Seis aƱos de la tragedia del ARA āSan Juanā, sin respuestas ni futuro
- JosĆ© Javier DĆaz
- 15 nov 2023
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Por JosĆ© Javier DĆaz*
El 15 de noviembre del 2017 se produjo el trĆ”gico naufragio del Submarino ARA āSan Juanā, en el que murieron sus 44 tripulantes. Desde entonces, la desidia y falta de visión estratĆ©gica de las autoridades polĆticas (de los poderes Ejecutivo y Legislativo) y militares (del Estado Mayor Conjunto y la Armada Argentina) se ha traducido en la carencia de no tener al menos un Submarino operativo para custodiar nuestro enorme y rico litoral marĆtimo, presionar ante la ilegĆtima ocupación britĆ”nica en Malvinas y afirmar la tan declamada proyección antĆ”rtica.
CorrĆa el aƱo 1916 y el entonces CapitĆ”n de Fragata Segundo Storni efectuó una disertación sobre la importancia de defender los intereses nacionales en el mar, en la que incluyó la necesidad de incorporar sumergibles a la Flota argentina.
Apenas un aƱo mĆ”s tarde, cuatro Oficiales de la Armada Argentina (ARA) viajaron a Estados Unidos para incorporarse a la flamante Escuela de Submarinos de New London, donde realizaron el segundo curso dictado allĆ, egresando entre los primeros puestos de una promoción integrada por 58 oficiales norteamericanos.

Aquellos primeros cuatro āsubmarinistasā argentinos tradujeron al castellano un importante estudio cedido por el Jefe del Servicio de Submarinos de la Armada estadounidense, en el que se esbozaba la polĆtica de dicha potencia en relación al uso de submarinos, la organización de las flotillas, bases, tipos de submarinos y caracterĆsticas que debĆa tener una escuela para capacitar adecuadamente a los tripulantes.
En 1926 el Almirante Manuel Domecq GarcĆa, entonces Ministro de Marina, impulsó la Ley de Renovación del Material Naval N° 11.378, que autorizó la compra de seis sumergibles y construir la infraestructura idónea para su reparación y mantenimiento en Mar del Plata.
El 12 de octubre de 1927 se firmó el contrato con un astillero italiano para construir los tres primeros sumergibles de la Armada Argentina, bautizados como ARA āSanta Feā, ARA āSaltaā y ARA āSantiago del Esteroā.
Tras navegar con tripulación argentina mĆ”s de 7.000 millas, casi sin escalas, durante 40 dĆas, fueron recibidos por el Presidente de la Nación, AgustĆn P. Justo, y los altos mandos de la Armada Argentina. Posteriormente, el 3 de septiembre de 1933, con el arribo a la Base Naval Mar del Plata del guardacostas ARA āBelgranoā -buque madre de los sumergibles argentinos- se completaba la formación de la incipiente Fuerza de Submarinos de la Armada y, desde entonces, se toma esta fecha para celebrar el āDĆa del Submarinistaā argentino.
La Guerra de Malvinas
El 2 de abril de 1982 las Fuerzas Armadas argentinas desembarcaron en Malvinas y recuperaron nuestra soberanĆa sobre dichos archipiĆ©lagos, tras casi 150 aƱos de continuos reclamos diplomĆ”ticos ante la ilegĆtima usurpación britĆ”nica.
MĆ”s allĆ” del resultado del conflicto bĆ©lico con el Reino Unido, nos centraremos en analizar el rol de los submarinos (convencionales y nucleares) de ambos bandos, a fin de exponer las ventajas tĆ”cticas y estratĆ©gicas que aportaron este tipo de unidades a sus respectivos paĆses.
No caben dudas de que los submarinos nucleares ingleses efectuaron un rĆ”pido despliegue (menos de la mitad del tiempo que requerĆa un submarino convencional) desde Europa hasta la zona del conflicto y, gracias a su autonomĆa, pudieron mantenerse en su zona de patrulla (Ć”rea de operaciones asignada) durante toda la guerra sin requerir apoyo logĆstico (ya fuera con escalas en puerto o reaprovisionando en alta mar) de combustible, vĆveres, etc.
Los submarinos nucleares le permitieron al Reino Unido desplegar fuerzas especiales en los archipiélagos australes y en la Patagonia argentina, ampliando la disuasión y libertad de maniobra del alto mando inglés.
Semanas antes de que el grueso de la flota inglesa arribara a Malvinas y su Ôrea de influencia, al menos tres submarinos britÔnicos ya estaban en el AtlÔntico Sur, realizando tareas de inteligencia, reconocimiento, infiltración de comandos, seguimiento de la flota argentina, etc.

Por su parte, los submarinos convencionales que tenĆa la Argentina demostraron su sigilo y capacidad de ataque y evasión ante una flota moderna y especializada en la lucha antisubmarina como la inglesa, por entonces la tercera potencia militar del mundo.
Tanto el exitoso ataque del submarino inglĆ©s HMS āConquerorā contra el crucero ARA āGeneral Belgranoā asĆ como los tres lanzamientos de torpedos que realizó el submarino ARA āSan Luisā contra diversos buques de la flota britĆ”nica, demostraron la supremacĆa del arma submarina en un enfrentamiento contra buques de superficie, incluso cuando Ć©stos estĆ”n fuertemente protegidos por fragatas y aeronaves (aviones y helicópteros) equipadas con sensores (sonoboyas y sonares activos y pasivos, de casco y calables; detectores de anomalĆas magnĆ©ticas; etc.) y sistemas de armas modernos (torpedos buscadores, minas, bombas de profundidad, etc.).
En la Guerra de Malvinas el submarino argentino ARA āSan Luisā atacó a la flota inglesa en diversas oportunidades, pero -debido a fallas en el sistema de control tiro y los torpedos- no logró hundir buques enemigos. Pese a la ineficacia de los ataques, para el mando naval inglĆ©s la sola presencia del ARA āSan Luisā representaba una amenaza concreta que era preciso eliminar, por lo cual se destinaron cuantiosos recursos (buques, aviones y helicópteros) a localizarlo y destruirlo, generando un gran esfuerzo -operativo, logĆstico, económico y militar- para la Fuerza de Tareas britĆ”nica.
A esto hay que aƱadir el impacto negativo en los altos mandos y tripulaciones britĆ”nicas, quienes sabĆan que podĆan ser atacadas por el submarino argentino en cualquier momento, lo cual afectaba su nivel de concentración, estrĆ©s y cansancio.
Importancia bƩlica de los submarinos
Tal como se ha expresado precedentemente, queda claro que los submarinos -ya sean nucleares o convencionales- incrementan notablemente el potencial militar de un paĆs, tanto a nivel tĆ”ctico como estratĆ©gico, y lo ideal serĆa tener ambos tipos de submarinos, ya que poseen cualidades tĆ©cnicas y operacionales complementarias.
Si bien para el neófito no hay mayor diferencia entre un submarino nuclear (SSN) y uno convencional (SSK), la realidad es que se trata de dos tipos de buques muy distintos entre sĆ.
A grandes rasgos, un submarino nuclear requiere una tripulación mayor (dos a tres veces mĆ”s tripulantes que un SSK); el submarino convencional tiene menores dimensiones, peso, firma acĆŗstica, magnĆ©tica, etc., que un SSN; en prestaciones operativas el submarino nuclear posee mayor velocidad, autonomĆa, capacidad de proyección y de empleo bĆ©lico, aunque tiene mĆ”s limitaciones en lo que hace maniobrabilidad y profundidad mĆnima para navegar en inmersión; los costos de adquisición, mantenimiento y operación de un submarino nuclear son muy superiores (dos a cinco veces) de lo que cuesta un SSK.

Postguerra, crisis y tragedia
Tras la derrota en Malvinas y la vuelta de la democracia, la dirigencia polĆtica argentina optó por aislar a los militares y reducir al mĆ”ximo su presupuesto y nivel de injerencia en otros Ć”mbitos que no fueran estrictamente castrenses.
Desde 1983 al presente, el presupuesto para la Defensa Nacional se ha ido reduciendo hasta casi una tercera parte del porcentaje del PBI que se asignaba hace cuatro dƩcadas atrƔs.
Los Ćŗltimos 40 aƱos se han caracterizado por la disminución de efectivos de las FFAA, el cierre de unidades, la privatización y venta de la mayorĆa de las fĆ”bricas militares, la pĆ©rdida de capacidades por obsolescencia y desprogramación (sin reemplazo previo) de sistemas de armas (por ejemplo, los cazas Mirage, los aviones Boeing 707 de transporte estratĆ©gico y guerra electrónica, buques cazaminas y de desembarco anfibio, etc.), reducción del grado de alistamiento y adiestramiento, etc.
El ajuste presupuestario incrementó notablemente el grado de indefensión de la Nación Argentina, tornando imposible cumplir la misión constitucional de las FFAA respecto a vigilar y controlar el espacio aĆ©reo, las fronteras y el litoral marĆtimo argentino.
La falta de fondos incrementó notablemente el riesgo patrimonial y de integridad fĆsica del personal militar que debĆa operar aeronaves, buques, tanques, vehĆculos y municiones superados tecnológicamente y con un alto nivel de fallas aleatorias debido a su vetustez, lo cual se verifica en los incidentes y accidentes que provocaron heridas y hasta la muerte a varios pilotos, soldados y marinos que trabajaban con sistemas de armas que tenĆan hasta medio siglo en servicio sin haber sido nunca modernizados.
El caso mĆ”s notable de la desinversión requerida para modernizar los medios y mantener una adecuada instrucción/adiestramiento del personal militar tuvo lugar aquel fatĆdico 15 de noviembre del 2017, cuando se produjo la pĆ©rdida del Submarino ARA āSan Juanā y sus 44 heroicos tripulantes. En tiempos mĆ”s recientes, el trĆ”gico accidente de un camión del EjĆ©rcito Argentino con casi 40 aƱos en servicio se cobró la vida de varios jóvenes que juraron defender a la Patria.
El Comando de la Fuerza de Submarinos hoy
Desde la pĆ©rdida del ARA āSan Juanā, el Comando de la Fuerza de Submarinos (COFS) de la Armada de la RepĆŗblica Argentina (ARA) carece de -al menos- un submarino operativo.
Actualmente, la Armada Argentina tiene tres submarinos en dotación: ARA āSaltaā (S-31) y ARA āSan Luisā (S-32), ambos Clase 209; y ARA āSanta Cruzā (S-41), Clase TR-1700.
El S-31 estÔ en la Base Naval Mar del Plata (BNMP) pero solo puede navegar en superficie, por lo cual se lo emplea para tareas de instrucción bÔsica ya que no puede ir a inmersión.
El S-32 lleva dĆ©cadas en las gradas del Astillero Almirante Storni (contiguo a la planta de TANDANOR en la Ciudad de Buenos Aires) a la espera de presupuesto para devolverle sus condiciones operativas, ostentando el lamentable mĆ©rito de ser el Ćŗnico submarino Clase 209 fuera de servicio por mĆ”s de dos dĆ©cadas debido a la falta de voluntad de la dirigencia polĆtica.
Finalmente, el S-41 tambiĆ©n estĆ” inoperativo debido a que se le debĆan realizar tareas de mantenimiento al momento de la trĆ”gica pĆ©rdida de su gemelo ARA āSan Juanā, por lo cual la conducción polĆtica del Ministerio de Defensa decidió no avanzar en su vuelta al servicio.

La imperiosa necesidad de nuevos submarinos
Teniendo en cuenta las Ćŗltimas tĆ©cnicas y tĆ”cticas de combate naval, las tendencias de los conflictos bĆ©licos mĆ”s recientes y el avance tecnológico, los próximos submarinos que deberĆ” incorporar la Armada Argentina tendrĆan que satisfacer los siguientes requerimientos:
ü realizar patrullas de 45 dĆas continuos en el mar como mĆnimo;
ü autonomĆa de al menos 5.000 millas nĆ”uticas sin reabastecimiento;
ü velocidad en inmersión mayor a 18 nudos y en superficie a 8 nudos;
ü profundidad en plano de inmersión superior a 250 metros;
ü contar con Sistema de Propulsión Independiente del Aire (AIP) y/o Diesel-Eléctrico;
ü capacidad para almacenar y lanzar al menos 18 torpedos de 533mm o una combinación con misiles antibuque y de crucero y minas navales;
ü tripulación entre 25 a 45 personas y alojamiento temporal para 8 a 15 efectivos de Fuerzas Especiales;
ü desplazamiento entre 1.500 y 3.000 toneladas;
ü contar con sonares pasivos y activos, radares de navegación y ataque, telémetro lÔser, cÔmaras infrarrojas y térmicas en periscopios, etc.;
ü baja tasa de indiscreción acústica/magnética/hidrodinÔmica.
El Ministerio de Defensa y la Armada Argentina han mantenido diversas negociaciones con astilleros de Alemania y Francia en los últimos años para concretar la adquisición de nuevos submarinos, priorizando la participación de la Industria Argentina en su construcción y mantenimiento.
En ese sentido, tanto los submarinos ScorpĆ©ne franceses como sus competidores alemanes, son excelentes plataformas que cumplen con los requisitos exigidos por nuestro paĆs, con el agregado de que el modelo francĆ©s ya es utilizado por la Armada de Chile y Brasil, en tanto que el modelo alemĆ”n es una versión muy mejorada de los clase 209 que incorporó y opera la Armada Argentina desde mediados de la dĆ©cada de 1970 al presente.
Si bien la propuesta francesa es mĆ”s atractiva en cuanto a su financiación, la oferta alemana tiene como principales beneficios el hecho de que se contarĆa con un submarino operativo en menor tiempo (el Clase 209 que darĆ” de baja Brasil) y que implica una ācontinuidadā en tĆ©rminos de adaptación a esta nueva generación de submarinos.
Por otro lado, es loable que el Ministerio de Defensa haya solicitado a los oferentes dar la mÔxima participación a la industria argentina, para lo cual comunicó a sus pares de Francia y Alemania que serÔ muy considerado el grado de transferencia tecnológica y la eventual construcción de los submarinos en el Astillero Almirante Storni que -junto a TANDANOR- integra el Complejo Industrial Naval Argentino (CINAR).
En ese orden, la actual gestión presidencial ha demostrado real interés en recuperar la capacidad del arma submarina, para lo cual la Armada Argentina ha realizado diversos estudios de factibilidad para reequipar el Comando de la Fuerza de Submarinos.
En ese orden, de todas las opciones tĆ©cnicas y económicas analizadas hasta el presente, la Armada Argentina y el Ministerio de Defensa consideran que solo dos -las propuestas por Francia y Alemania- reĆŗnen las condiciones de Aptitud, Factibilidad y Aceptabilidad (AFA) que podrĆan derivar en un contrato para la provisión de la próxima generación de submarinos.
Resulta obvio que la incorporación de submarinos nuevos demandarĆ” un proceso de varios aƱos hasta que se concluya su construcción, pruebas de mar y aceptación formal por parte de la Armada Argentina. En ese sentido, la propuesta alemana tiene la ventaja de que el gap temporal serĆa cubierto con un upgrade de los U-209 que estĆ” desprogramando la Marina brasileƱa, permitiendo formar/adiestrar a los submarinistas argentinos en unidades propias en vez de submarinos de PerĆŗ y Brasil, como lo vienen haciendo desde el 2018 al presente.
MÔs allÔ de la mayor demora y costos que implica comprar submarinos nuevos, no caben dudas de que es la alternativa mÔs eficiente en términos económicos y estratégica en cuanto a su valor militar y el impacto positivo que tendrÔ en la Industria Argentina, pública y privada.
Considerando que los recursos del Fondo Nacional para la Defensa (FONDEF) no alcanzan por sà mismos para cubrir la erogación que demanda la compra de -al menos tres- nuevos submarinos, es de esperar que el Ministerio de Defensa argentino requiera una financiación de bajo interés y a largo plazo.
El aspecto económico-financiero de las ofertas recibidas debe ser bien evaluado y equilibrado respecto a las compensaciones industriales, la transferencia de tecnologĆa y el grado de participación de las empresas locales -con TANDANOR, INVAP e IMPSA a la cabeza- de manera tal que se haga un uso inteligente y estratĆ©gico de los recursos presupuestarios, generando nuevos empleos de alta calificación, el dominio de tĆ©cnicas y tecnologĆas complejas y sensitivas propias de la construcción de submarinos, etc.
Desde el punto de vista del Poder Militar, la compra de submarinos nuevos, en el estado del arte, implicarĆ” un salto cualitativo en las capacidades de la Armada Argentina, contribuyendo notablemente a la Estrategia de Defensa por Capas, provocando la detección y neutralización de las potenciales amenazas a nuestro paĆs lo mĆ”s lejos posible de nuestro territorio.

Conclusiones
En estos Ćŗltimos 40 aƱos de democracia, el factor comĆŗn que han compartido los diversos gobiernos que han gobernado la Argentina ha sido la ignorancia, desidia y falta de responsabilidad en planificar y gestionar como una verdadera PolĆtica de Estado a la Defensa Nacional, generando la pĆ©rdida de capacidades militares por la baja/desprogramación de diversos sistemas de armas (cazas supersónicos, buques de desembarco y guerra de minas, transporte estratĆ©gico, submarinos, sistemas misilĆsticos de todo tipo, etc.).
Al desarme material/logĆstico se suma el Ć©xodo de un alto porcentaje de los mejores profesionales (Oficiales y Suboficiales) que no se sienten reconocidos ni disponen de medios modernos y seguros para instruirse y adiestrarse correctamente, todo lo cual va en detrimento de la responsabilidad indelegable del Estado nacional de proveer a la Defensa Nacional para proteger los intereses vitales, la independencia, soberanĆa y riquezas que tiene la Argentina.
Cualquier persona que vea el mapa de la RepĆŗblica Argentina o sepa que es el octavo paĆs mĆ”s grande del mundo, que su Zona Económica Exclusiva es una de las mĆ”s extensas y ricas en biodiversidad, pesca, gas y petróleo, etc., se darĆ” cuenta de la importancia que reviste disponer de una Armada cuyo despliegue, medios, alistamiento y adiestramiento estĆ©n en consonancia con las riquezas y amplitud de los espacios marĆtimos a vigilar y defender.
La tragedia del submarino ARA āSan Juanā seguramente tuvo lugar a raĆz de la falta de presupuesto para el correcto mantenimiento, modernización y adiestramiento operativo.
Es de esperar que, mÔs pronto que tarde, el MINDEF formalice el contrato para incorporar al menos tres submarinos nuevos, de manera de contar permanentemente con uno operativo, ya que los otros estarÔn en condiciones de mantenimiento y/o instrucción de las tripulaciones.
Los submarinistas argentinos, que dedican sus vidas a custodiar nuestro Mar Argentino desde sus entrañas, merecen disponer de medios modernos para cumplir su misión.
A seis aƱos de la trĆ”gica pĆ©rdida del Submarino ARA āSan Juanā y sus 44 heroicos tripulantes, la Nación Argentina -a travĆ©s de su Presidente y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas- deberĆa honrar su memoria firmando el contrato para incorporar nuevos submarinos a la Armada Argentina.
* El autor fue Oficial del Cuerpo Comando de la Armada Argentina; es Licenciado en Administración, Master europeo y MagĆster ITBA en Dirección EstratĆ©gica y Tecnológica; se desempeƱa como Consultor de Empresas y Organismos Gubernamentales
