San Martín, la estrategia y la ley: Por qué hoy no podría ejecutar su campaña - Parte 2
- CNIM (R) Armando Vittorangeli
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Por el CNIM (R) Armando Vittorangeli - Foro Argentino de Defensa *
Como se explicó en la parte 1, este artículo surge de una investigación académica desarrollada en el marco de mi tesis de la Maestría en Estudios Estratégicos, aprobada con mención especial el 1 de diciembre de 2025. El trabajo analizó la Campaña Libertadora conducida por el general José de San Martín a la luz de la doctrina formulada por Antoine-Henri Jomini en el Compendio del arte de la guerra - Nuevo cuadro analítico de las principales combinaciones de la estrategia, de la táctica sublime, y de la política militar (1838), en adelante el Compendio, con el objetivo de contrastar esa experiencia histórica con la doctrina y el marco normativo vigentes hoy en la República Argentina (Vittorangeli, 2025).
A diferencia de los enfoques predominantemente históricos o épicos, el análisis se realiza desde una perspectiva estrictamente militar. La historia no se utiliza como relato heroico, sino como insumo para reflexionar sobre cómo se genera el poder militar, cómo se conduce una estrategia compleja y qué grado de coherencia existe —o no— entre doctrina, normativa y realidad operacional.
La hipótesis central es clara y provocadora: aun cuando San Martín aplicó numerosos principios que hoy consideramos doctrinariamente válidos, el marco legal y doctrinario vigente en la Argentina actual le habría impedido llevar a cabo su campaña. Esta afirmación surge del contraste entre su accionar concreto y las restricciones que hoy pesan sobre el empleo del instrumento militar, e invita a una reflexión crítica sobre los límites del sistema de defensa contemporáneo.
Esta segunda parte está dedicada a la logística y la acción psicológica, pilares fundamentales del éxito sanmartiniano.

La creación del Ejército de los Andes: movilización total y logística genética
En la primera parte se explicó que el Esfuerzo Estratégico Militar vía Chile requería, como primer paso, la creación de un ejército. Es menester recordar que las Provincias Unidas poseían recursos tan limitados al punto que no podían mantener en funcionamiento el Ejército del Norte.
En un oficio dirigido a Posadas le describió la crítica situación del mismo tras la campaña desastrosa, indicando que encontró apenas los restos de una fuerza derrotada. El hospital carecía de recursos básicos para atender a los heridos, que yacían en el suelo en condiciones inhumanas; las tropas estaban mal vestidas con uniformes en harapos y muchos oficiales habían perdido sus pertenencias en las últimas batallas. Además, había reclamos por salarios adeudados, viudas desamparadas y emigrados sin medios de subsistencia. Destaca además la urgencia de reparar el armamento y la necesidad de vestir, alimentar y equipar a los tres mil hombres a su mando. Finalmente, advierte que, sin un auxilio inmediato, la provincia no puede sostener el ejército, lo que llevaría a la disolución de las fuerzas y a la pérdida del territorio. (Otero, 1932, pág. 267)
Los problemas durante las guerras napoleónicas se centraban en los alimentos, el forraje, la munición, la pólvora y la sanidad. Comenta Jean-Philippe Cénat que durante estas y las anteriores, la logística fue un factor estratégico esencial e ineludible. Grandes campañas fracasaron, como la invasión de Rusia, debido a problemas de abastecimiento, demostrando que más ejércitos perecieron por falta de provisiones que por el enemigo. La logística imponía límites concretos a la acción militar, dentro de los cuales los generales debían maniobrar sin margen para ignorarlos sin consecuencias graves (De la guerre de siège à la guerre de mouvement : une révolution logistique à l’époque de la Révolution et de l’Empire?, 2007, págs. 1-2).
San Martín había vivido estas vicisitudes durante su servicio a la Corona española en un ejército con problemas de organización y equipamiento. Con Solano había aprendido cómo se organizaba, equipaba y adiestraba una nueva unidad, lecciones que llevó a cabo con los Somatenes. Esta experiencia le permitió organizar un ejército desde la nada, con una logística pensada en todos los detalles para suministrarle lo necesario antes de la campaña y durante la misma.
Sabía que el apoyo que podía recibir desde el gobierno de las Provincias Unidas era escaso, de hecho, el Segundo Triunvirato no había podido sostener el Ejército del Norte.
En abril de 1814, antes de presentar su renuncia a esta fuerza, escribió una carta a Nicolás Rodríguez Peña, presidente del Consejo de Estado de las Provincias Unidas, en la que planteó lo siguiente: “Lo que yo quisiera que ustedes me dieran cuando me restablezca, es el gobierno de Cuyo. Allí podría organizar una pequeña fuerza de caballería para reforzar a Balcarce en Chile, cosa que juzgo de grande necesidad, si hemos de hacer algo de provecho, y le confieso que me gustaría pasar mandando este cuerpo” (Otero, 1932, págs. 277-278).
El Libertador vio en Cuyo, una región que en ese momento distaba mucho de ser un polo productivo, el potencial necesario como para formar un ejército casi desde cero, pero eso requería dos pasos sucesivos, el primero convertir Cuyo en una región productiva, el segundo, generar los talleres que le permitiesen transformar la materia prima entregada por la región en insumos, durables y consumibles para el ejército.

Cuando asumió el gobierno de Cuyo, la región era prácticamente improductiva, con una economía de subsistencia limitada, escasa infraestructura, baja densidad poblacional y sin industria militar alguna. Antes de crear un ejército, comprendió que debía establecer primero la base material que hiciera posible su existencia.
Atento a esta situación, planificó y llevó a cabo la transformación de la región, convirtiéndola en un sistema productivo orientado al esfuerzo de guerra. Se reorganizó e incentivó la producción agrícola, ganadera y la minería, se racionalizó el uso de recursos escasos y se integró a la población civil al proyecto militar. Solo una vez generada la materia prima necesaria fue posible avanzar hacia la fase siguiente: la industrialización militar. En términos modernos, ejecutó una movilización económica y productiva de la región sin la cual la campaña hubiese sido inviable.
Pero no solo actuó sobre la base productiva, sino que también influyó sobre la educación, la salud pública y el sistema tributario.
El resultado de la movilización en Cuyo fue que se contó con la base de recursos financieros y materiales necesaria para conformar el Ejército de los Andes y sin ella, esto hubiese sido imposible.
El segundo gran paso fue la creación y organización del Ejército de los Andes. La logística genética fue la que permitió equipar el Ejército de los Andes.
Este ejército debía ser equipado integralmente, desde uniformes hasta armamento pesado, para cruzar los Andes y combatir en Chile. El desafío logístico implicaba alimentar, proteger y asistir a más de 5.000 hombres y 12.000 animales en una travesía extrema por pasos de más de 4.000 metros de altitud, sin caminos ni poblaciones para abastecerse. A diferencia de los Alpes, los Andes presentaban obstáculos naturales severos. San Martín mismo reconocía que lo que más le quitaba el sueño no era el enemigo, sino el cruce de esos inmensos montes. (Otero, 1932, pág. 535)
Fray Luis Beltrán y Álvarez Condarco tuvieron un rol central. Bajo su conducción técnica, se desarrollaron talleres, arsenales y fábricas donde se fundieron cañones, se fabricaron municiones, se produjeron armas blancas, uniformes, monturas y pertrechos. San Martín no solo creó un ejército: creó el sistema logístico-industrial que lo hizo posible.
También recibió algo de ayuda del entonces Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, quien había aprobado su plan y le brindó toda la ayuda que pudo. Famosa es la carta en la cual le contesta a San Martín respecto a su pedido, finalizando la misma diciendo:
[...] Va el mundo. Va el demonio. Va la carne. Y no sé yo cómo me irá con las trampas en que quedo para pagarlo todo a bien que en quebrando, cancelo cuentas con todos y me voy yo también para que usted me dé algo del charqui que le mando y ¡carajo! No me vuelva a pedir más, si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado en un tirante de la fortaleza. (Soria, 2017, pág. 137)

Tampoco hay que olvidar la ayuda del Dr. Argerich, que, si bien consideró superfluos algunos medicamentos solicitados por Paroissien, cirujano mayor del Ejército de los Andes, triplicó el pedido para asegurar el abastecimiento de 6.000 hombres (Avalos, Vietto, & Garrote, 2018).
San Martín incluyó, en uno de sus informes al gobierno central, lo siguiente:
Admira en efecto, que un País de mediana población, sin erario público, sin comercio, ni grandes capitalistas, falto de maderas, pieles, lanas, ganados en mucha parte, y de otras infinitas primeras materias, y artículos bien importantes, haya podido elevar de su mismo seno un ejército de 3 000 hombres, despojándose hasta de los esclavos, unir brazos para su agricultura, ocurrir a sus pagas, y subsistencia: a las de más de mil emigrados, fomentar los establecimientos de maestranza, laboratorios de salitre y pólvora, armería, parque, salas de armas, batan, cuarteles, campamentos; erogar más de tres mil caballos, siete mil mulas, innumerables cabezas de ganado vacuno; en fin, para decirlo de una vez, dar cuantos auxilios son imaginables, y que no han venido de esa Capital para la creación, progresos y sostén del Ejercito de los Andes. En fin, las fortunas particulares casi son del público. La mayor parte del vecindario solo piensa en prodigar sus bienes a la común conservación. (Soria, 2017, pág. 136)
En ese sentido, Soria indicó que “San Martín no fue un innovador en la organización militar, excepto en el campo de la Logística, la que le dio a su ejército fue sin duda la mejor entre los ejércitos de la época en América, e incluso superior a la de muchos europeos.” (2017, pág. 152)
¿Y si rigieran las normas actuales?
El primero en plantear la logística militar fue Jomini en el Compendio. Luego George C. Thorpe, quien estudió a Jomini en su faz logística, amplió sus conceptos redefiniendo la logística como un componente central de la guerra moderna. En Pure Logistics (1917) distinguió entre logística teórica y aplicada, abarcando no solo transporte y abastecimiento, sino también la creación y sostenimiento de fuerzas. Así, transformó las nociones incipientes de la logística en uno de los pilares de la guerra moderna, sentando las bases de la logística genética y la de sostenimiento.
Desde una perspectiva doctrinaria contemporánea, el proceso desarrollado por San Martín se inscribe claramente en dos ámbitos, la movilización y la logística genética, entendida como aquella orientada a la generación de capacidades militares antes del inicio de las operaciones.
En primer lugar, la Argentina carece de una Ley de Movilización, que permita activar legalmente el potencial nacional en apoyo del instrumento militar. Tourné (2014, pág. 34) la define como el “conjunto de medidas y procedimientos a los cuales se adecúa el potencial de la nación con el objeto de satisfacer las exigencias de la defensa nacional, con aptitud y oportunidad.” Vale aclarar que la Ley 17.649 Defensa Nacional, de 1968, incluía el Plan de Movilización, pero fue derogada en 1988 por la Ley 23.544 Defensa y no fue sancionado ningún instrumento de política pública que lo reemplace. En 2024 se estaba trabajando en el Ministerio de Defensa en un proyecto de Ley de Movilización, pero aún no ha sido elevado al Congreso.
La experiencia argentina en materia de logística genética refleja un problema recurrente de la política de defensa: buenas intenciones plasmadas en documentos, pero sin el respaldo legal y doctrinario necesario para transformarlas en políticas efectivas. El Informe para la Modernización del Sistema Logístico de la Defensa de 2008 (Ministerio de Defensa, 2008), inspirado en las lecciones del Informe Rattenbach, propuso una arquitectura logística moderna, alineada con las buenas prácticas observadas en países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y España. En particular, planteó la necesidad de distinguir claramente entre dos funciones complementarias pero conceptualmente diferentes: la generación de capacidades militares, denominada logística genética, y el soporte operativo de las fuerzas, denominado logística de sostenimiento.
Si bien el Ministerio de Defensa intentó anticiparse creando en 2007 un ente a cargo de la logística genética, el esfuerzo nunca se consolidó porque faltó lo esencial: doctrina conjunta. Esta función quedó reducida a una definición conceptual en el PC 14-02 Logística de Material para el Planeamiento de la Acción Militar Conjunta (2012, pág. 1), que dice que es el “conjunto de actividades tendientes a la creación de capacidades militares a través de uno o más canales de obtención”, pero no tuvo un desarrollo doctrinario integral que la transformara en un sistema coherente y aplicable.
En la práctica, toda la doctrina vinculada a esta función se limitó a lo establecido en el “Manual para la identificación, formulación y evaluación de proyectos con inversión de la Defensa” (Ministerio de Defensa, 2009), que a su vez remite al Informe para la Modernización de 2008, ya mencionado, en todo lo atinente a la Logística Genética.
La responsabilidad de producir esa doctrina que no fue desarrollada es, legalmente, del Estado Mayor Conjunto. El resultado fue una cadena de referencias cruzadas entre informes y manuales que se citan entre sí sin avanzar. Así, la logística genética terminó siendo un concepto reiterado en el discurso, pero ausente en la práctica, dejando a las Fuerzas Armadas sin un marco claro y sostenido para planificar, crear y mantener capacidades militares en el tiempo.
En ese vacío normativo y político, la movilización y la logística genética quedaron más como una idea que como una herramienta concreta y, como consecuencia, la creación del Ejército de los Andes, tal como fue concebida y ejecutada por San Martín, no habría sido posible bajo el marco normativo actual.
Nuevamente esta contradicción no invalida la legitimidad histórica de la campaña, sino que pone de manifiesto las falencias legales y doctrinarias que, de haber estado vigente en 1814, habrían impedido la ejecución de la movilización de Cuyo y el equipamiento del Ejército de los Andes.

Guerra psicológica: un instrumento decisivo
El empleo sistemático de la guerra psicológica constituye una de las mayores innovaciones sanmartinianas. Utilizó el engaño, la desinformación, la manipulación de percepciones y la acción directa sobre la voluntad del mando enemigo, integrados a maniobras de diversión, con el objetivo de desorganizar el sistema de mando enemigo y dislocar sus fuerzas antes de enfrentamientos decisivos.
Este tipo de engaño fue dirigido deliberadamente al comandante y al estado mayor del ejército español, no a la tropa. San Martín comprendió que quebrar el proceso de toma de decisiones del mando enemigo era más eficaz que destruir físicamente sus fuerzas.
La Guerra de Zapa llevada a cabo previo a iniciar la campaña a Chile contribuyó a reducir el ejército español, cansarlo, dividirlo y dislocarlo, lo cual le permitió batirlo por partes. Dos ejemplos concretos (Barcelona, 2017) ilustran este enfoque. El primero una carta apócrifa enviada a Mariano Osorio en Perú, con información falsa sobre la situación en Cuyo, que condujo al virrey De La Pezuela a retirar fuerzas desde Chile para reforzar el Alto Perú por las acciones que Güemes estaba desarrollando. El segundo fue la difusión deliberada de rumores sobre una invasión combinada por tierra y mar —reforzada por la actividad corsaria de Brown y Bouchard en el Pacífico— que indujo a Marcó del Pont a desplazar parte de tropas hacia la cadena costera. Una vez verificado que no era cierto, tuvo que hacerlas regresar a Santiago con el cansancio en la tropa y costo logístico que estas acciones provocaban. En ambos casos, la acción psicológica actuó directamente sobre la percepción del mando enemigo, condicionando sus decisiones.
La campaña del Perú es paradigmática, ya que el objetivo fue la voluntad de los criollos de ese virreinato. Cabe señalarse que la gran parte del ejército realista era colonial, no originario de España y que la acción psicológica fue dirigida a sus integrantes. Al efecto, utilizó rumores cuidadosamente difundidos, proclamas, y control de la información que generaron indecisión, desmoralización, deserciones masivas y, finalmente, la capitulación sin combate.
En 1950, Ramón Carrillo (1950) dictó en la Escuela de Altos Estudios Militares un ciclo de clases sobre el uso de la guerra psicológica, en el que sentó las bases sociales y metodológicas de la misma y destacó la necesidad de preparar tanto al Ejército como a la sociedad. Influido por la doctrina de la guerra total de Ludendorff, la concibió como un instrumento ofensivo y defensivo orientado a actuar sobre el miedo para quebrar la moral del adversario y propuso su incorporación a la doctrina y a los reglamentos militares, junto con la creación de un organismo específico. En ese sentido, utilizó la campaña de San Martín en el Perú como ejemplo paradigmático, señalando que la guerra psicológica condujo a: evitar el odio del pueblo; crear una nueva moral favorable al libertador; elevar la moral propia; organizar quintas columnas; y dividir políticamente al enemigo. Sostuvo que estas acciones dislocaron psicológicamente al virrey y a sus mandos, generando demoras operativas y deserciones en las fuerzas realistas.
En dicha conferencia indicó, además, que el empleo de la guerra psicológica por parte de San Martín había sido reconocido en ámbitos académicos, mencionando que San Martín se consideraba como uno de los creadores de la guerra psicológica moderna y que en la Escuela de Altos Estudios de Berlín se estudiaban las campañas del Libertador bajo este punto de vista.
En contraste, un siglo después de la campaña sanmartiniana, Liddell Hart (La estrategia de aproximación indirecta, 1941) concibió la dislocación psicológica como un efecto derivado de la maniobra física y de las acciones de diversión, especialmente aquellas que amenazan la retaguardia enemiga, pero no la postuló como una acción directa sobre la mente del comandante enemigo, como instrumento deliberado a ese efecto.
Cabe señalarse que la guerra psicológica como tal aparece en Estados Unidos en 1948, cuando Paul Linebarger (1948), un escritor de ciencia ficción norteamericano, publicó Psychological Warfare, libro que fue utilizado por el Ejército de los Estados Unidos por varios años.
Paradójicamente, en el año 2006 la Ministro de Defensa de ese entonces resolvió, en el artículo 17 de la Resolución 381, prohibir expresamente el empleo de la guerra psicológica incluso contra enemigos externos, careciendo además de doctrina específica que la regule. Esta normativa continúa vigente y la doctrina que existía al efecto fue derogada.
Conclusiones
La campaña de San Martín demuestra que la eficacia estratégica no depende solo del genio militar, sino de la coherencia entre conducción política, marco legal, doctrina y empleo del instrumento militar.
El contraste entre su accionar y las restricciones normativas actuales revela tensiones profundas: conceptos como actitud estratégica defensiva u ofensiva, movilización, logística genética y acción psicológica aparecen hoy fragmentados, limitados o directamente prohibidos.
Revisar críticamente estas categorías no implica reivindicar el pasado, sino preguntarse si el sistema de defensa argentino contemporáneo conserva la flexibilidad conceptual necesaria para enfrentar amenazas reales.
San Martín no solo ganó batallas: expuso, con dos siglos de anticipación, los costos de confundir legalismo, o ideología, con el empleo de las fuerzas armadas para la defensa de los intereses vitales de la nación.
Referencias.
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* Capitán de Navío (RE) Armando Vittorangeli.
Licenciado en Sistemas Navales. Técnico Superior en Mantenimiento Mecánico y Organización Industrial. Posgrado en “Gestión Logística”. Diplomatura en “Gestión de activos y mantenimiento”.
Magister en estudios estratégicos
Certificado ICOGAM (Ingeniería de Confiabilidad, Gestión de Activos y Mantenimiento).
Facilitador certificado RCM, RCA, ISO 9000 e IS0 37000. Implementador ISO 55.000.
Ex Docente en posgrados de UTN-FRBA y UAI. Expositor en varios congresos, foros y universidades sobre Mantenimiento y Gestión de Activos.
Autor del Capítulo 4 “Support Process Aligned With a Maintenance Management Model”, del libro “Cases on Optimizing the Asset Management Process”. Editorial Discovery (UK). 2021.
Ha publicado y están en edición más de 15 artículos en revistas y sitios especializados.
Miembro de los Comités de Gestión de Activos de IRAM e ISO TC251 en WG 4, WG5, WG7.
Miembro del Comité Ejecutivo y Coordinador del Área Logística del Foro Argentino de Defensa.



