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Se puede superar el bloqueo en Ormuz, pero las alternativas no están libres de riesgos


Por Ignacio Montes de Oca


Nota: luego de escribir este artículo, Irán atacó con drones el puerto de Fujairah y es importante porque cumplió con las advertencias que luego se explican en el texto.


El bombardeo a la isla de Kharg abrió una discusión sobre lo que podría pasar si se cierra su operación por donde se exporta el 90% del petróleo iraní. Veamos qué tan cierto es, si hay puertos alternativos y de paso analicemos qué otras rutas hay para esquivar el bloqueo en Ormuz.

Para empezar, Kharg no es una zona de extracción de petróleo, es una terminal de carga con una capacidad de carga diaria teórica de unos 7 millones de barriles diarios. En la práctica, carga de entre 2 y 3 millones al día. Su salida no dejaría a Irán por completo sin exportaciones. Irán tiene una red de oleoductos paralelos a la costa que conducen a otros puertos. El siguiente en importancia es de la Isla de Lavan, capaz de cargar unos 200.000 barriles diarios. Le sigue la terminal de la Isla de Siri con una capacidad de 100.000 a 200.000 barriles diarios. El cuarto en importancia es la Terminal de Jask, situada más al sur en el Golfo de Omán, más allá de Ormuz. En teoría puede cargar 330.000 barriles diarios. Luego hay terminales menores, pero no están preparadas para buques de gran porte o tienen muelles de calado limitado. En total, el conjunto de alternativas para Kharg suma entre 500.000 y 700.000 barriles diarios, por lo que, de perderse la terminal principal, Irán y sus clientes recibirían una cantidad muy menor de crudo. Mas aun si EEUU o Israel decidieran neutralizar los puertos alternativos.



No obstante, sacar del mercado a un volumen que representa entre el 1,5 y el 3% de la oferta mundial podría afectar aún más la disponibilidad de crudo y el aumento del barril o generar una respuesta iraní sobre las instalaciones petroleras en la costa opuesta, agravando la crisis.

El otro riesgo es que se aceleren los ataques contra los más de 200 buques cargados con ente 100 y 200 millones de barriles que esperan en las aguas del Golfo Pérsico a que se levante el bloqueo. Pero del lado de los emiratos y reinos petroleros existen también rutas alternativas. El oleoducto East-West Crude Oil Pipeline, o Petroline para el que quiere ahorrar letras, llega al Mar Rojo cruzando por Arabia Saudita. En teoría puede transportar unos 5 millones de barriles diarios, pero su capacidad real quizás se aumente a 7 millones en breve.

Pero hay que matizar, porque una parte, 2 millones de barriles, se destinan a las refinerías que producen combustibles que los saudíes necesitan con idéntica urgencia. Y el resto enfrenta un cuello de botella al llegar a los embarcaderos en el otro extremo, en el puerto de Yanbu. En Yanbu, sobre el Mar Rojo, hay dos puertos. Uno al norte y otro al sur. Su capacidad de embarque es de 4,5 millones de barriles diarios y, al igual que el oleoducto, está limitado a ciertos tipos de crudo livianos. Pero además afronta un riesgo más al sur de sus muelles. Las exportaciones desde Yanbu pasan por el Estrecho de Bab el-Mandeb que es controlado por los hutíes proiraníes. Uno de sus líderes, Mohammed al-Bukhaiti, dijo horas atrás que "están listos para apoyar militarmente a Irán" y que hay una "Hora Cero" para comenzar los ataques. Con solo un ataque el Mar Rojo pasaría a tener el mismo estatus que el Golfo Pérsico. No solo para los petroleros, sino para el 14% del transporte mundial de todo tipo de bienes que circula por el Mar y que usa esa ruta para dirigirse al Canal de Suez y conectar con el Mediterráneo.

Esto implica abrir un segundo frente y es por eso que la flota europea liderada por Francia podría tomar la responsabilidad de intervenir en ese paso. De todos modos, un ataque o la misma amenaza le agrega una nueva capa de problemas a los que ya existen por el bloqueo de Ormuz. Y, además, el ingreso de los hutíes a la guerra pone en riesgo a los yacimientos y refinerías de las coronas petroleras que en el pasado ya fueron objeto de ataques con drones desde el territorio del Yemen controlado por los hutíes. El Petroline podría ser un blanco primario.



Pero también podrían atacar al Oleoducto Habshan-Fujairah en los Emiratos Árabes Unidos. Los hutíes tienen una disputa histórica con los saudíes que apoyan al gobierno legal de Yemen y con los emiratíes que respaldan al tercer grupo en disputa, el Consejo de Transición Sureño. El oleoducto emiratí conecta los campos petroleros de Habshan en Abu Dhabi con el puerto de Fujairah, en la costa del Golfo de Omán, más allá del bloqueo. Puede transportar entre 1,5 y 1,8 millones de barriles diarios. Esto es un 60% de las exportaciones de los Emiratos Árabes Unidos.

Estas alternativas suman hasta 6,3 millones de barriles diarios, menos de los 20 millones que producen los países de la región incluyendo a Irak y excluyendo a Irán, que en caso de una salida de Kharj restaría otros dos millones. Esas cifras explican el precio actual del barril. El otro problema es que, por el deseo de no depender de sus vecinos, los países petroleros no están interconectados, de manera que los oleoductos no sirven para resolver las exportaciones más allá de las de saudíes y emiratíes. Y no, no se pueden usar otros medios alternativos. Se propuso sacar la producción con camiones. Un camión cisterna puede llevar unos 200 a 250 barriles. Para reemplazar a un superpetrolero se necesitarían unos 13.000 viajes en camión. Es poco práctico y un viaje de 400 km le agregaría entre 10 y 15 dólares de costo a cada barril.



Para EEUU representa un desafío extra porque debería duplicar sus medios en la zona y sumarlos a los que envió Europa para cubrir el flanco del Mar Rojo. Recordemos que entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 el paso de Bab el-Mandeb estuvo bajo asedio de los hutíes. Sin esa protección, el oleoducto que recorre Arabia Saudita y el puerto de Fujairah pueden perder su utilidad. En mayo de 2019 los hutíes ya atacaron a instalaciones petroleras emiratíes y en enero de 2022 alcanzaron con dos drones dos estaciones de bombeo del Petroline.

Este artículo responde a las dudas sobre posibles alternativas, pero también muestra cómo las exportaciones se mantienen sobre un equilibrio inestable. Además, cómo el conflicto se desplaza a otros frentes en los que Irán se fue posicionando hace ya muchos años con sus proxies. También explica la resistencia de los productores de petróleo para involucrarse en una respuesta más decidida contra Irán. Unos no tienen alternativas y los que las tienen saben que esas rutas son frágiles porque deberían extender su defensa aérea a una zona aún más grande. Desactivar el riesgo que plantean los hutíes demandaría una acción por tierra que ya se intentó y que restaría energía militar para atender el frente principal con Irán. No es un frente menor porque por allí circulaban 9 millones de barriles diarios de crudo antes de la actual crisis. Esto es entre un 9 y un 10% del crudo mundial y la tensión ya redujo el paso al 6% en 2025. O, si se prefiere, en el otro frente que Irán puede abrir de un momento al otro, está en juego el paso de 1,6 billones de toneladas anuales de carga que incluyen crudo, gas, granos y contenedores.



En resumen, no solo se trata de abrir el Estrecho de Ormuz, sino de desactivar una jugada estratégica preparada por los ayatolas con mucha antelación. Irán sabe que depende de Kharg, pero viendo su estrategia de responder causando daños a discreción, mejor revisar las previsiones. Queda ver además qué hará Israel. Con una agenda militar propia y decidido a debilitar a Teherán en todos los planos, puede verse tentado a golpear Kharg más allá de los tiempos y estrategias de Washington. En ese caso podrían adelantarse los acontecimientos en los dos pasos clave. Irán está estimulando esa reacción al activar a Hezbollah para que ataque al norte de Israel desde el sur de El Líbano en coordinación con los lanzamientos de sus misiles balísticos. Sumar a los hutíes parece una consecuencia lógica en su política de ampliar la escalada. Una invasión al Líbano para ocupar el territorio al sur del río Litani y desalojar a Hezbollah podría llevar a Teherán a intentar también debilitar a Israel y dispersar su fuerza. Activar nuevos ataques desde el occidente de Yemen hacia Israel y los emiratos, puede ser parte de la respuesta.



Y en esa idea de ampliar el daño para forzar una salida favorable tiene sentido que las coordenadas de los oleoductos y puertos alternativos sean cargadas en los misiles y drones tanto iraníes como hutíes. Así es Medio Oriente, una sucesión constante de golpes y contragolpes. En inferioridad militar, Teherán ya entendió que el precio del barril de crudo es a la vez un cronometro y un termómetro para el resto del mundo. Todo lo que contribuya a degradar la situación, especulan, ayuda a desgastar la capacidad de sostener una ofensiva en su contra.

Una última observación respecto a proveedores alternativos: Medio Oriente es irremplazable en el corto plazo. Puede que haya otras zonas productoras y esa región produzca el 30% mundial, pero exporta 31 millones de barriles diarios, el 40 al 50% del total global exportado por mar. Sacar esa producción al mercado es la clave, más aún cuando se están quemando reservas estratégicas por 570 millones de barriles, menos de una semana del consumo global. Ormuz y en menor importancia Bab el-Mandeb son tan cruciales como los oleoductos y puertos. No solo se trata del destino de Kharg, esa isla es solo una parte de un sistema mucho más amplio. Como botín y punto de presión puede ser útil, pero no resuelve el problema. Hay que atender a los bloqueos y amenazas de cortes en otras partes de las rutas de suministros. La pregunta es entonces si EEUU puede hacer frente a una solución a tantos problemas concatenados y si los países petroleros y Europa están dispuestos a sumarse a una respuesta completa al desafío que les plantea Irán más allá de Ormuz. El precio del barril refleja tantas dudas.

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