Crisis migratoria o invasión: no hay peor ciego que el que no quiere ver
- Hernán Martínez Soler
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Por Hernán B. Martínez Soler
Un general que no puede ver el campo de batalla sin lágrimas en los ojos será causa de mayores desgracias.
Napoleón Bonaparte
Europa mira azorada lo que ocurre en Ceuta y Melilla, en África, tan lejos y tan cerca del viejo continente. Una “crisis migratoria” dicen los medios que replican las más veces la frase sin detenerse un momento a pensar lo que esto significa. Retrocediendo en el tiempo, los enclaves de Ceuta y Melilla rodeado de territorio marroquí pasaron a la soberanía española en 1580 y 1497 respectivamente. Portugal conquista Melilla en 1415, territorio que pertenecía al Sultanato Marinida cuya capital era Fez, la ciudad estaba enemistada con el Sultán que no movió un dedo en su defensa.
La ciudad de Ceuta tiene una posición geoestratégica fundamental, ya que es una de las tres llaves del estrecho de Gibraltar (las otras son Gibraltar-británica y Tarifa-España) en manos europeas, mientras que Marruecos tiene la base de Ksar Sghir al lado del puerto de Tánger Med.
Es discutible si son colonias o no, para la ONU no lo son, la presencia portuguesa primero y luego españolas precede en casi cuatrocientos años a la creación del actual estado marroquí.
Marruecos es un estado cuya forma de gobierno es en los papeles una monarquía constitucional, pero en la práctica es una monarquía absolutista, con poder político, control militar y líder religioso-príncipe de los creyentes. Si bien hay elecciones, ninguna ley se promulga sin la aprobación del rey, quien en el día a día tiene el control absoluto de todo lo que pasa en el país.
En el entonces Sahara español, reclamado por Marruecos, nada ocurría hasta que la larga agonía del generalísimo Francisco Franco, con la consiguiente zozobra del régimen en dichos momentos, hizo que el 1º de noviembre de 1975 se produjera la llamada “Marcha Verde” donde el entonces rey Hassan I, padre del actual rey, movilizó alrededor de 350.000 civiles, que apoyados logísticamente y organizados por el ejército, marcharon al Sahara español.
España, sumida en la incertidumbre de la agonía de Franco no quiso o no pudo oponerse a la masa humana que se abalanzó sobre ellos y el 9 de noviembre de dicho año Hassan I ordenó el repliegue de la multitud. El 14 de noviembre se firmaron los acuerdos de Madrid donde España cedió la administración del territorio a Marruecos y Mauritania. El 20 de noviembre fallecía Franco.

Fue una jugada geopolítica, donde confluyeron la parálisis del régimen español, la guerra fría, que hizo que EEUU y Francia apoyaran a Marruecos, pues preferían el control por parte de una monarquía pro occidental a que el control lo tomara Argelia, por entonces pro rusa, y los intereses marroquíes.
El régimen marroquí no trepidó en utilizar civiles como eventual carne de cañón para sus fines. No fue una marcha espontánea, fue premeditada y organizada con un fin. Marruecos hace política internacional con su propia población sin medir las consecuencias. Busca el control de los territorios españoles y dirime su conflicto secular con Argelia, su archienemigo, con el que se disputa el control de los territorios Saharianos Occidentales.
En 2021, España acogió en un hospital metropolitano al líder del Frente Polisario, pro-argelino, que luchaba contra Marruecos por el control del Sahara Occidental. Marruecos organizó una entrada forzada a Ceuta de alrededor de cinco mil marroquíes que se presentaron como “migrantes”, los que ingresaron nadando para evitar el espigón con valla que separa a la ciudad del territorio marroquí.
Hoy luego de que el presidente del gobierno español concurriera a Argel para establecer convenios sobre la provisión de gas argelino a la península, Marruecos replica la situación del 2021 a una escala superior. Confluye a la situación el hecho de la crisis migratoria autoinfligida que sufre Europa en general y España en particular, donde nadie quiere pagar el costo político de regular en serio el ingreso en función de las necesidades demográficas y laborales de los países europeos, que sufren a su vez décadas de subrepticia y explicita infiltración cultural woke que lleva al cortocircuito de hacer lo “políticamente correcto” con la realidad, que no entiende de discursos seudo progresistas.
La Corte Suprema de España, con su fallo sobre que aquellos migrantes que cruzan una frontera terrestre puedan ser deportados inmediatamente, pero los que lleguen nadando no, muestra que la estupidez humana no tiene que ver con la erudición o bien hay que hablar de intereses, un fallo quizá para dejar a salvo su conciencia que abre las puertas a una invasión.
Una democracia es, como decía Churchill, “la peor de las formas de gobierno, excepto por todas las otras”. Aunque con gobierno socialista, España no deja de ser una Democracia que es esclava de sus leyes y se enfrenta a una moderna versión del monarca absolutista del “el estado soy yo” donde los derechos humanos no son entendidos como en Occidente y no hay prurito ético ni moral en utilizar a la propia población como instrumento de sus políticas.
Esto no ha sido de ninguna manera una “crisis migratoria” como se quiere presentar para justificar en nombre de los derechos humanos la inacción y utilización con fines inconfesables de la marea humana, utilizada por unos y otros como mero instrumentos de una guerra híbrida propia del siglo XXI.

Las carencias reales de oportunidades en el mejor de los casos y, en el peor, de supervivencia básica de las poblaciones de África, son el caldo de cultivo que permite su utilización para el logro de otros fines que no tienen que ver con la ayuda a las masas desamparadas. Son los propios gobiernos africanos quienes tienen responsabilidad sobre sus habitantes. Europa, con un pasado colonial, no está exento de culpa, pero una joven madrileña o un joven belga no tienen la culpa de las acciones Alfonso XII o Leopoldo II.
Europa no puede progresar sin inmigrantes, pero tampoco puede albergar a todos ellos. Desde el Papa León XIV hasta el Secretario Gral. de la ONU hablan de que los países de Europa deben respetar la dignidad humana de los migrantes y ser solidarios con ellos, pero no se abren las puertas del Vaticano para albergarlos ni la ONU financia a Europa para hacer frente a la crisis.
Migración incontrolada, no calificada, de mayoría islámica, que no busca integrarse sino imponer sus pautas religiosas y culturales, y enfrente dirigentes en el fondo cobardes que no quieren hacerse cargo de tomar decisiones pues, como decía Napoleón: “El miedo es enemigo de la acción” y cuyas consecuencias pagarán en todo sentido el pueblo europeo, constituyendo la nueva realidad de los conflictos, donde no es necesario portar un fusil para poner de rodillas a quien se considera enemigo.
Las cosas por su nombre.
