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Ucrania ataca la yugular de la invasión rusa


Por Ignacio Montes de Oca


Ucrania está ejecutando un cerco logístico a las fuerzas de invasión rusa. La parte más importante está en la ruta que va del sur ruso a Crimea, pero en realidad la estrategia es mucho más ambiciosa y está empezando a rendir frutos en varias regiones. El centro de la trama está en la autopista M14 que conecta el sur ruso con los territorios ocupados hasta Crimea. En esa ruta y las de sus alrededores los drones ucranianos están golpeando a la parte más vital de la logística de la invasión. El motivo es el soldado de a pie. Cada soldado moderno demanda una cantidad de provisiones diarias que pueden ser medidas. A partir de esos parámetros vamos a obtener un estimado de lo que debe trasladar Rusia por las rutas asediadas por los drones ucranianos y a entender mejor lo que sucede en la retaguardia. Cada soldado requiere de entre 2,5 y 3,5 kg de alimentos diarios y de entre 2,5 y 3,5 litros de agua potable para todo uso. Dado que Putin imita a Atila, el nivel de destrucción en las zonas que ocupa priva al ejército ruso de fuentes locales para depredar y satisfacer sus necesidades.

El nivel de devastación que deja el ejército ruso hace que por donde pasa no sobrevivan redes de agua potable, energía o población, que en su mayoría huye y deja páramos sin actividad económica. En términos de convivencia con los civiles, los soldados rusos se sacan un Huno. Luego necesitan combustible para moverse dentro y hacia la zona de combate o en la retaguardia. Y además para alimentar los generadores de energía. El estimado es de 10 a 15 kg o el equivalente a 12 a 18 litros diarios dependiendo del tipo de combustible. Veamos otros suministros. Hay que contar 1 a 2 kg de material de protección como placas de blindaje y equipos para extremos climáticos. Luego le sumamos entre 0,5 y 1 kg de baterías y entre 2 y 5 kg diarios en sacos de arena, alambre de espino, maderas y herramientas para construir o reparar trincheras.

Tenemos que agregar unos 200 gramos de insumos médicos al promedio diario y entre 2,5 y 4.5 kg de municiones. Aquí hay que hacer un cálculo aparte en el consumo de munición de artillería. Sabemos que hoy Rusia está disparando unas 25.000 a 28.000 rondas diarias. Una munición de 152 mm pesa 43,5 kg, pero con el contenedor completo llega a 60 kg. Las de 122 mm pesan 21,8 kg y con el contenedor 28 kg. Tomemos el peso más alto para compensar cohetes de artillería y nos da un promedio diario a transportar cercano a las 1.500 a 1.680 toneladas.

Llegamos a un peso promedio de los insumos para cada soldado de 20 kg diarios. Para las 150.000 tropas en el frente son 3.000 toneladas adicionales, sin contar las provisiones para las otras 450.000 tropas de ocupación. Tomemos ese número mínimo de 4.500 a 4.680 toneladas. Lo que no podemos evitar es un gasto diario de 1.200 toneladas de combustible usados en todo el frente. Para simplificar redondeemos en unas 6.000 toneladas diarias como una estimación mínima de lo que necesita mover Rusia dentro de las zonas invadidas.

Todo eso es lo que debe transportarse. Cada camión Kamaz 5350 o Ural 4320 como los que usa Rusia puede llevar 6 toneladas de carga en sus modelos más utilizados. Para llevar esas 6.000 toneladas deben mover a diario 1.000 camiones y ahora tenemos una cifra consolidada. De acuerdo con el monitoreo de @clement_molin, desde el inicio de 2026 Ucrania realizó 1.000 ataques y alcanzó a 150 camiones rusos, o el 15% del total de los transportes. Consideremos que cada uno de ellos realiza viajes diarios, por lo que el daño es exponencial en el tiempo. De acuerdo con el monitoreo de bajas de Oryx, al 1 de mayo de 2026 Rusia lleva perdidos 4.481 vehículos de carga de todo tipo. Aún tiene cantidades inmensas y produce en montos suficiente para el reemplazo, pero la cifra esconde otro factor en el castigo en su red logística.

En los papeles Rusia tiene 40.000 transportes entre heredados de la URSS y de producción posterior, pero en la práctica los comandantes rusos están usando camiones civiles como reemplazo por la falta de unidades o para intentar esquivar los ataques de los drones ucranianos. Como los generales rusos no llegan por mérito sino por lealtad, se les ocurrió restringir el tráfico civil por las rutas atacadas y expusieron a los camiones sin importar que viajen pintados de verde o de cualquier otro color. Darwin los saluda desde su tumba en Westminster.

Fue entonces que los comandantes de Putin tuvieron otra idea obvia y es usar los caminos secundarios, aunque esto supone viajar por rutas deterioradas que permiten cargas menores y hacen más lentos los viajes, que se traduce en una mayor vulnerabilidad y tiempo de exposición. La respuesta ucraniana fueron más drones, pero esta vez equipados para sembrar con minas más pequeñas esos caminos alternativos. El resultado fue otro colapso y nuevas perdidas para Rusia. Como se ve, hay una batalla compleja en curso en la retaguardia invadida de Ucrania.

Aquí juega otro factor: en los años previos Ucrania se dedicó con especial interés a atacar a todas las defensas antiaéreas en las zonas ocupadas de manera que Rusia carece de medios suficientes para defenderse de las oleadas lanzadas sobre la ruta logística que conduce al frente. Esa es la misma estrategia aplicada en el interior del territorio ruso. Al dispersar los ataques con drones y extender su rango, los ucranianos están obligando a los rusos a esparcir sus recursos antiaéreos y es entonces que convirtieron la inmensidad territorial en una debilidad.



Y en coherencia con esa política, el ataque a las refinerías tiene por objetivo limitar la capacidad logística rusa porque sin importar la cantidad de camiones que pueda disponer; siempre y en todo lugar se necesitan cantidades enormes de combustible para moverlos. De acuerdo con S&P, el ejercito consume el 6% del total del diésel producido en Rusia. La producción de diésel en Rusia cayó cerca del 20 % en abril, sumando una caída adicional del 10 % en mayo, unas 600.000 toneladas. Todo suma al problema logístico.

Esa campaña no se limita a las rutas porque, además, tanto los drones como la aviación y la artillería ucraniana están atacando los arsenales y zonas de trasbordo logístico ruso en las zonas ocupadas y en los oblast vecinos a su país, lo que aumenta aún más el daño logístico. De acuerdo con un informe del ISW, desde la primavera boreal del 2026 Ucrania atacó al menos 10 trenes de carga y cisternas que transportaban suministros militares tanto en las zonas ocupadas de Crimea, Donetsk, Zaporiyhia y Luhansk como en la rusa de Kursk. Un vagón de carga cerrado o tolva estándar del tipo soviético como los que usa Rusia, transporta entre 60 y 70 toneladas de mercancía seca y de 50 o 60 toneladas de líquidos. Un convoy de 50 vagones, lo usual en Rusia, representa un ahorro que no necesita explicarse.

Para presentarlo de otro modo, Ucrania se dedica hace años a debilitar la base rusa que alimenta al frente y que le permite sostener la ofensiva. En la medida que mayor es su eficacia debería notarse necesariamente en la capacidad de las tropas de Putin para avanzar en el frente. Desde que comenzó el año 2026 Ucrania liberó al menos 400 km2 netos, es decir, la diferencia entre lo que avanzó Rusia y lo que lograron liberar las tropas ucranianas. El asedio a las rutas rusas se intensificó desde fines del 2025 y la causalidad entre ambos datos es obvia.

Hay otro modo de verificarlo. En la zona más alejada de la ruta logística rusa es donde Ucrania está logrando liberar mayores porciones de territorio. Es lo que sucede en las zonas de Zaporiyhia, en el extremo del arco que forman los territorios ocupados por Rusia desde 2022. En Zaporiyhia, las tropas ucranianas liberaron unos 200 km2 en Hulyaipole y Oleksandrivka de acuerdo con los datos del ISW con la particularidad de que los contrataques se dieron en zonas en donde las fuerzas rusas más castigadas en sus suministros retrocedieron para evitar la lucha.

En Kostyantynivka-Druzhkivka y Slovyansk ocurre el mismo escenario en el que a falta de líneas de suministro seguras, los rusos no pueden reforzar las infiltraciones y finalmente los anuncios de avances terminaron con el aniquilamiento de los soldados enviados a plantar banderas.

El estrés logístico también se nota en el frente de Pokrovsk, en donde Ucrania recuperó alrededor de 46 km² cerca de Novoselivka. Impedida de mover tropas y suministros con comodidad, Rusia perdió empuje en el ataque y esto explica el fracaso de su ofensiva de verano. Lo que importa más allá de la niebla de la propaganda es el resultado en el terreno y lo cierto es que Ucrania logró consolidar zonas de aniquilamiento en las que sus drones están desarticulando tanto el esquema ofensivo como el dfensivo ruso de un modo sistemático.

Repasemos las distancias. La ruta M 14 y la red ferroviaria que la refuerza están a 120/200 km del frente. Pero esa es la franja más alejada de una serie de capas de aniquilamiento a cargo de los drones ucranianos. Entender cómo funciona explica el actual estado del frente. En la primera capa, que va hasta los 20 km de profundidad sobre las posiciones rusas, operan los drones FPV ucranianos. Su número es tal que son responsables del 70% de las bajas rusas en hombres y equipos. Sus operadores están a distancias relativamente seguras del frente. Esta es una de las claves de la guerra porque un operador a distancia segura puede terminar con un grupo nutrido de soldados rusos sin arriesgarse a un combate cuerpo a cuerpo. El operador no reemplaza al infante en el terreno, pero sobrevive y le facilita en mucho la tarea.



Hay que señalar otro factor y es el de la eficiencia. Antes de la era de los drones se gastaban grandes cantidades de munición para alcanzar un objetivo. La pericia alcanzada por los operadores de drones FPV permite utilizar poca munición para lograr un objetivo similar.

La segunda zona de ataque va de los 20 a los 70 km. Allí operan tanto drones FPV de mayor alcance como los pesados, por ejemplo, el Baya Yaga que son recuperables y capaces de realizar varios ataques mediante el lanzamiento de proyectiles en lugar de uno del tipo kamikaze. En esta zona atacan a las tropas en sus lugares de reunión, recuperación o las rutas de aproximación o evacuación de tropas, a los depósitos de combustible y municiones, centros de mando, defensas aéreas, artillería y sitios de preparación o reparación de tanques y blindados.

Si en el inicio de la guerra la zona de riesgo era la denominada “última milla” hasta el frente, Ucrania la extendió al punto de que muchas de las tropas de refuerzo se convierten en bajas aun sin entrar en combate y sus suministros se pierden en donde antes eran áreas seguras. Luego hay que mencionar a la artillería, que tuvo que retirarse y por lo tanto perdió eficacia y alcance para evitar los ataques de los drones. El alcance eficaz -no el máximo- de un cañón de 152 mm ruso se sitúa entre los 17 y 25 kilómetros, dentro del primer y segundo anillo.

El tercer escalón es el que involucra a la autopista M 14 y el resto de las rutas logísticas. Se extiende hasta los 300 km y es donde operan los drones como el Hornet y otros modelos, algunos dotados con IA, con la capacidad de ejecutar ataques sobre blancos de todo tipo. Además, hay una gestión de los ataques a partir de centros de comandos descentralizados que Ucrania fue perfeccionando con ayuda de la empresa Palantir. Cada misión es evaluada y gestionada con recursos tecnológicos que permiten maximizar el uso de los recursos y oportunidades. Explicado de un modo sencillo: cada operador recibe información recogida por el sistema de inteligencia y otros equipos de drones para saber cuándo y dónde atacar, si se necesita reforzar un frente bajo presión y evaluar resultados para introducir mejoras en equipos y tácticas.

Hay otro factor que está marcando la diferencia a favor de Ucrania y es la red Starlink a la que Rusia perdió el acceso en febrero de 2026. Esta decisión le dio un vuelco a la guerra porque ahora los drones ucranianos operan sobre una red a la que sus enemigos no pueden acceder. Esa ventaja y el uso de la IA les permite evadir con mayor eficacia las interferencias. Da a poco queda atrás el uso de drones con fibra óptica. La sobredemanda generó faltantes, el precio del carrete multiplicó de 6 a 8 veces en 6 meses y su precio pasó de 2 a U$S 33 U$S por kilómetro.

El equivalente ruso del Starlink, el Rasvet, aun no pudo ser desplegado y los drones rusos operan con medios más precarios en el frente y a menudo vulnerables a la detección por usar medios tecnológicos menos desarrollados. Ahora, extendamos esa diferencia a las capas de ataque.

El peligro de los drones ucranianos se extiende a la cuarta capa que se adentra en Rusia, para llegar incluso a Moscú, San Petersburgo y cualquier sitio en donde haya una activo militar, político o económico que le sirva para seguir insistiendo en su invasión contra Ucrania. Tomando como referencia el alcance máximo logrado por un dron ucraniano, que fue de 1.800 km en el ataque a la estación de radar Voronezh-M en Orsk, el territorio ruso amenazado es de 10,1 millones de km2. Es decir, el 60% del territorio ruso en donde vive el 70% de su población. Allí se concentran 24 de las 33 refinerías más importantes de Rusia y es entonces que la guerra logística cobra un sentido más amplio. El efecto de esta batalla se siente finalmente en el soldado que está en las trincheras, que es el que en definitiva dibuja las líneas del frente.

Rusia tiene hoy unos 600.000 soldados desplegados en Ucrania. No están todos en el frente porque una parte importante se dedica a tareas de transporte, medicina, comunicaciones, entrenamiento y el control represivo de 3,5 millones de ucranianos en 117.000 km2 ocupados. Sin importar qué tarea hagan hay que abastecerlos con comida, munición, medicamentos, ropa, agua y combustible. Por eso es importante entender los números para comprender hasta qué punto es importante la logística para que Rusia pueda seguir sosteniendo la invasión a Ucrania. Los drones responden a otra duda que hubo sobre la capacidad ucraniana y es el número. Es cierto que existe una diferencia demográfica de 4 a 1 a favor de Rusia y que la escala del equipamiento del Kremlin es comparativamente abrumadora. Allí entran a jugar los drones. En la actualidad Ucrania fabrica 8 millones de drones FPV por año. Mensualizado, son 666.000 y alcanza para destinarle un dron a cada efectivo ruso en el frente. Visto de otro modo, para usarlos a discreción en toda la zona de combate y el resultado está a la vista en estos días. En este punto es donde la diferencia demográfica se vuelve relativa porque se creó una competencia entre la doctrina del número soviético adoptada por Rusia y la superioridad de medios técnicos adoptada por Ucrania. Esa es una clave objetiva del conflicto. Ya sea en términos de bajas de soldados o de equipos, la diferencia de 3 o 4 a 1 a favor de Ucrania es la corroboración fáctica y puede ser medida a partir de cualquier medición independiente de las cifras que entreguen Kyiv o Moscú. Ese concepto alcanza a los drones.



Es por eso que la picadora de carne de Putin tiene un componente crucial en la capacidad ucraniana para atacar a cada efectivo ruso con un operador a distancia de la zona de aniquilamiento. Si se comprende esta diferencia de doctrinas se comprende el siguiente dato. Rusia llegó a los 500.000 muertos verificados de acuerdo con los registros de Mediazona sobre la base de obituarios y certificados entregados por el estado ruso. Por cada desvivido hay al menos 2 o 3 heridos que no pueden regresar al combate o incapaces de luchar en condiciones. A su vez, el ataque a las rutas que van al frente dificultan la evacuación y supervivencia de los heridos. Esto es lo que contribuye también a elevar la tasa de letalidad en el bando ruso y las cifras comparativas revelan un lado poco conocido de la picadora de carne de Putin. La probabilidad de supervivencia general de un herido ucraniano es del 70 al 75% y del lado ruso del 38%. En esta diferencia entran otros factores, como la calidad de equipos y entrenamiento, pero también la capacidad de evacuación exitosa desde el frente a la retaguardia.

Es cierto que los drones rusos también aumentan la tasa de fatalidad durante la evacuación, pero lo mismo ocurre con la acción de los ucranianos y esto hace que el diferencial de relación muertos/ heridos sea del 1/1,25 a 1 para Ucrania y de 2 a 1 para el lado ruso.

La diferencia surge en la densidad de drones FPV en el frente. Con una capacidad industrial mucho menor, Ucrania fabrica 8 millones de drones anuales frente a los 7,3 millones de Rusia, pero usa un 30% más en la zona del frente y en los datos de bajas se corrobora esa ventaja. 

De todos modos, Rusia enfrenta problemas serios en la producción de FPV. El arresto del Yury Kozarenko, dueño de la firma Transport of the Future, por robar dinero del estado ruso y fraguar cifras de producción, demostró que las cifras rusas no eran necesariamente ciertas.

Ucrania fabrica el 95% de sus drones y el resto son colaboraciones con EEUU, Lituania, Alemania y otros países que sirven como factorías o proveedores en la retaguardia. A diferencia de la artillería o el material aéreo, Ucrania no debe tolerar condicionamientos para usarlos. Ucrania se asoció en la denominada “Coalición de Drones” con el Reino Unido y Letonia. El resultado fue la entrega de 5.000 drones FPV, 150,000 drones interceptores para derribar Shahed rusos y 20,000 drones de reconocimiento con un alcance de hasta 200 kilómetros. Con EEUU desarrolló el dron Hornet dotado con IA y capaz de atacar a 65 km de distancia y luego Ucrania tiene una variedad muy extensa de modelos desarrollados y producidos de manera local que le dan independencia y forman el grueso de su fuerza de asedio logístico.

Hay un punto en el que el análisis conduce a plantear si solo se habla de la capacidad rusa de sostener más ofensivas o si se debiera pensar si es viable sostener su presencia invasora en Ucrania. Putin asoló todo a su paso y hoy las zonas ocupadas son inviables económicamente. El grado de dependencia de los territorios ocupados es extremo a causa de esa destrucción ocasionada por las invasiones desde el 2014. El 100% del combustible, las medicinas y los textiles que se consumen provienen de Rusia. En alimentos, es de entre el 70 y el 80%. Vemos el caso particular de Crimea. Por efecto de los drones ucranianos, allí escasea la gasolina de 95 octanos y los que están en la península están virtualmente atrapados por la falta de combustible. El gobierno de ocupación estableció un cupo de 20 litros diarios por persona. El problema para el gobierno de la invasión son siempre los drones. Desde el ataque al puente de Kerch en octubre de 2022 su tráfico vial y ferroviario está limitado. La vía alternativa para abastecer a Crimea está dañada y podría cortarse de manera definitiva en cualquier momento.

El daño estructural en sucesivos ataques limita el tránsito pesado y las inspecciones hacen el resto. Además, en los años previos Ucrania redujo la flota de transbordadores del Mar de Azov que son la vía alternativa para abastecer a las guarniciones y la población de la península. Esa es una de las razones por las que lo que queda de la flota rusa del Mar Negro tuvo que mudarse del puerto ocupado de Sebastopol al ruso de Novorrosisk que, sin embargo, también este bajo ataque constante de los drones aéreos y marinos ucranianos y limitado para la logística.

También hay que reseñar la destrucción en junio y agosto de 2023 de los puentes de Chonhar, que conecta a Crimea con Jerson, y el de Henichesk que comunica con la Flecha de Arabat en la península. De a poco, Ucrania fue creado embudos que facilitan la acción de sus drones.



Hay otros factores que ayuda a la debacle rusa, como por ejemplo otro más lejano en el tiempo. El 6 de junio de 2023 el ejército ruso destruyó la represa hidroeléctrica de Nova Kakhovka. Pero en ese acto cortaron el paso del 85% agua al canal que abastece a la zona de Crimea. En consecuencia, la producción de cereales, arroz, carne de cerdo y frutas, a la que se destinaba el 72% del agua del norte se interrumpió y Rusia tuvo que hacerse cargo de abastecer a la población con el otro 40% de los alimentos importados desde su territorio.

La situación se derrama desde el campo militar, en donde el efecto puede ser medible por los cambios en el frente y las cifras de bajas, pero también en las posibilidades de sostener una ocupación que le demanda a Rusia U$S 10.000 millones anuales solo en subsidios directos. Entre ellos hay U$S 3.500 millones en infraestructura, U$S 5.800 millones para pagos de salarios y pensiones, U$S 1.200 millones en envíos alimentarios y un largo rosario de gastos que no cuentan los U$S 18.000 millones para resolver la devastación que causaron en Mariupol.

Si las rutas que alimentan la ocupación y la ofensiva se interrumpen, la zona ocupada puede convertirse en un miembro privado de sangre. Y luego queda por ver el efecto de los ataques sobre el corazón productivo ruso. Ucrania apuesta a la retaguardia mientras tantea el frente. Ahora se entiende por qué el asedio sobre la M 14 es solo una parte de una batalla mucho mayor y que tiene más importancia que el logro de destruir un camión en la retaguardia. Lo que está en juego es la capacidad de Putin para sostener su presencia en Ucrania en el futuro. La logística siempre fue la clave de la guerra. Ucrania quizás no tiene la fuerza militar para expulsar a Rusia de su territorio, pero fue creando herramientas para hacer cada vez más miserable su presencia. Y ahora apuesta a debilitarla equilibrando el número con su tecnología.

Si hace cuatro años se preguntaba si Ucrania podía ganar la guerra, la respuesta era posiblemente un “no”. Pero eso no significa que no tenga la capacidad para hacer que Rusia la pierda. La clave está en la paciencia estratégica y en dañar la yugular logística de Putin.

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