dilemas de seguridad entrelazados: una actividad militar convencional puede ser percibida como una amenaza contra la fuerza estratégica de un país y generar una escalada nuclear, incluso dentro de un conflicto regional.

La estabilidad estratégica ya no puede reducirse a una aritmética basada en la cantidad de armas. Requiere comprender las percepciones de los adversarios, sus señales, sus doctrinas y sus interpretaciones de las acciones ajenas. Reconstruir el “coeficiente intelectual nuclear” colectivo no es un lujo académico, sino una necesidad operativa para los comandantes y los responsables políticos.


 

La transformación china no es solo numérica

El desafío no consiste únicamente en medir cuántas armas nucleares tiene China. También hay que entender cómo podrían emplearse, cómo se integran con campañas convencionales, cómo interactúan con las alianzas y qué preocupaciones políticas influyen en la doctrina. Esa integración está cambiando la naturaleza de la disuasión.

China atraviesa, según el análisis presentado, la mayor expansión nuclear de la historia moderna en términos de escala, velocidad y opacidad. El cambio principal no es solamente numérico, sino conceptual. Pekín estaría modificando su visión sobre el propósito de las armas nucleares. Durante décadas, las fuerzas nucleares chinas se apoyaron en una capacidad de segundo ataque: la posibilidad de responder después de recibir una agresión y asegurar que el adversario no pudiera destruir completamente la fuerza china.

En la actualidad, los escritos chinos describen cada vez más las fuerzas nucleares como instrumentos capaces de moldear el campo de batalla convencional antes de que comiencen los primeros disparos. El Ejército Popular de Liberación estaría cambiando simultáneamente el hardware, la postura y la doctrina estratégica que los vincula.

Durante muchos años, Pekín mantuvo un número relativamente pequeño de misiles propulsados por combustibles líquidos. Ese esquema estaba orientado principalmente a conservar una capacidad de represalia. La etapa terminó con el objetivo establecido por Xi Jinping de que el Ejército Popular de Liberación alcance el estatus de gran potencia y se convierta en un ejército de clase mundial para 2049.

 

Silos, combustible sólido y una tríada nuclear

La Fuerza de Cohetes del Ejército Popular de Liberación pasó a una postura basada en misiles de combustible sólido, con mayor disponibilidad y tiempos de lanzamiento más rápidos. La evidencia visible incluye la construcción de más de 300 nuevos silos de misiles de combustible sólido en el oeste de China. El cambio tecnológico reduce de forma drástica el tiempo de preparación y aumenta la capacidad de respuesta.

El arsenal chino se proyecta en torno a 1.000 armas para 2030 y podría crecer más allá de esa cifra. A la expansión terrestre se suma la rápida operacionalización de una tríada nuclear auténtica, con un bombardero nuclear H-6N, el eventual bombardero estratégico furtivo H-20 y una inversión masiva en la disuasión naval.

El componente marítimo se hizo visible cuando la Marina del Ejército Popular de Liberación lanzó un misil balístico intercontinental fuera de su área habitual. El episodio fue interpretado no solo como una prueba técnica, sino como una señal estratégica destinada a mostrar la creciente confianza de Pekín en su mando y control y su intención de mantener una disuasión nuclear continua en el mar.

La tríada se refuerza con tecnologías destinadas a superar las defensas antimisiles aliadas, entre ellas sistemas de bombardeo orbital fraccionado y vehículos planeadores hipersónicos. Estas capacidades se describen como un instrumento de “contrapeso estratégico”: una fuerza nuclear con supervivencia que limita las respuestas convencionales de los aliados y crea mayor libertad de acción para el Ejército Popular de Liberación.

 

La percepción china de las capacidades occidentales

La expansión china responde parcialmente al prestigio nacional, pero está impulsada sobre todo por una profunda sensación de inseguridad. Los estrategas chinos observan los avances de los países democráticos en ataques convencionales de precisión, defensas aéreas y antimisiles integradas y capacidades espaciales.

Desde Pekín, esas capacidades no se perciben necesariamente como defensivas. Lo que Estados Unidos y sus aliados describen como disuasión convencional puede interpretarse en China como una amenaza de desarme estratégico, en particular como una capacidad de primer ataque contra los sistemas nucleares de mando y control. La conclusión china sería que, si la supervivencia de la fuerza es incierta, el arsenal debe expandirse y hacerse más resistente.

Al hacerlo, China también difumina deliberadamente las líneas entre las fuerzas convencionales y las estratégicas. El Ejército Popular de Liberación despliega misiles DF-26 de doble capacidad, aptos para cargas convencionales y nucleares, y desarrolla misiles balísticos intercontinentales con capacidad convencional.

Esta ambigüedad genera un problema de decisión. Si un centro de mando recibe información sobre varios misiles intercontinentales entrantes, pero no sabe qué tipo de ojiva transportan, la respuesta puede producir una escalada. El mismo dilema aparece desde la perspectiva china: si sus dirigentes no pueden determinar si los aviones de un adversario llevan una carga convencional o nuclear, también pueden reaccionar de manera peligrosa.

El resultado es que casi todos los grandes movimientos convencionales adquieren un significado estratégico para ambos bandos. Las señales convencionales y nucleares se entrelazan, y la dificultad de interpretar las intenciones del otro aumenta la inestabilidad.

 


La sombra nuclear sobre los conflictos regionales

Mulvaney explicó que la expansión nuclear china tiene un propósito profundamente operativo. Pekín estaría diseñando una fuerza capaz de proyectar una sombra nuclear sobre los campos de batalla convencionales. En una crisis regional, especialmente en torno a Taiwán o el Mar de China Meridional, el objetivo sería contar con un arsenal suficientemente formidable y con capacidad de supervivencia como para paralizar la voluntad de las democracias occidentales.

China buscaría utilizar la amenaza de una escalada estratégica para disuadir a los aliados de intervenir de manera convencional. No necesariamente pretende librar una guerra nuclear: su objetivo sería convencer a los adversarios de que la escalada nuclear ya no es una opción útil para respaldar una intervención convencional. En esa lógica, las armas nucleares funcionan como un escudo detrás del cual puede desarrollarse una guerra convencional.

Esta evaluación permite entender el retorno de la RAF al papel nuclear aerotransportado mediante el F-35A. Para Pekín, la capacidad nuclear puede ser cada vez más relevante como factor de la competencia convencional. Restaurar la participación aérea británica dentro de la OTAN no consiste en igualar el número de ojivas chinas, sino en negar a China la confianza de que la coerción nuclear puede separar a los aliados y aislar a un socio.

Los textos doctrinarios y militares chinos muestran que el liderazgo de Pekín valora una capacidad militar creíble, visible e integrada. La dimensión visible es especialmente importante para las fuerzas aéreas y espaciales. El cuerpo diplomático chino probablemente condenará estos movimientos como provocadores y propios de una mentalidad de Guerra Fría, pero la reacción política también puede indicar que la cuestión afecta a los intereses estratégicos de Pekín.

 

Cohesión aliada e interoperabilidad

Según Mulvaney, los escritos militares chinos ponen énfasis en la gestión coherente de la escalada. Lo que preocupa a Pekín no es solamente la capacidad militar de una democracia, sino esa capacidad combinada con la cohesión de la alianza. Si China cree que puede aislar un conflicto o a un socio mediante el acoso nuclear, puede sentirse más envalentonada. Si los aliados muestran una escalera de escalada unificada y sin fisuras, el cálculo estratégico chino se vuelve más difícil.

La combinación de aviones de quinta generación como el F-35, sistemas de mando y control y fuerzas integradas señala que las alianzas están conectadas desde la superioridad aérea y la ventaja táctica hasta la disuasión estratégica. También comunica que los aliados no aceptarán ser coaccionados ni separados.

La decisión británica de regenerar su capacidad nuclear aérea fue presentada por Mulvaney como un ejemplo de ese desafío compartido. Muchos países deben preguntarse cómo reconstruir una experiencia técnica especializada después de décadas de interrupción, cómo educar a una nueva generación de aviadores para quienes la misión nuclear es desconocida y cómo garantizar la interoperabilidad en el conjunto de misiones más exigente que existe.

La credibilidad de la disuasión depende menos de las plataformas que de las personas disciplinadas, los procedimientos practicados y las alianzas confiables. La reconstrucción de la experiencia nuclear es un problema de personal, instituciones y competencia profesional. No se resuelve únicamente con la compra de aviones.

 


La industria de defensa y los tres pilares de la disuasión

El representante de Lockheed Martin, Chauncey McIntosh, definió el regreso británico a la misión nuclear como un cambio significativo para el Reino Unido, para la OTAN y para la alianza en general. Recordó que la empresa trabaja con el Reino Unido desde hace más de 85 años en cuestiones relacionadas con la seguridad y la protección del país. Para la industria, la misión nuclear no admite margen de error: debe funcionar de manera segura y confiable, con todos los componentes de formación, mantenimiento, integración y control necesarios.

El expositor describió un entorno conflictivo que cambia continuamente y vuelve más difícil sostener la disuasión. Organizó su intervención alrededor de tres conceptos: alianzas, credibilidad y adaptabilidad. Desde la perspectiva de la industria, esos pilares deben orientar la relación con los gobiernos, las fuerzas armadas y los responsables políticos.

La fuerza de las alianzas es más importante que cualquier sistema individual. El F-35 reúne sensores, datos y sistemas interoperables y refleja la colaboración entre las veinte naciones participantes en el programa y numerosas empresas de distintos países. Sin embargo, la fortaleza de las relaciones, el entrenamiento compartido y la integración conjunta importan más que cualquier componente tecnológico.

La defensa no se limita al aire y al espacio. También incorpora tierra, mar, ciberseguridad y otros dominios. La integración de esas áreas, de la OTAN y de los aliados es más relevante que la tecnología considerada de manera aislada. Un sistema no disuade simplemente por existir: disuade cuando el adversario cree que puede emplearse de manera coordinada, segura y eficaz.

El regreso británico no debe verse como un proceso solitario. El Reino Unido puede apoyarse en Francia, Estados Unidos y otros países que ya integraron capacidades semejantes. La experiencia acumulada por esos socios puede ayudar a construir doctrina, formación y procedimientos para la nueva capacidad. La integración debe abarcar el avión de uso dual como el F-35, pero también los sistemas de mando, comunicaciones, reabastecimiento y apoyo que determinan la fortaleza real de la alianza.

 

Credibilidad, incertidumbre y el papel del F-35

La capacidad proporcionada, nuclear o convencional, debe constituir una amenaza creíble. Esa amenaza tiene que ser suficiente para generar conversaciones, ofrecer opciones de respuesta a los responsables políticos durante una crisis y contribuir a que prevalezca la paz.

Para alcanzar esa credibilidad, los sistemas deben comunicarse y operar como uno solo. En el futuro, más de 800 F-35 podrían operar en Europa, no como una suma de aeronaves nacionales aisladas, sino como una fuerza conectada e integrada con el resto de los sistemas de la OTAN. Esa red modifica el cálculo del adversario y amplía las opciones de los aliados.

La incertidumbre sobre lo que lleva una plataforma en su bahía interna también puede tener efectos disuasorios. Si el adversario no sabe si un avión transporta una carga convencional o nuclear, debe considerar ambas posibilidades. La credibilidad se fortalece mediante la combinación de la plataforma, sus sensores, su conectividad, sus sistemas de mando y la integración con la alianza.

La disuasión no es estática. No se mantiene por el simple hecho de que en algún momento se haya cumplido una misión. La industria debe trabajar con los gobiernos, las fuerzas y los proveedores para que las capacidades sigan respondiendo a las amenazas futuras. La evolución tecnológica puede medirse en días y segundos, por lo que los sistemas deben adaptarse a un entorno que cambia rápidamente, tanto en una misión nuclear como en una convencional.

El F-35A británico fue descripto por McIntosh como un nodo de una red aliada más amplia. Su importancia no reside solo en la aeronave, sino en su capacidad de conectarse con la RAF, con otros países y con los sistemas colectivos de defensa. La plataforma puede contribuir a una arquitectura aérea, espacial y multidominio que mantenga una disuasión integrada.

 


La integración de las fuerzas convencionales

En la ronda de preguntas se consultó cómo incorporar la disuasión estratégica a los planes operativos y a las fuerzas de respuesta, y cómo equilibrar la seguridad de los sistemas con la integración de las fuerzas convencionales.

El representante francés respondió que las fuerzas estratégicas cambiaron profundamente. En el pasado parecían dedicarse casi exclusivamente a las tareas nucleares. Hoy, entre el 60% y el 70% de la actividad de sus pilotos y personal se desarrolla en el marco convencional. Tripulaciones desplegadas en los Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, participaron en operaciones contra drones vinculados con grupos chiitas y, al mismo tiempo, continuaron entrenando para misiones nucleares.

La doble preparación se convirtió en una característica central de las fuerzas estratégicas. Las fuerzas convencionales de apoyo aéreo y de defensa aérea están integradas en el ámbito nuclear porque forman parte del apoyo convencional. En un escenario de misión estratégica pueden operar delante de las fuerzas principales, enfrentar amenazas de defensa aérea, despejar el espacio aéreo y ayudar a los bombarderos a completar su tarea.

El entrenamiento conjunto se realiza cuatro veces al año durante una operación específica. La integración, sin embargo, no significa que todos tengan acceso a todos los detalles de la planificación nuclear. Existe una estricta separación de la información: solo una pequeña cantidad de personas, especialmente dentro de las tripulaciones, conoce su misión completa y la memoriza.

El mundo convencional conoce el panorama general, pero no necesariamente los detalles de la planificación. Esta limitación reduce el número de personas que manejan información sensible. Al dialogar con otros países sobre la disuasión hacia adelante, la “línea roja” francesa sigue siendo la planificación que se realiza dentro de un grupo muy reducido.

 

La combinación de conocimientos propios y del adversario

Durante el debate se recomendó que los planificadores y quienes ejecuten la misión operativa tengan tanto el conocimiento del “lado azul” como del “lado rojo”. El lado azul representa las propias capacidades, los secretos de la alianza y los sistemas que se busca proteger. El lado rojo corresponde al adversario: sus capacidades, intenciones, limitaciones y formas de actuar.

Las organizaciones suelen separar ambos conocimientos. Los equipos propios conocen los secretos nacionales, mientras que los especialistas de inteligencia conocen los secretos del adversario, pero no siempre existe suficiente conexión entre ambos grupos. La propuesta consiste en formar un grupo capaz de observar simultáneamente los dos lados y utilizar esa visión para planificar la misión.

La integración de perspectivas permitiría comprender mejor cómo las propias capacidades pueden ser interpretadas por el adversario y cómo las acciones enemigas pueden afectar las decisiones de la alianza. En un entorno de señales ambiguas y escalada rápida, esa capacidad resulta importante para evitar que la planificación se base exclusivamente en una lectura interna o tecnológica del problema.

 


Independencia nacional y cohesión de la OTAN

Otra pregunta planteó cómo contribuye la independencia nuclear nacional a una disuasión coherente si China busca fragmentar la alianza de la OTAN mediante la coerción nuclear. El analista especializado en China respondió que Pekín presta atención a esas decisiones. Cuanto más protesta públicamente un gobierno chino, más indicios puede haber de que el movimiento tocó un punto sensible.

La preocupación china no se limita a una plataforma específica: se concentra en las alianzas. En una eventual competencia en el Pacífico Occidental, Taiwán o el Mar de China Meridional, China buscaría convencer a países como Japón, Australia, Malasia o Indonesia de que el conflicto no tiene que ver con ellos. Si pudiera asegurarles que no serán atacados siempre que no ayuden a Estados Unidos, obtendría una victoria política y estratégica. La fragmentación de la red de socios sería un objetivo central.

La respuesta aliada debe ser colectiva. Que europeos, británicos, estadounidenses y socios de otras regiones actúen juntos y declaren que la coerción no es una forma aceptable de conducirse en el mundo contemporáneo dificulta los planes de Pekín. China observa las capacidades renovadas de la RAF y la integración de la OTAN porque esas decisiones indican que una presión contra un socio puede activar una respuesta más amplia.

Lo que ocurre en Europa afecta al Indo-Pacífico y viceversa. Las alianzas no pueden tratar cada región como un compartimento separado. La cohesión entre los socios amplía el costo de cualquier agresión y modifica las condiciones de un eventual ataque. Por eso, la señal británica de volver a la misión nuclear debe tomarse en serio: refuerza un conjunto integrado de capacidades que puede sostener la seguridad de los aliados en un sentido general.

 

El dilema de la vulnerabilidad aérea

La vulnerabilidad de los aviones de ataque nuclear frente a los submarinos lanzamisiles balísticos plantea un dilema. A diferencia de los submarinos, las aeronaves pueden ser vulnerables antes de cumplir una misión de segundo ataque. La pregunta es si esa situación genera un problema de “usar o perder” y si puede resultar desestabilizadora para el control de la escalada.

El General Stéphane Virem defendió la existencia de los dos componentes. Desde el comienzo de la disuasión, el componente aéreo y el submarino cumplen funciones diferentes. Los submarinos son considerados el seguro de vida de Francia en caso de un ataque masivo. Al permanecer ocultos, pueden conservar la capacidad de responder cuando otras fuerzas hayan sido afectadas.

La combinación de dos tecnologías permite que, si una nueva capacidad lograra destruir una parte de los aviones o de los submarinos, el otro componente siguiera operativo. Esa redundancia aumenta la resiliencia de la disuasión y evita depender de un único método de lanzamiento.

El componente aéreo también ofrece una función política más visible que el submarino. Permite presentar al presidente distintos escenarios y ayudarlo a evitar una escalada nuclear. La aeronave puede mostrar determinación sin activar de inmediato una ojiva: el presidente puede ordenar el despegue de aviones o realizar movimientos que demuestren capacidad sin ejecutar un ataque nuclear.

Existe una secuencia de opciones. Primero, puede mostrarse la capacidad mediante un despliegue o un vuelo. Después, el presidente puede decidir un ataque limitado, con un alcance que no necesariamente involucre todo el arsenal. La finalidad es preservar opciones políticas y permitir que la señal sea visible y graduada.

 


Sigilo, defensa en capas y vuelo a baja altura

La vulnerabilidad de una plataforma depende de sus características y del escenario. El F-35 incorpora tecnologías furtivas y opera dentro de un sistema de defensa en capas que puede incluir medios marítimos, espaciales y terrestres. Esa arquitectura ofrece protección adicional, aunque no elimina todos los riesgos.

La selección de la herramienta correcta depende del escenario, de la amenaza y del conjunto de misiones. El poder aéreo y la integración tecnológica siguen siendo importantes tanto para misiones nucleares como no nucleares. Desde esa perspectiva, el F-35 conserva una ventaja relevante y puede sostener una misión de doble capacidad para la OTAN.

No todo depende de las características del avión. También importa cómo se vuela. Francia considera que el vuelo a muy baja altura y gran velocidad seguirá siendo importante. Un sistema de radar que sigue el terreno debe ser capaz de volar aproximadamente a 50 metros del suelo y a 500 nudos, una tarea exigente que requiere entrenamiento continuo.

Si las tripulaciones dejan de practicar el vuelo bajo, recuperar esa capacidad puede llevar muchos años. Los pilotos franceses entrenan intensamente porque deben operar con sistemas aire-aire, tierra-aire y de seguimiento del terreno. Para una tripulación moderna, la cantidad de conocimientos requeridos es mayor que en generaciones anteriores.

El desafío no es solo la aeronave. En algunos años será necesario reevaluar hasta qué punto el sigilo completo seguirá siendo posible. El vuelo a baja altura puede permitir evitar varias amenazas, siempre que la tripulación mantenga la preparación necesaria y opere dentro de una arquitectura de apoyo adecuada.

 

Armas nucleares y capacidades estratégicas no nucleares

El debate planteó si Europa debiera discutir la capacidad nuclear de manera independiente o como parte de una postura de disuasión más amplia que incluya armas estratégicas no nucleares y ataques convencionales de precisión profunda.

Desde la perspectiva china, se trata de un espectro integrado y no de una separación rígida entre lo nuclear y lo convencional. Las fronteras geográficas también están conectadas. La actividad china en el Medio Oriente y África forma parte de un continuo estratégico más amplio, al igual que las relaciones entre Europa, Estados Unidos y el Indo-Pacífico.

Durante un período, China mantuvo entre 100 y 200 armas, según los recuentos, principalmente para asegurar una capacidad de segundo ataque. La expansión actual no puede entenderse solo como una ampliación del número de armas. El cambio doctrinario muestra una visión integrada de la guerra y el uso de capacidades nucleares para disuadir a las alianzas y alcanzar objetivos estratégicos que no necesariamente coinciden con las normas democráticas.

Francia también analiza la integración entre armas nucleares, fuerzas convencionales y tecnologías emergentes. El General Virem mencionó una nueva versión del Rafale prevista para 2035 y un nuevo misil hipersónico, el SN4G. Las aeronaves de combate colaborativas podrían emplearse en misiones de defensa aérea o marítima, pero su integración con una misión nuclear sería compleja y exigiría resolver cuestiones de control, comunicaciones, entrenamiento y responsabilidad política.

 


Sistemas no tripulados y futuras misiones

La conferencia abordó el papel futuro de los sistemas no tripulados, incluidos los CCA y los UCAV, en la misión nuclear y en la disuasión más amplia. La coordinación sería difícil porque una misión nuclear no seguiría necesariamente una ruta directa. Las aeronaves deberían reaccionar a la situación, cambiar su perfil de vuelo y coordinarse con múltiples sistemas durante el crucero.

La cuestión principal no es solamente qué equipos se comprarán, sino cómo se entrenará con ellos. La disuasión no consiste en disparar un misil nuclear, sino en evitar tener que hacerlo. Para convencer a los competidores de que una fuerza está preparada hay que practicar y demostrar la capacidad. Los países ya enfrentan limitaciones de espacio aéreo y de cantidad de aviadores; la incorporación de aeronaves colaborativas y nuevos misiles exigirá aún más áreas de entrenamiento.

Los CCA están asociados con el riesgo, los números y el costo. Su diseño permitiría enviarlos a zonas en las que no sería razonable poner una aeronave tripulada. Al no llevar una persona, pueden asumir riesgos diferentes y, en principio, ser más baratos si no necesitan todos los sensores, sistemas de supervivencia y soportes de una aeronave tripulada.

El cálculo cambia cuando se considera el empleo de armas nucleares. En una misión estratégica, la tolerancia al riesgo y a las pérdidas potenciales es mucho menor. Por eso, los CCA podrían aumentar la misión, pero no necesariamente eliminar la necesidad de aeronaves tripuladas. La cuestión central es cómo equilibrar los beneficios operativos con el riesgo político y estratégico.

Los sistemas no tripulados también podrían ayudar a entregar una capacidad lanzada desde el aire en un entorno moderno de antiacceso y negación de área. Para penetrar una zona fuertemente defendida haría falta una red de aviones, supresión de defensas aéreas, interferencia electrónica, capacidades multidominio y reabastecimiento en vuelo.

La selección de la red de lanzamiento y la coordinación de todos esos elementos serían indispensables. La masa de sistemas periféricos necesarios para abrir un corredor y entrar y salir del área puede modificar el cálculo de costo y riesgo. A corto plazo, los CCA podrían aumentar el pulso de la misión, reducir la carga de los sistemas auxiliares y aportar masa. El elemento principal de ataque, sin embargo, probablemente seguiría siendo tripulado.

El ritmo de desarrollo es rápido y los adversarios también pueden adaptar sistemas no tripulados para entregar armas o realizar acciones en zonas de riesgo. Si un enemigo logra emplear CCA de esa manera, los demás países deberán considerar si están dispuestos a aceptar la desventaja. Esto abre una discusión política y ética sobre si un sistema no tripulado puede decidir matar en una zona y sobre cómo cambian las normas de la guerra.

 

El futuro del GCAP

La última pregunta se refirió al GCAP, el programa de combate aéreo del futuro, y a la posibilidad de que ese sistema tenga capacidad para transportar armas nucleares. También se planteó si fuera necesario diseñar una versión digital del antiguo panel del Tornado para el Reino Unido y sus socios.

La respuesta fue prudente. El tema está siendo considerado, pero todavía no se tomó una decisión ni existe una definición. La cuestión queda vinculada a las decisiones futuras sobre el diseño, la ingeniería, la estructura de la fuerza y el papel que el GCAP pueda desempeñar en la arquitectura aérea británica y aliada. El programa tendrá que responder a un entorno en el que la conectividad, la autonomía, la supervivencia y la integración multidominio serán determinantes.

 

Conclusiones: disuadir juntos en un mundo más incierto

La conferencia mostró que las armas nucleares, y especialmente los componentes de la participación aliada, no deben analizarse únicamente desde la perspectiva de una plataforma o de un arsenal nacional. También representan el valor de actuar juntos, construir coaliciones y enviar mensajes colectivos a los adversarios.

La disuasión nuclear regresó al centro de la planificación estratégica, pero no como una repetición exacta de la Guerra Fría. El entorno está marcado por la interacción entre fuerzas nucleares, armas convencionales, inteligencia artificial, capacidades cibernéticas, sistemas espaciales, misiles hipersónicos, aeronaves furtivas, plataformas no tripuladas y redes de alianzas. La posibilidad de que una acción convencional sea interpretada como una amenaza estratégica hace que la comunicación y el control de la escalada sean más importantes.

El Reino Unido enfrenta el desafío de reconstruir una capacidad aérea nuclear después de una pausa de dos décadas. La adquisición de doce F-35A responde, en primer término, a necesidades de la unidad de conversión operativa y de formación, aunque el país también analiza cómo ampliar su papel de aeronave de doble capacidad dentro de la OTAN. La decisión exige definir números, infraestructura, reabastecimiento, procedimientos, doctrina, seguridad de la información y coordinación con los socios.



La vuelta británica tiene una dimensión histórica y política. Complementaría la disuasión británica continua en el mar, reforzaría el reparto nuclear de la alianza y demostraría que el Reino Unido está dispuesto a asumir responsabilidades adicionales en la defensa colectiva. Pero la credibilidad de esa señal dependerá de la capacidad de convertir el anuncio en una fuerza entrenada, integrada y políticamente controlable.

Francia presentó un modelo diferente, pero conectado con la misma preocupación. Su disuasión se apoya en fuerzas navales y aéreas, una decisión presidencial independiente, entrenamiento permanente, una estructura relativamente pequeña y eficiente y una comunicación pública basada en los discursos presidenciales y en instituciones de formación estratégica. El país sostiene que su doctrina es defensiva y estable, aunque sus capacidades se modernizan y su arsenal puede aumentar.

La experiencia francesa subraya que la disuasión es una capacidad operativa y no solo una declaración política. Requiere bases, sistemas de mando y control, aviones cisterna, tripulaciones, procedimientos, ejercicios periódicos y una estricta gestión de la información. También necesita una sociedad y una dirigencia política capaces de comprender su propósito y sus riesgos.

La discusión sobre China agregó un elemento decisivo. Pekín no solo está ampliando su arsenal; también estaría cambiando la función que atribuye a las armas nucleares. La expansión de silos, la transición hacia misiles de combustible sólido, el desarrollo de una tríada, la inversión naval, los sistemas hipersónicos y la ambigüedad entre cargas convencionales y nucleares pueden afectar directamente las decisiones de Estados Unidos, Europa y sus aliados.

La principal respuesta planteada por los participantes no fue competir únicamente en cantidad de ojivas, fue reforzar la cohesión. La disuasión debe ser visible, creíble, integrada y respaldada por alianzas capaces de actuar juntas. China puede intentar separar a los socios mediante amenazas o garantías selectivas; una alianza coordinada reduce la posibilidad de que esa estrategia tenga éxito y eleva el costo de cualquier intento de coerción.

Los oradores insistieron en que la credibilidad depende de las personas tanto como de las plataformas. Se necesitan aviadores entrenados, planificadores que entiendan las capacidades propias y las del adversario, especialistas capaces de trabajar entre dominios, instituciones que preserven el conocimiento y procedimientos practicados en condiciones realistas. La integración de la misión nuclear con las fuerzas convencionales requiere mantener la seguridad de la información sin aislarla por completo del resto de la estructura operativa.

También quedó claro que la disuasión es una actividad dinámica. Las fuerzas deben seguir adaptándose a los avances tecnológicos y a los cambios doctrinarios. El sigilo, el vuelo a baja altura, la defensa en capas, el reabastecimiento, las CCA, los UCAV y el GCAP formarán parte del debate, pero ninguno de esos elementos resolverá por sí solo el problema estratégico. La tecnología solo adquiere valor disuasorio cuando está conectada con doctrina, entrenamiento, liderazgo político y alianzas confiables.

El mensaje final fue que los adversarios observan más que los aviones y los misiles. Estudian la cohesión, la determinación y la disposición de los aliados a actuar juntos. Por eso, una disuasión creíble no se mide solamente por lo que un país posee, sino por lo que sus adversarios creen que los socios están dispuestos a hacer colectivamente. La respuesta dependerá de la capacidad de pensar, entrenar y disuadir juntos en un escenario donde las operaciones convencionales, las fuerzas espaciales, las capacidades cibernéticas y las armas nucleares están cada vez más entrelazadas.

 

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