top of page

La Estrategia de Defensa Nacional 2026 de Estados Unidos: Washington, Malvinas y la oportunidad que no podemos desperdiciar


Por Santiago Lucero Torres – presidente del Foro Argentino de Defensa

 

La Estrategia de Defensa Nacional 2026 de Estados Unidos, difundida el último 23 de enero, fija el rumbo de su poder militar para los próximos años. Define amenazas, prioridades, regiones decisivas y capacidades a financiar. No es un texto ornamental. Ordena presupuestos, industria, alianzas y operaciones. Y trae un dato político que no es menor. El propio documento se presenta como Departamento de Guerra y utiliza la figura del Secretario de Guerra.

El mensaje es directo. Recuperar la paz mediante la fortaleza. Prioridad a la defensa del territorio estadounidense y, al mismo tiempo, decisión explícita de defender activa y firmemente intereses estadounidenses en el Hemisferio Occidental. La estrategia promete garantizar acceso militar y comercial a terreno clave, con mención expresa del Canal de Panamá. Declara que el presidente tendrá opciones militares creíbles contra narcoterroristas donde se encuentren. Y sostiene que trabajará de buena fe con los países vecinos, pero exigirá que hagan su parte. Donde no lo hagan, afirma que tomará acciones focalizadas y decisivas. A este enfoque lo denomina Corolario Trump a la Doctrina Monroe.

En el plano global identifica a China como el desafío central y describe su método para disuadirla en el Indo Pacífico. Por un lado, anuncia más comunicación entre mandos militares con el Ejército Popular de Liberación para apoyar la estabilidad estratégica y facilitar el desconflicto y la desescalada. Por otro, promete construir una defensa fuerte por negación a lo largo de la Primera Cadena de Islas y reforzar la disuasión por negación. Para el lector no especializado, defensa por negación significa impedir que el adversario logre su objetivo desde el inicio, cerrar la puerta al hecho consumado y hacer que el ataque no tenga chances razonables de éxito.

La estrategia también fija reglas para aliados y socios. Aclara que no es aislamiento, sino compromiso exterior focalizado. Establece como estándar global un gasto del cinco por ciento del producto, 3,5 por ciento en gasto militar central y 1,5 por ciento en gasto vinculado a seguridad, y dice que lo promoverá en todo el mundo, no solo en Europa. En paralelo plantea supercargar su base industrial de defensa para producir también para aliados y socios, adoptando tecnologías como la inteligencia artificial y apalancándose en la producción de aliados y socios para cubrir necesidades e incentivarlos a aumentar gasto y desplegar fuerzas adicionales con mayor rapidez.



A la Argentina se le abre una oportunidad excepcional de alineamiento estratégico con la potencia más influyente del mundo y, además, continental. Alineamiento estratégico no es subordinación. Es coincidir en intereses, aportar capacidades, compartir información con reglas y construir confianza verificable. Pero solo funciona si lo traducimos en hechos y en una agenda concreta. Primero, una agenda hemisférica medible en inteligencia estratégica, ciberdefensa, control de fronteras y combate a redes criminales transnacionales. Segundo, control y presencia sostenida en nuestro espacio marítimo, con vigilancia, patrullaje y capacidades de respuesta. Tercero, una propuesta industrial seria, mantenimiento y soporte regional, fabricación de partes, modernización selectiva y estándares de cumplimiento. El documento es explícito en que premiará a los socios útiles, no a los opinadores.

Hay un tema del que naturalmente no habla el documento, pero que no se puede dejar afuera cuando se lo analiza desde la perspectiva argentina. Me refiero a la cuestión Malvinas. Lo sostengo hace años y creo que hoy vale más que nunca. Las Malvinas se recuperan en Washington. No porque Washington vaya a resolver lo que nosotros no hacemos, sino porque sin densidad estratégica allí no cambia el clima de lo posible ni la percepción de quién es relevante en el Atlántico Sur. En este contexto, la relevancia se construye con aportes reales y consistentes.

Esta sintonía que han logrado los presidentes Milei y Trump es para aprovechar. Es un pestañeo en la historia de ambas naciones, pero puede transformar el futuro de la nuestra de una manera sin precedentes. Sería imperdonable distraernos en las objeciones de la baja política, esa que vive del decir, pero nunca hace nada productivo, o en prejuicios de falsas ideologías. Hay que capitalizar este momento con decisiones concretas, profesionales y sostenidas. Ordenar la inteligencia, profesionalizar la defensa y recuperar capacidades materiales. Submarinos, buques, aviones y el armamento clave para un país serio no son caprichos, son instrumentos vitales de soberanía. La oportunidad es hoy. Tenemos los boletos y el tren está en la estación. Lo único inadmisible sería perdernos este viaje.


bottom of page