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Trece frases de Trump sobre Ucrania, una por una frente a los hechos

hace 1 hora
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En una entrevista reciente con Newsmax, el presidente Donald Trump hizo una serie de declaraciones sobre la guerra en Ucrania que combinan datos imprecisos, teorías ya desmentidas, ecos de la propaganda rusa y simplificaciones engañosas. Lo que sigue es un repaso de sus dichos más polémicos, cotejados con datos verificables de fuentes oficiales, organismos internacionales y especialistas.

 

Afirmación 1: “Los tanques subiendo por la autopista directamente a Kyiv tenían al general, que obviamente no era un general muy bueno, no hizo un giro a la derecha hacia el campo de cultivo... Dicen que se metió directamente en el barro. si no hubieran tomado ese giro a la derecha hacia la tierra, en lugar de subir por una autopista de concreto, habría terminado en un día.”

Ese relato es un recorte que no soporta ni el análisis militar ni la lógica elemental. El barro del valle del río Irpin, al oeste de Kyiv, efectivamente entorpeció a algunos blindados rusos, pero eso no bastó para hacer fracasar la ofensiva. Las tropas rusas que entraron desde Bielorrusia sí circularon por las rutas principales y cubrieron por tierra unos 150 kilómetros hasta las afueras de la capital durante la primera fase de la batalla. La historia del giro a la derecha es tan floja que ni los propagandistas rusos se atreven a defenderla, y menos todavía la idea de que la guerra “habría terminado en un día”.

Los especialistas explican la derrota rusa en Kyiv por fallas logísticas de fondo, una coordinación deficiente y la resistencia feroz de los ucranianos, que levantaron defensas preparadas, usaron los obstáculos del terreno y mostraron gran capacidad de mando orientada a cumplir la misión. A eso se suma que Rusia nunca consiguió superioridad aérea y que las fuerzas ucranianas le negaron el control del aeropuerto de Hostomel, clave en el plan de tomar Kyiv rápido. El barro fue un contratiempo, no la causa principal.

 

Afirmación 2: “Zelensky no es un buen tipo para nosotros para tratar... Él no quiere llegar a un acuerdo. Dice que quiere llegar a un acuerdo, pero no lo sabe”.

Aquí Trump incurre en una falsa dicotomía: plantea la relación con Ucrania como una disyuntiva entre regalarle dinero o hacérselo pagar, sin considerar alternativas como ayuda condicionada a reformas, asistencia en especie o préstamos reembolsables.

Zelensky expresó muchas veces su voluntad de negociar, aunque con condiciones claras. En octubre de 2022 firmó un decreto que declaraba formalmente “imposible” dialogar con Vladimir Putin, luego de que Rusia anunciara la anexión de cuatro regiones del sur y el este de Ucrania. No es que rechace negociar: se niega a sentarse con Putin después de anexiones ilegales y a aceptar términos de rendición que juzga inadmisibles y que la Constitución ucraniana no permite concretar.

La norma que impide ceder territorio es el Artículo 2 de esa Constitución, que establece que “la soberanía de Ucrania se extiende a todo su territorio”, que el país es un Estado unitario y que “el territorio de Ucrania dentro de sus fronteras actuales es indivisible e inviolable”. El Artículo 17 lo refuerza al disponer que “la protección de la soberanía y la integridad territorial de Ucrania... es la función más importante del Estado y asunto de todo el pueblo ucraniano”, lo que vuelve aún más firme el veto a cualquier cesión.

El plan de paz de diez puntos de Zelensky pide el retiro de las tropas rusas, el fin de las hostilidades y la restitución de las fronteras ucranianas con Rusia, condiciones coherentes con el derecho internacional y la Carta de la ONU. Decir que Zelensky “no quiere un acuerdo” pasa por alto que fue Rusia quien rompió los acuerdos de Minsk y quien rechazó de manera sistemática las propuestas de alto el fuego.

 

Afirmación 3: “Biden dio cientos de miles de millones de dólares, probablemente $350 mil millones en equipo y dinero en efectivo a Ucrania”.

La cifra de 350.000 millones está muy inflada. Según datos del Congreso de Estados Unidos, hasta ahora se aprobaron cerca de 174.200 millones de dólares en fondos suplementarios de emergencia para responder a la invasión rusa, de los cuales 110.700 millones (64%) fueron al Departamento de Defensa y actividades vinculadas. Eso significa que también salieron beneficiados, de manera colateral, la industria militar estadounidense, que cobró los contratos; el programa de retiro de material, que se ahorró el costo de dar de baja los equipos enviados a Ucrania; y el Pentágono, que modernizó su arsenal gracias a este esquema. Ucrania se favoreció, pero además vio cortada esa asistencia cuando Trump volvió al poder.

La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos (GAO) confirma que en los años fiscales 2022 y 2023 se aprobaron unos 113.400 millones de dólares, de los cuales se habían desembolsado unos 67.500 millones el 31 de diciembre de 2023. Los “350.000 millones en efectivo” que menciona Trump no figuran en ningún registro oficial.

 

Afirmación 4: “Biden les estaba dando misiles, y se estaban vendiendo en el mercado abierto después de que llegaron a Ucrania”.

Es una acusación grave lanzada sin una sola prueba, con la expectativa de que la falta de una refutación inmediata la haga pasar por cierta. No hay evidencia verificada de que las armas que Estados Unidos envió a Ucrania se estén revendiendo en masa en mercados abiertos. Los señalamientos sobre tráfico ilegal provienen sobre todo de fuentes rusas, como la delegación de Moscú ante la ONU, que sostuvo que la militarización de la OTAN provocó un aumento “sin precedentes” del comercio ilegal de armas occidentales, declaraciones sin verificación independiente.

Lo que sí está documentado es que Rusia difundió desinformación sobre el desvío de armas dentro de su campaña de propaganda. La comunidad de inteligencia occidental y los organismos de control de exportaciones no confirmaron un patrón sistemático de reventa de armamento estadounidense en Ucrania, y Trump tampoco cita ninguna fuente oficial que respalde su dicho.

Afirmación 5: “Si me dices que Zelensky está otra vez disparando a refinerías, todo lo que está haciendo es hacer que el precio del petróleo mundial sea más alto... Creo que eso es una deshonra”.

Los ataques ucranianos a refinerías rusas sí influyeron en el mercado mundial del diésel, pero la relación de causa y efecto es más compleja de lo que sugiere Trump. Según la BBC, el presidente culpó a Ucrania por la caída de las exportaciones rusas de diésel y la suba de precios. El propio Zelensky negó que los ataques sean la causa principal y apuntó a factores como la situación en el estrecho de Ormuz y otras tensiones geopolíticas.

Además, el conflicto en Medio Oriente dañó seriamente las refinerías de esa región, lo que redujo la capacidad global de refinación y agravó la escasez de diésel. El encarecimiento responde entonces a varios factores a la vez y no solo a los ataques ucranianos. Golpear las refinerías rusas es una estrategia militar legítima para degradar la capacidad energética del enemigo, y su efecto sobre los precios globales es una consecuencia indirecta, no el objetivo.

 

Afirmación 6: “Están perdiendo en promedio 25.000. Ahora ese número está subiendo a 32.000... mayormente hombres, mayormente militares”.

Las estimaciones de bajas rusas varían según la fuente, pero las cifras de Trump no encajan con los datos disponibles. Según análisis independientes, las pérdidas rusas (muertos y heridos) fueron las siguientes:- 2022: aproximadamente 106.700 bajas

- 2023: aproximadamente 253.200 bajas

- 2024: aproximadamente 430.700 bajas

Si se cuentan solo los soldados rusos muertos, una investigación periodística estimó cerca de 20.000 en 2022, entre 47.000 y 53.000 en 2023 y casi 100.000 en 2024. El promedio de bajas totales en 2024 fue de unas 1.180 por día, es decir, unas 35.400 al mes. Las cifras de Trump (25.000 a 32.000) son verosímiles como promedio mensual de bajas totales, pero él las presenta como si fueran muertos, lo que reduce a la mitad o a un tercio la realidad.

 


Afirmación 7: “Si la elección no hubiera sido amañada, si la elección de EE. UU. no hubiera sido amañada, esto nunca habría pasado. Esta guerra nunca habría pasado”.

Suponer que, si un hecho vino después de otro, el primero lo provocó. Trump insinúa que, como la invasión rusa llegó tras las elecciones de 2020, esos comicios “amañados” fueron el origen de la guerra.

No hay evidencia de que la invasión se haya debido a un supuesto fraude electoral en Estados Unidos. La teoría de que Ucrania interfirió en las elecciones de 2016 fue calificada de “ficción” por la propia comunidad de inteligencia estadounidense. Fiona Hill, exasesora principal de la Casa Blanca para Rusia, dijo ante el Congreso que esa narrativa forma parte de un esfuerzo ruso por “debilitar” a Estados Unidos, y que “Rusia fue la potencia extranjera que sistemáticamente socavó nuestras instituciones democráticas en 2016”. El informe Mueller no halló ninguna conspiración entre la campaña de Trump y Rusia. Atribuir la invasión a un fraude electoral es una teoría sin sustento que ignora las causas reales: la agresión imperialista de Putin y su negativa a aceptar la soberanía ucraniana.

 

Afirmación 8: “Tenemos el mejor equipo... Biden debería haberles hecho pagar. Dio cientos de miles de millones... No le hicieron pagar. No había nadie que pagar”.

La ayuda militar de Estados Unidos a Ucrania no fue gratuita en su totalidad. Según el Instituto Kiel, hasta junio de 2026 la UE y sus Estados miembros aportaron 226.000 millones de dólares y el Reino Unido, 26.100 millones. En el marco de la OTAN se creó la “Lista de Requisitos Prioritarios”, por la cual los países europeos pagan para enviar armas estadounidenses a Ucrania.

Trump exigió a Europa que le reembolse la ayuda militar prestada durante el gobierno de Biden, y reclama más de 300.000 millones de dólares. Sin embargo, el Instituto Kiel contabiliza apenas 133.000 millones de ayuda total (militar, financiera y humanitaria): la cifra que reclama Trump más que duplica lo realmente registrado. Además, los europeos ya asumieron buena parte del costo, y la ayuda estadounidense fue en gran medida donación y no préstamo.

 

Afirmación 9: “Creo que necesitas una elección porque no hay nadie que me diga que la gente de Ucrania está satisfecha... Zelensky ha estado allí mucho tiempo”.

Ucrania no puede convocar elecciones mientras rija la ley marcial, declarada el 24 de febrero de 2022 y renovada cada 90 días desde entonces. La Constitución prohíbe expresamente celebrar comicios en ese régimen y prorroga el mandato de todos los órganos electos hasta que se levante.

Zelensky repitió que Ucrania solo podrá votar cuando firme un acuerdo de paz con Rusia. Pedir que “necesitas una elección” desconoce que la ley ucraniana y la situación bélica lo vuelven imposible hoy. Su nivel de aprobación, aunque fluctuó, se mantuvo relativamente alto frente al de otros líderes en conflicto, y nada indica un rechazo masivo de los ucranianos hacia su liderazgo.

 

Afirmación 10: “Creé, reconstruí nuestro ejército durante nuestro primer mandato, incluyendo la Fuerza Espacial. Empezamos la Fuerza Espacial”.

La Fuerza Espacial de Estados Unidos sí nació bajo su gobierno, el 20 de diciembre de 2019, cuando firmó la Ley de Autorización de Defensa Nacional para el año fiscal 2020. Fue la primera rama militar nueva desde 1947. Trump planteó la idea por primera vez en marzo de 2018 y la hizo una prioridad personal.

Pero decir que “reconstruyó” todo el ejército es un exceso. La Fuerza Espacial fue una rama organizativa nueva que reordenó funciones que ya existían en la Fuerza Aérea, no una ampliación masiva de capacidades. Además, el Congreso la aprobó con amplio respaldo bipartidista y no fue una iniciativa exclusiva de Trump. Su presupuesto inicial fue de 40 millones de dólares para el primer año, una cifra modesta frente al gasto total de defensa.

 

Afirmación 11: “Ucrania es culpable del faltante de misiles en Estados Unidos”.

Atribuir la escasez de misiles estadounidenses solo a Ucrania es falso y desproporcionado. Los datos oficiales y los análisis de expertos muestran que el agotamiento de los inventarios responde a varios teatros de operaciones simultáneos, con la guerra contra Irán como factor determinante y mucho más reciente.

La ayuda a Ucrania es modesta frente al consumo global. A marzo de 2025, la asistencia militar total de Estados Unidos desde la invasión a gran escala sumaba entre 66.500 y 66.900 millones de dólares, y llegaba a 69.700 millones si se incluyen las entregas desde 2014. En sistemas concretos, Ucrania recibió unos 600 misiles interceptores Patriot en toda la guerra, según declaraciones del asesor presidencial ucraniano Dmytro Lytvyn recogidas por The New York Times. A diciembre de 2024 se habían transferido unos 847 misiles PAC-3 MSE, por unos 3.260 millones de dólares. En cuanto a los misiles tácticos ATACMS, las cifras son aún menores: se calcula que Ucrania tenía unas 50 unidades antes de que se autorizara atacar territorio ruso en noviembre de 2024.

El contraste con el gasto en la guerra contra Irán es enorme. Según un estudio del CSIS, durante los 38 días de la operación “Epic Fury” Estados Unidos gastó entre 28.000 y 35.000 millones de dólares, con un costo diario cercano a los 1.000 millones. En ese conflicto, las fuerzas estadounidenses dispararon más de 1.200 interceptores Patriot, el doble de los que recibió Ucrania en toda la guerra, a más de 4 millones de dólares cada uno.

Además, se lanzaron más de 1.000 misiles de crucero Tomahawk, alrededor de diez veces la compra anual del Pentágono. Mark Cancian, del CSIS, estima en unos 25.000 millones de dólares el costo de las municiones ya disparadas contra Irán, y señala que la producción anual de Patriot de Lockheed Martin, de 750 unidades, no alcanza para reponer los aproximadamente 1.500 que se calcula que se dispararon. Ucrania, por otra parte, nunca recibió misiles Tomahawk, como afirma Trump.

 

Afirmación 12: “Rusia puede perder un millón de hombres, y tienen muchos otros millones de hombres detrás de ellos. Ucrania no tiene ese tipo de mano de obra”.

Trump reduce la guerra a una resta: Rusia tiene más millones, Ucrania menos, así que gana Rusia. Es una falsa analogía y una simplificación demográfica, porque el potencial humano de un país no equivale a su capacidad militar real. De ser así, habría que concluir que China ya ganó una eventual confrontación con Estados Unidos. La población total no es lo mismo que la capacidad de reclutar, entrenar, equipar y sostener soldados en el frente, y menos aún indica poder de combate, que depende de la tecnología, las doctrinas, la experiencia y muchos otros factores.

Rusia tiene una reserva de movilización de unos 23,5 millones de personas, según el jefe de la Oficina Presidencial ucraniana, Andriy Yermak. Esa cifra es teórica: no existe capacidad logística, de entrenamiento ni de mando para movilizar a millones a la vez sin hacer colapsar la economía y la sociedad rusas. El Kremlin lo sabe, y por eso evita una segunda movilización obligatoria desde 2022 y se apoya en un reclutamiento pago, con bonos y sueldos altos, que ya da señales de agotamiento.

Los números reales contradicen la imagen de una reserva infinita. En 2025, Rusia reclutó cerca de 406.000 soldados nuevos (contratistas, voluntarios y movilizados) y en el mismo lapso sufrió alrededor de 419.000 bajas, de modo que su ejército en Ucrania no creció: se mantuvo estancado en unos 711.000 efectivos. Para 2026, el jefe de las fuerzas armadas ucranianas, Oleksandr Syrskyi, calculó que Rusia necesitaría sumar 409.000 personas solo para sostener el frente y seguir formando nuevas divisiones, lo que exige 1.120 reclutas diarios sin un día de descanso. A fines de abril de 2026, Rusia había firmado apenas 127.000 contratos, el 31% de su meta anual.

Tampoco puede armar una reserva estratégica. En diciembre de 2025, el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) evaluó que las fuerzas rusas “actualmente son incapaces de construir una reserva estratégica” y echan mano “constantemente” de su reserva operativa para sostener el combate, lo que deja expuestos sus flancos y permitió contraataques ucranianos exitosos en Kupiansk y Dobropillia. La conclusión del ISW es tajante: “las limitaciones sobre la mano de obra militar disponible de Rusia, en contraste con su superioridad numérica general en población, son una restricción severa para las operaciones rusas”.

Ucrania, por su lado, atraviesa una crisis demográfica real, pero no está paralizada. Sigue movilizando hasta 30.000 soldados por mes y creó contratos para voluntarios de 18 a 24 años con bonos de 24.000 dólares para atraer a jóvenes antes no elegibles. Y este mes liberó más terreno del que ocupó Rusia.

En síntesis, Trump confunde población total con potencia militar efectiva. Rusia tiene más habitantes, pero no puede movilizarlos a todos: su reclutamiento pago ya no cubre las pérdidas, no logra formar una reserva estratégica y cada soldado nuevo que manda al frente tiene un costo económico y político que el Kremlin no quiere asumir. La guerra no es una resta de millones sino una competencia de calidad, logística, motivación y sostenibilidad, y en ese terreno la ventaja demográfica rusa pesa mucho menos de lo que sugiere Trump.

 

Afirmación 13: Trump citó a una ucraniana que dijo que Zelensky destruyó el país.

Es una generalización apresurada con una muestra sesgada: toma el testimonio de una sola persona, cuya identidad ni siquiera verifica, y lo presenta como representativo de toda la población ucraniana.

La identidad de la mujer no se puede corroborar y resulta sospechosamente ambigua. Análisis independientes sugieren que la entrevista podría corresponder a Yulia Mendel, exportavoz de Zelensky, hoy afín a la narrativa rusa, que criticó públicamente a su antiguo jefe y lo llamó “dictador”. Mendel renunció en 2021 y desde entonces se volvió una crítica cada vez más alineada con el discurso del Kremlin. Pasar a una exfuncionaria disconforme por “una joven ucraniana” representativa de la población es tomar un caso atípico y mostrarlo como la norma.

Aun si la cita fuera legítima, Trump usó el testimonio de una ucraniana no identificada para afirmar que “Zelensky ha destruido nuestro país” y que los hombres ucranianos “no tienen piernas, no tienen brazos”. Es una sola voz entre millones, y la evidencia indica que no refleja la opinión mayoritaria.

Las encuestas desmienten un rechazo masivo. Según el Instituto Internacional de Sociología de Kyiv (KIIS), en septiembre de 2026 el 54% de los ucranianos confiaba en Zelensky y el 41% no, un saldo neto de +13 puntos. En enero de 2026 la confianza era del 59%, con un 35% de desconfianza. Incluso en sus peores momentos de popularidad, Zelensky mantuvo una confianza superior al 50%, algo que pocos líderes en conflictos prolongados logran sostener.

Lo que Trump omite es el efecto de sus propias críticas. Cuando Zelensky enfrentó presiones externas, como su choque con Trump en la Casa Blanca en febrero de 2025, su popularidad no cayó, sino que subió: según el KIIS, la confianza pasó del 57% antes del cruce al 69% en marzo de 2025 y al 74% en mayo. El politólogo ucraniano Volodymyr Fesenko señala que los llamados de Trump a cambiar de líder “tendrán el efecto exactamente contrario”, porque los ucranianos se unirán en torno a Zelensky frente a lo que ven como una injerencia externa.



Es cierto que Ucrania vivió escándalos de corrupción en el entorno de Zelensky, protestas por el despido del ministro de Defensa Mijailo Fedorov y un clima de desgaste tras años de guerra. Pero esos problemas internos no se traducen en respaldo a las tesis de Trump sobre la legitimidad de Zelensky ni en ganas de capitular ante Rusia. Como resume el politólogo Igor Reiterovych: “Cuando Trump dice que hay que cambiar de presidente, niega a los ucranianos el derecho a decidir por sí mismos cuándo hacerlo”.

Un dato de contraste para cerrar: pese a sus denuncias de fraude y a señalar a Zelensky como responsable de iniciar la guerra, Trump nunca pidió reemplazar a Putin ni elecciones limpias en Rusia. Zelensky le ofreció convocarlas si se garantizan 90 días de tregua, y Trump no mencionó esa oferta.

El giro de Trump no es un hecho aislado ni una simple diferencia de opinión ni el defecto comprensible de un fabulador: responde a un patrón documentado de alineamiento con Moscú que se acentuó en los últimos meses. Varios análisis indican que Trump hizo suya la narrativa del Kremlin “casi en su totalidad” y repite, casi sin elaboración propia, los dichos rusos sobre la ilegitimidad de Zelensky y la supuesta voluntad de paz de Putin, al punto de que el vocero del Kremlin, Dmitri Peskov, reconoció públicamente que las declaraciones de Trump sobre Ucrania “están muy en línea con la posición de Rusia”.

Ese alineamiento se tradujo en hechos concretos: la firma de un acuerdo para importar diésel ruso, que Zelensky calificó de “un regalo a Putin”, y la exigencia de que Ucrania deje de atacar refinerías rusas, mientras Trump calla ante los bombardeos rusos contra infraestructura civil ucraniana.

Las motivaciones son varias. El precio del diésel se volvió un arma electoral de cara a las legislativas de noviembre, y Trump necesita un “gran malo” en el relato para justificar la suba de los combustibles, papel que ahora le asigna a Zelensky. A eso se suma una afinidad ideológica con la lógica de las esferas de influencia que comparte con Putin, y una relación personal con el líder ruso que sus críticos describen como “deferencial” desde hace años.

En conjunto, sus declaraciones no son errores sueltos ni simple ignorancia: integran una estrategia coherente que, en la práctica, beneficia a Moscú y debilita la posición de Kyiv en cualquier negociación futura.

Las afirmaciones de Trump sobre Ucrania mezclan cifras infladas, teorías desmentidas y simplificaciones que no resisten el contraste con los hechos. Desde el monto de la ayuda militar hasta la causa del fracaso ruso en Kyiv, pasando por la supuesta reventa de armas y la responsabilidad de Zelensky en las negociaciones, sus dichos distorsionan la realidad de un conflicto que costó cientos de miles de vidas y que exige un análisis riguroso, no narrativas construidas sobre la repetición dócil de argumentos elaborados en el Kremlin.

 

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